Gonzalo Caballero asume el liderazgo del PSdeG y llama a activarlo como un ejército

«Ninguén é imprescindible», resalta el nuevo secretario xeral para recuperar la unidad interna


santiago / la voz

El azar quiso que la proclamación de Gonzalo Caballero como nuevo secretario general del PSdeG-PSOE coincidiera en 28 de octubre, el mismo día en que se producía, hace 35 años, la primera victoria electoral del partido. El artífice de aquella gesta, Felipe González, es hoy una persona que suscita admiración y rechazo a partes iguales entre la tropa, lo que quizás explica que fuera reivindicado con la boca pequeña. A diferencia del expresidente Fernando González Laxe, que no pasó por alto la batalla de 1982, el nuevo líder de los socialistas gallegos prefirió tocar otras teclas emocionales para buscar la complicidad de la militancia, a la que pidió que actúe unida como una ejército para hacer posible el cambio político. «Somos un exército e, se se activa hoxe, ninguén poderá paralo», proclamó.

La ratificación del economista vigués como nuevo líder del PSdeG se produjo ayer ante el 13.º congreso nacional sin necesidad de votación, pues ya fue elegido directamente por la militancia mediante el voto en urnas en las primarias que tuvieron lugar el pasado día 8.

Ayer se trataba de instituir dicha elección y arropar al nuevo secretario general con la presencia de los dos expresidente socialistas de la Xunta, Emilio Pérez Touriño y Fernando González Laxe, con la presencia del secretario de organización federal, José Luis Ábalos, e incluso con el saludo de Josep Borrell, a quien Caballero se declaró siempre muy próximo, enviado a través de un vídeo grabado.

La responsabilidad del mando

Gonzalo Caballero cruzó el pasillo del cónclave socialista arropado por todas estas personas, pero también por Dolores Villarino, expresidenta del Parlamento gallego, a la que concedió los honores de intervenir ante un plenario que dedicó un generoso aplauso a los dos expresidentes de la Xunta y coreó varias veces el nombre de pila de Caballero.

El número uno del PSdeG se declaró muy tocado por «a vertixe da responsabilidade», pues confesó que desde que ganó las primarias no tuvo «nin un minuto» de tiempo para la alegría y la satisfacción al comprobar la tarea que ahora tiene por delante. «Este partido é a miña vida», manifestó Caballero, visiblemente emocionado, tras aludir a su padre, en su día candidato a la alcaldía de Ponteareas por el PSOE, que lo observaba desde la primera fila.

En su primera intervención ante el plenario, Caballero se limitó a reiterar su mensaje de renovación y fortalecimiento del partido, que complementó esta vez con una llamada a la unidad interna. «Todos somos necesarios», dijo. «Ninguén é imprescindible», añadió. Su compromiso es el de abrir una nueva etapa «todos xuntos». «Somos un exército para o cambio en Galicia», insistió.

Apoyo de Laxe y Touriño

Los dos expresidentes de la Xunta aprovecharon sus intervenciones para brindar toda su «colaboración» al nuevo líder orgánico. «Gonzalo, conta comigo», exclamó Laxe, tras lanzar una apuesta por la construcción de un proyecto socialista con vocación mayoritaria.

En la misma línea, Touriño declaró su lealtad a Caballero,  internas. Porque solo así -advirtió- se podrá recuperar el proyecto de cambio progresista, capaz de acabar «coas mentiras, os recortes e o clientelismo» que atribuyó al Partido Popular.

Ausencia de los dos últimos líderes que tuvo el partido

El PSdeG aprovechó la primera jornada del congreso para mostrar su vocación de convertirse en la fuerza hegemónica en el ámbito de la izquierda, de ahí que entre sus invitados e intervinientes se incluyeran desde representantes sindicales hasta dirigentes de varias asociaciones de la sociedad civil o incluso el alcalde de la localidad portuguesa de Caminha, en representación de los socialistas portugueses.

No obstante, casi igual de importantes fueron las ausencias que se registraron en las bancadas de los invitados. Empezando por la del alcalde de Vigo, Abel Caballero, tío del nuevo secretario general, y la de la presidencia de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva, y siguiendo por la de los dos últimos secretarios generales que tuvo el PSdeG: Pachi Vázquez y José Ramón Gómez Besteiro.

Gonzalo Caballero sí estuvo arropado, en cambio, por varios representantes de la ejecutiva federal del PSOE, empezando por el secretario de organización, José Luis Ábalos, quien brindó la «ayuda» de Ferraz y defendió la recuperación de las estructuras comarcales en el PSdeG.

La falta de integración, principal escollo del congreso

d.s.

La generalización de las elecciones primarias, con el amplio margen que la militancia concede al secretario general a la hora de confección su ejecutiva, desarbolaron en gran medida los congresos del Partido Socialista, privándolos del sabor de antaño. Pero la entronización de Gonzalo Caballero en el PSdeG se hizo sin perder de vista la vieja escuela y la tradición de los corrillos, órdagos y negociaciones de madrugada, hasta el punto de mantener vigente aquella frase tan mentada por los veteranos, de que «en un congreso del PSOE se sabe cómo se entra, pero nunca cómo se sale».

Y cierto es que, anoche, no estaba claro cómo iba a salir Caballero del cónclave de ratificación ni el grado de apoyo que iba a tener una ejecutiva, pues el nuevo líder llegó al congreso con las alforjas vacías, con todo sin atar y sin asumir ningún tipo de compromiso con las diferentes familias que integran el partido.

Lo único que anoche estaba claro de la futura dirección del PSdeG es el puesto del secretario general y su voluntad de convertir al abogado coruñés Pablo Arangüena en uno de sus vice secretarios generales y, a la vez, portavoz del partido. Incluso la posibilidad de que Xoaquín Fernández Leiceaga aceptara la oferta que le hizo Caballero para presidir el partido estaba anoche en el aire, pues quienes lo acompañaron en la aventura de las primarias no mostraron su conformidad con el papel marginal que, aparentemente, les asignó el nuevo secretario general.

La posibilidad de que Leiceaga renunciara a la presidencia, e incluso de que pusiera a disposición el cargo de portavoz en el Parlamento, cobraba anoche fuerza, mientras empezaba a circular una solución alternativa que situaba a Dolores Villarino como presidenta para la nueva etapa del PSdeG, corrigiendo así otro de los déficits que presentaba el esquema básico de la ejecutiva de Gonzalo Caballero, que es la de no contar con mujeres en puestos de mayor relevancia, pues para los principales cargos sonaban hombres. «Si mañana [por hoy] tenemos que hacerle una sentada al nuevo secretario general, se la haremos», advertía irritada una dirigente de la provincia de Pontevedra que lo apoyó en las primarias.

Y a la falta de entendimiento con sus aliados se añadía el que sigue siendo principal escollo del congreso, la falta de integración del sector que respaldó al perdedor de las primarias, el diputado Díaz Villoslada. Inicialmente, sus interlocutores buscaron a Caballero reclamando el 42 % de los puestos en los órganos de dirección, en consonancia con su resultado en las primarias, pero en el entorno del nuevo líder no tenían la más mínima intención de asumir semejante carga.

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