Agua para hoy, sed para mañana

La sequía agota manantiales que siempre rindieron y obliga en algunos puntos a abastecer con cisternas


negreira / la voz

Mario Barreiro es uno de los ganaderos de Negreira que ha tenido que apelar a la ayuda municipal para seguir adelante con la granja. Vive en Feáns, donde el agua ya no da para todos. Así que la cisterna del Concello viaja cada tres días para llenar el depósito de la aldea. Mario no se excede en la queja. Las cosas van como van. Ya se sabe que no corren los mejores tiempos para los ganaderos. Lo poco que ha llovido ha servido para que los prados luzcan verdes, incluso para acumular una buena cosecha de maíz, pero el agua... «Estamos ao límite. Hai fontes que non secaran en trinta anos e agora xa non dan nada». Es sequía sobre sequía. Y lo peor no es la falta de lluvia: «É que cada vez hai menos xente e chegará un momento no que ninguén irá limpar as fontes».

Mario expone la situación junto a la fuente del pueblo, por la que mana un hilillo de agua y por la que todo el mundo teme en la aldea: «Si seca, sería ya lo último», avisa José Luis, un vecino de 64 años. Pero con la escasez de lluvias algunos ya empiezan a pensar que es posible que se seque. En la parte de abajo están las casas que más problemas tienen con el agua. Elvira usa la del depósito para ducharse y poco más: «Para cociñar vou coller auga á casa duns veciños». La de beber, también. Porque tanto remover el fondo del depósito se nota en el sabor: «E para lavar a roupa vou a Negreira». Allí, el matrimonio tiene un piso al que van poco porque prefieren quedarse en la aldea. Pero en la villa, de momento, el agua no escasea.

Solución provisional

En Feáns saben que la solución de la cisterna es provisional: «Es agua para hoy y sed para mañana», comenta un vecino. Y tal y como están viniendo los últimos años no parece que la cosa vaya a cambiar. Mario insiste: «O peor é que cada vez hai menos xente».

A unos kilómetros de allí está Tuñas, otro de los núcleos que necesita ya la visita de la cisterna: «En 55 anos que teño non vin unha seca coma esta», dice Antonio Gorgal, un paisano que, pese a todo, dice que en su casa no falta el agua, que los problemas son para quienes tienen mucho ganado. Pero su hermana, Carmen, que vive con él, no está tan de acuerdo: «Auga había hai vinte anos». Nos lleva al lavadero cercano, donde cae otro hilo de agua que no da para lavar, y se refiere a los tiempos de abundancia, cuando se fregaba la loza de nueve comensales sin cerrar el grifo. Ahora toda el agua va a una baldeta y el grifo solo se abre lo imprescindible.

Nada de qué presumir

Con todo, la idea de quedarse sin agua no es nada de lo que se pueda presumir. En los núcleos que requieren el apoyo de la cisterna, muchos vecinos dicen que a ellos no les hace falta, que todavía les queda, que el manantial está bajo pero aguanta, y señalan otros pueblos que dicen que están más afectados: «Eu aínda teño, pero é verdade que non vira nunca o manancial tan baixo», comenta un señor que está recogiendo berzas en Vilar do Ordoeste: «Se non chove, non me chega a un mes». En realidad, las berzas no tienen mal aspecto, ni el nabal que tiene al lado, ni los prados que nos rodean. Todo parece correcto, pero la verdad es que, bajo nuestros pies, a gran profundidad, corre mucha menos agua, cada vez menos: «Cando abrimos a granxa, tivemos que baixar 30 metros para atopar a auga. Para o último pozo que fixemos, baixamos a cen metros», explica Mario, en su granja de Feáns. Tiene 43 vacas y dice que hace tiempo que dejó de ser rentable: «Dá para un soldo. Mantéñoa porque non teño que pagar créditos». Su negocio sale de otra granja: de visones, que es mucho más rentable. Mario insiste en que hay que cambiar el sistema; los recursos actuales ya no son suficientes. Son agua para hoy pero sed para mañana.

Pisando el fondo del pantano

Es un ejercicio que hoy en día está prácticamente al alcance de cualquiera: caminar por el fondo de un pantano. Entre Negreira y Brión discurre el embalse Barrié de la Maza, uno de los más antiguos de Galicia. Hace dos días estaba al 19 % de su capacidad, prácticamente la mitad que hace un año. No es difícil bajar al fondo y pisar sobre la tierra blanda y cuarteada, aunque conviene caminar con una cierta prudencia porque la humedad deja zonas menos firmes, en las que es fácil hundirse. Esa misma humedad que se fuga por las grietas, por las profundas arrugas del pantano, alimenta todavía plantas con aspecto submarino y otras que probablemente no lo son y han aprovechado las circunstancias para brotar en un lugar hasta no hace tanto inaccesible. Hay también árboles que no pueden sentir el aire que por fin los envuelve, porque están muertos.

