Galicia tendrá más incendios en primavera y otoño, según los expertos

Un estudio del 2008 sobre el cambio climático elaborado por la Xunta ya situaba en Pontevedra, Ourense y el interior de Lugo las zonas con más riesgo de sufrir fuegos


REdacción / La Voz

El cambio climático está aquí, no es una predicción a largo plazo: es una realidad y Galicia ya sufre sus efectos. Uno de ellos es la proliferación de incendios fuera de la temporada de verano, como se ha podido ver esta misma semana. Una situación que, lejos de convertirse en un hecho aislado, cada vez será más habitual.

El estudio Avaliación de evidencias de cambio climático mediante indicadores de risco de incendios, elaborado por la Consellería de Medio Ambiente en el 2008, junto con otros quince estudios de cien científicos expertos en cambio climático, ya predecía entonces que los incendios en Galicia serán más intensos e incontrolables, más numerosos, se iniciarán con mayor facilidad y su propagación será más rápida. Además, la temporada de fuegos irá aumentando y se prolongará desde marzo hasta octubre. Y como si fuera la hoja de ruta que los incendios de hace unos días han seguido, el estudio también concluye que el riesgo es mucho mayor para el sur y el este de Galicia, es decir, para las provincias de Pontevedra, Ourense y el interior de Lugo, mientras que para A Coruña y la costa de Lugo, será menor. Otro de los aspectos que anuncia similitudes con lo que ha pasado estos días es que los fuegos implicarán un mayor riesgo para las poblaciones y mayores dificultades en la extinción, lo que obligará a replantear estas políticas,

«Si hubiera un otoño normal no hubiera ardido el monte, el suelo estaría húmedo» Vicente Pérez Muñuzuri, profesor de la Facultad de Física de la Universidade de Santiago y experto en cambio climático, explica que el aumento tanto de la temperatura como de los períodos de sequía, además de la reducción de la disponibilidad hídrica y el incremento de la evaporación del suelo, aumentan el riesgo de sufrir fuegos: «Hace 30 o 40 años, los incendios solo se producían en verano, pero se están localizando a lo largo de todo el año, aunque más en primavera y en otoño», destaca.

Para Pérez Muñizuri, este año se ha producido el escenario perfecto: «Sequía prolongada, bosques muy secos, la regla de los tres treintas: más de 30 grados, vientos superiores a 30 kilómetros por hora y una humedad del 30 %. Solo hay que darse un paseo por los bosques. Están muy secos. Además, si arden, liberan mucho CO2 y empeora el cambio climático», asegura este físico que considera que debemos adaptarnos a esta nueva situación: «Hay que reducir las emisiones de CO2 en la industria, en los vehículos, y adaptarse. También la plantación de masas de árboles mixtos evita la rápida propagación de plagas e incendios: no arden lo mismo. Y, sobre todo, la limpieza y el desbroce de los montes, es fundamental. Sin eso, de poco sirve el resto», dice.

Más ganado en los montes

Sobre el tema de los desbroces, Rosa Mosquera, profesora de la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería de la USC, presidenta de la Federación Europea de Sistemas Agroforestales y miembro del panel de expertos de elaboración de estrategias sobre el cambio climático, aboga por que la ganadería extensiva regrese a los montes: «Desbrozar mecánicamente los montes en Galicia es inviable económicamente, pero mediante la introducción de ganado se consiguen limpiar los montes y además se mejora el producto cárnico, al proporcionar una alimentación más natural, sin el uso de transgénicos».

Mosquera considera que además de la incidencia del cambio climático en los incendios de Galicia por el aumento de la temperatura y las sequías, la comunidad tiene la particularidad de que el 70 % del terreno es forestal, lo que también incrementa el riesgo: «La solución contra los incendios es darle uso al territorio. Una de las principales lacras es la falta de uso. Dejamos que esa vegetación se acumule y eso es gasoil para el fuego», explica.

