Xunta y concellos podrán limpiar la maleza de fincas sin orden judicial

La ley abre la puerta a expropiar parcelas sin desbrozar de dueños desconocidos


santiago / la voz

El pasado mes de octubre, en una jornada aciaga, las llamas cercaron e incluso destruyeron núcleos habitados en el sur de Galicia. Unos hechos trágicos que han obligado al Gobierno gallego a mover ficha para poner en práctica, cuánto antes, medidas que garanticen la seguridad de las personas en caso de incendio. La Xunta anunció el miércoles la introducción en la ley de acompañamiento de los presupuestos de una serie de modificaciones. El primer cambio legislativo, comunicado a la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp), establece que tanto la Administración autonómica como los concellos tendrán la posibilidad de ejecutar subsidiariamente la gestión de biomasa (limpieza de parcelas) sin necesidad de consentimiento expreso del propietario y sin autorización judicial. La excepción son los terrenos con edificaciones que tengan condición de domicilio. «Isto permitirá unha actuación máis áxil da administración á hora de manter limpos os montes e núcleos e que non haxa parcelas sen limpar por desidia dos propietarios», subrayó la conselleira de Medio Rural, Ánxeles Vázquez.

Con las modificaciones legales anunciadas el miércoles, las administraciones podrán ir incluso más allá y expropiar las parcelas de propietarios desconocidos cuando, ante incumplimientos reiterados de desbroce, los costes de las acciones de limpieza sean superiores al valor catastral del terreno. También podrá haber ejecuciones subsidiarias inmediatas de limpieza cuando concurran razones de riesgo. Ahora solo es posible cuando el incendio está declarado. Como medida cautelar, también se establece la incautación de madera de explotaciones ilegales. El dinero de su venta no irá al propietario del terreno, sino a un fondo de la Xunta para sufragar gastos.

En las medidas con las que la Xunta quiere implicar a los ayuntamientos se incluye la prohibición de plantar especies pirófitas como acacias, pinos o eucaliptos, en la totalidad de la franja de 50 metros de las redes secundarias. Sí se admiten, en cambio, especies caducifolias frondosas o frutales. La idea, según la Xunta, es hacer pasillos verdes de seguridad. Al término de la reunión, Alfredo García, presidente de la Fegamp, consideró positivo que se sienten las bases para un cambio, pero advirtió de que, más allá de las cuestiones económicas, para limpiar las fincas de propietarios desconocidos «requírese moito persoal, e non temos moito persoal». «Estamos tan interesados como os demais en que non se queimen as franxas de protección dos nosos veciños», recalcó García.

Por su parte, el vicepresidente Alfonso Rueda, que participó el miércoles en la reunión con la Fegamp y con Medio Rural, aseguró después, durante una visita a Soutomaior, que la Xunta intentará evaluar las solicitudes de ayudas para la reparación de los daños causados por los incendios «en el menor tiempo posible» con el objetivo de que los afectados puedan beneficiarse «cuanto antes».

Un investigado en A Fonsagrada por un incendio al prender fuego para espantar al jabalí

Agentes de la Policía Autonómica han esclarecido un incendio forestal registrado el pasado 16 de octubre en A Fonsagrada, por el que ha sido imputado, como presunto autor, un varón. El incendio tuvo lugar el lugar de Cabanas, en la parroquia de San Andrés de Logares, donde las llamas afectaron a una superficie de 7,5 hectáreas, de las que 4,5 eran de arbolado y tres de monte raso. El fuego se inició supuestamente cuando el investigado prendió fuego en una parcela al lado de una de su propiedad con la intención de espantar al jabalí que causaba daños en las fincas, así como para limpiar restos de matorrales, en un día en el que estaban totalmente prohibidas las quemas debido a las condiciones meteorológicas. En lo que va de año la Policía Autonómica ha investigado a 91 personas por delitos relacionados con incendios.

La localidad todavía sigue sin agua potable un mes después de los incendios

L. C. LLera

En medio de un bosque de esqueletos carbonizados, José Luis Vicente, de 76 años, serpentea su figura menuda tocada con un sombrero para protegerse del sol de O Condado. Camina con un transistor antiguo. Es su nexo con el exterior en medio de un paisaje carbonizado. «Aínda non teño teléfono fixo na casa», se lamenta. Logró salvar su vivienda de las llamas rociando todo con agua cuando el fuego amenazaba los pollos de su gallinero. El patio del colegio de As Neves ha comenzado a reverdecer, pero en el centro escolar continúa acotado lo que fue un campo de cenizas. «Los niños todavía no quieren jugar ahí», asegura la directora del centro, María del Carmen Saco. El fuego arrasó medio centenar de árboles del jardín escolar y dobló las persianas. Los daños en el centro educativo suman 12.000 euros, pero en el instituto han alcanzado los 40.000. El Ayuntamiento de As Neves ha habilitado un crédito especial de 100.000 euros para hacer frente a las necesidades más perentorias: reposición de alumbrado, de cierres, señales y otras infraestructuras. El municipio que ha sido declarado zona de emergencia por el Gobierno central, con un 90 % de su superficie afectada por las llamas y un 50 % de sus bosques quemados, intenta recobrar la normalidad. Pero todavía persisten muchas dificultades. El 40 % del municipio continúa sin suministro de agua potable. Las cenizas que inundaron el río hacen que el agua que se consume en el centro de la villa y en buena parte de las parroquias siga contaminada y se mantenga el reparto de botellas a domicilio.

«El sentido común nos pedía abandonar, pero el corazón decía que nos quedáramos»

t. taboada

Policías nacionales de Ourense, pero destinados en Madrid, están acostumbrados a situaciones complicadas, pero como la que vivieron hace un mes, ninguna. Ismael García (Ginebra, 1985) y Jonathan Yáñez (Castro Caldelas, 1986) estaban fuera de servicio, pero no dudaron en intervenir en el incendio de Abelenda das Penas, en Carballeda de Avia (Ourense), uno de los más violentos y que se cobró una vida humana. «Estaba de permiso y por la tarde ya se asomaba el fuego. Llegó un momento en que parecía que se aproximaba un tren envuelto en llamas descarrilando», relata Ismael. «Ismael me decía que la situación se complicaba y que el fuego estaba atacando al pueblo. No lo pensé dos veces. Cogí el coche y con otros dos amigos acudimos a la zona», explica Jonathan. «Éramos unos 20 vecinos apagando el fuego. Nos vimos en el medio del pueblo sin nada. Se acabó el agua de la traída y con cubos la cogíamos de los pozos y fuentes para intentar apagar el fuego. Íbamos con un paño en la boca porque nos faltaba respiración, y con los ojos cerrados porque no podíamos abrirlos debido al humo», relata Jonathan, que explica que la situación más desmoralizadora se produjo cuando la mujer de Marcelino alertó de la tragedia. «Marchou por aquela cancela, a caseta está ardendo e Marcelino está queimado», gritaba. A pesar de esta noticia, tenían que seguir luchando porque si no el fuego los quemaría a todos. «El sentido común nos decía que abandonáramos la zona, pero el corazón nos decía que nos quedáramos allí ayudando», concluye Ismael.

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