Caminamos por la superficie, pero en realidad deberíamos estar a unos cinco metros de profundidad. De vez en cuando aparece alguna lata que alguien hundió en el embalse. Hay también mosquitos, muchos, que parecen en su salsa porque ya creen que están en una charca y no en un embalse. Eso es lo que se ve en el fondo del embalse que hoy es verde y pronto será solo pardo. Lo que se oye son los pájaros y el discurrir de los arroyos esclerotizados que aún tienen caudal para alimentar el pantano. También los pájaros, allá arriba. Y lo que se siente es desconcierto por estar en un lugar donde no deberíamos y, sobre todo, tristeza, mucha tristeza.

Galicia necesita 500 litros de lluvia durante varios meses para recobrar la normalidad

S. Acosta

La situación de sequía que vive Galicia no se arregla con la lluvia de un día, de dos ni de tres. Ni siquiera con lo que caiga durante una semana. Hacen falta meses para recuperar la situación de normalidad y que durante ese tiempo caigan cerca de 500 litros de agua. Para hacerse una idea, esa es la cantidad de lluvia que se registra normalmente entre noviembre y enero, los meses más lluviosos del año. El presidente de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil, Francisco Marín, ponía el pasado mes de septiembre el límite en esos 500 litros, pero ya entonces advertía de los peligros de que se registre esa cantidad en un solo mes. Una opinión que comparte el director de Augas de Galicia, Roberto Rodríguez, que indicó también que «se necesitan lluvias continuadas durante un período importante de tiempo» y planteaba la posibilidad de que, incluso lloviendo lo normal durante el otoño, «pudiera ser que no se llegara a la situación de normalidad».

Los incendios de mediados del mes pasado han empeorado la situación y ahora el peligro son las lluvias torrenciales, que pueden arrastrar la ceniza hasta los ríos y el mar, contaminando el agua y acabando con la producción de los bancos marisqueros. Sobre esta situación, Marín alertó el pasado martes de las graves consecuencias de que ahora se produzcan lluvias intensas. El problema ahora, dijo, ya no es solo la sequía que sigue afectando a toda la comunidad, sino también las lluvias torrenciales: «Casi es preferible que no llueva mucho, porque unas precipitaciones intensas darían lugar a arrastres debido al efecto de los incendios. Esta situación podría provocar restricciones, porque las plantas potabilizadores no están preparadas para hacer frente a una situación de estas características», explicó. «Mejor que orvalle», añadió, informa Xosé Carreira.

Lluvias hasta el sábado

La borrasca que está situada al oeste de Fisterra dejará durante toda la jornada chubascos intermitentes que aumentarán de intensidad a partir del mediodía y que pueden tener carácter tormentoso. Las precipitaciones de mañana tendrán un carácter más aislado y ocasional, aunque el sábado pueden producirse también chubascos tormentosos. A partir del domingo, Galicia vuelve a quedar bajo la influencia de las altas presiones, aunque a mediados de semana podrían regresar las lluvias.

Época clave para combatir la sequía

XAVIER FONSECA
Llucias en las capitales de provincia
Llucias en las capitales de provincia

El «November Rain» de Guns N'Roses esconde una realidad meteorológica, ya que el penúltimo mes del año suele ser muy húmedo

Uno de los temas más famosos del mítico grupo Guns N'Roses es November Rain, que nos recuerda que en la vida nada es para siempre, ni siquiera la fría lluvia de noviembre. La metáfora esconde una realidad meteorológica, el penúltimo mes del año suele ser muy húmedo. En Galicia noviembre marca el inicio de la época del año más lluviosa de la climatología. Esto significa que estamos ante el momento clave para combatir la sequía en nuestra comunidad. Cada día que pase sin precipitaciones la situación será un poco más preocupante. Si en los próximos dos meses no se recoge la cantidad de agua habitual, muchas zonas de Galicia entrarán en una situación de emergencia. Además de medidas que ya están vigor ahora como la prohibición del riego de las calles o jardines se adoptarían otras más extremas como reducir la intensidad con la que el agua sale del grifo. De esta forma, la sequía entraría en los hogares gallegos.

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