No se producen por tormentas

Para Gonzalo Míguez, profesor de física y doctor en Meteorología de la USC, la problemática de los incendios en Galicia no solo depende del clima: «No son naturales: en otros lugares del mundo se producen tormentas secas que provocan incendios, pero aquí no. Ahora, tampoco son normales las condiciones que se están dando en este mes. Las condiciones del domingo fueron anómalas. Pasó el huracán Ophelia tras varios meses de una sequía prolongada, con una humedad muy baja, por debajo del 20 % en algunos sitios, y eso hizo que, cuando se produjeron rachas de 80 kilómetros por hora, los incendios se fueran de madre. El cambio climático afecta porque, cuando los árboles están debilitados por falta de agua, son más susceptibles de recibir plagas y de arder», explica.

Además considera que «los incendios fuera de temporada están relacionados con el cambio climático, porque si hubiera un otoño normal no hubiera podido arder el monte, el suelo estaría húmedo. Pero la clave es el viento, es lo que hace que se conviertan en incontrolables, aunque también importan el calor y la baja humedad».

Los años más cálidos

Ana Casals, portavoz de Aemet, considera que el principal indicador del cambio climático es el aumento de temperatura: «Los últimos años son los más cálidos desde que hay registros y cada año supera al anterior. Por ejemplo, la temperatura media de este año entre el 1 de enero y el 30 de septiembre fue de 17,5 grados, mientras que la de los dos años más cálidos anteriores, el 2016 y el 2011, fue de 17,1 y 17 grados, respectivamente. Y encima octubre está siendo extremadamente cálido. Los 35 grados en Galicia del domingo pasado no fueron normales», explica, y aclara que «donde más bajó el índice de precipitaciones estandarizado fue en el oeste de Galicia y en zonas de Castilla León». Casals también apunta a los focos intencionados, porque las condiciones climáticas que provocaron los incendios se dieron en otras ocasiones y, en esos casos, no hubo fuegos de estas dimensiones: «En Galicia, los incendios dependen de más factores que el cambio climático», asegura.

Brigadistas, agentes forestales, bomberos y personal del 112 critican el «caos» del dispositivo

Representantes de los trabajadores del 112 Galicia, bomberos públicos y de los parques comarcales, brigadistas y agentes forestales han unido sus voces en contra de lo que consideran un «caos» en la gestión de las emergencias en la comunidad y, más concretamente, durante la ola de incendios del pasado fin de semana. En su opinión, el dispositivo gallego es «un conglomerado precario y desorganizado» que propició, por ejemplo, que el 112 sufriese un auténtico «colapso» porque en la mañana del domingo tan solo contaba con siete trabajadores. El presidente de la Plataforma de Bomberos Públicos de Galicia, Miguel Ucles, aseguró que incluso fueron rechazados algunos de sus ofrecimientos. «Quisimos hacer más y o no se nos permitió o se nos dijo que no hacía falta», afirmó. Espera que el resultado de la ola de incendios haga reflexionar a la Xunta y «recupere el servicio de manos privadas», al tiempo que refuta que, como afirma Medio Rural, este mes de octubre estén disponibles 5.600 efectivos para la lucha contra los incendios forestales. Josafat Puente, brigadista de Seaga, critica además que se sumen efectivos, como los de la UME, que realmente no están formados en extinción de fuegos, mientras que Rafael Cudeiro, agente forestal, reclama un «mando único y un único canal de comunicación» para evitar «un galimatías».

Fichados por la Guardia Civil evitaron el domingo que el puesto de Baiona ardiera

L. Penide

El cuartel de la Guardia Civil de Baiona pudo arder en el incendio del domingo si no llega a ser por la ayuda de los vecinos: «Tenemos que darles las gracias, pues no dudaron en ningún momento en ponerse con nosotros y con su ayuda se pudo salvar el cuartel», explicó el jefe del puesto principal de la Guardia Civil de Baiona, el teniente Félix Díaz Juan. Entre esas personas que echaron una mano, curiosamente se veía alguna gente que había sido detenida no hacía mucho tiempo. La situación alcanzó tal clímax que llegó a pensar que tendrían que evacuar, pero la lengua de fuego se desplazó a la zona de las Maclas.

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