Los portugueses dicen basta ante una ola de incendios que dejó 38 muertos en tres días

Critican al Gobierno de António Costa por no haber reaccionado tras la tragedia de Pedrógão


Lisboa / Corresponsal

Los más de quinientos incendios forestales que han arrasado al mismo tiempo las regiones del centro y el norte de Portugal, y que llevaron el fuego a las puertas de Galicia han sido la gota que colma el vaso de la paciencia de los portugueses. Las 38 víctimas mortales, junto a los siete desaparecidos, los 63 heridos (16 de ellos graves) y las decenas de localidades desalojadas y destruidas en el día con más fuegos forestales desde que hay registros han hecho revivir la tragedia de Pedrógão Grande, en la que perecieron 64 personas.

Porque cuatro meses después, y pese a un informe pericial que apuntaba con el dedo a la mala gestión política, la descoordinación y la falta de medios sobre el terreno, todo sigue igual. En la calle y en los cafés la gestión de los incendios es el tema recurrente de conversación. En un bar del centro de Lisboa, Luis Marques, uno de los clientes, manifestaba su malestar: «Lo que hay que buscar son soluciones apropiadas a este infierno de los incendios en Portugal, que ningún Gobierno ha solucionado».

El Ejecutivo de coalición de izquierda que encabeza el socialista António Costa está siendo muy criticado por la gestión de los fuegos en este año trágico, en el que se han quemado más de 300.000 hectáreas y han fallecido calcinadas por el fuego un centenar de personas. Los más duros con su gestión son los partidos de oposición de centroderecha, el PSD y el CDS-PP, que piden insistentemente la dimisión de la ministra de Administración Interna, Constança Urbano de Sousa. Pero ella reiteró ayer que no dimite. «Sería lo más fácil -dijo-, pero ¿ustedes creen que yéndome ahora el problema de los incendios se solucionaría?». A su entender, «Portugal tiene un problema estructural con los incendios».

Pero son cada vez más las voces en el país, entre ellas las de numerosos técnicos e ingenieros forestales, que consideran que el combate contra el fuego no debería estar en manos de la protección civil y de bomberos voluntarios, sin un plan de extinción coordinado sobre el terreno ni medios técnicos adecuados y suficientes.

A esas críticas -y al recado que le lanzó el presidente del país, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, desde la página oficial de la Presidencia, en la que recordó que «hay un deber moral y cívico de hacer un análisis urgente de lo que está pasando con los incendios»- quiso responder el primer ministro, que se dirigió al país en un mensaje televisado. António Costa afirmó que «no es tiempo de dimisiones, sino de soluciones», y anunció un Consejo de Ministros extraordinario el sábado para poner en marcha las recomendaciones de la comisión de Pedrógão: «Les garantizo que haremos todo lo posible para que nada igual se vuelva a repetir».

Los escasos 50 metros que separan las orillas del Miño en As Neves no frenaron el fuego de copas

El río más grande de Galicia no fue protección suficiente y de hecho está muy lejos de ser una muralla cuando el fuego está desatado

J. C.

En una de sus primeras intervenciones públicas al prenderse la crisis, el presidente de la Xunta buscó una explicación a la ola de siniestros, que centró en la lucha contra los incendiarios, contra las condiciones meteorológicas y contra los fuegos «que saltaron desde Portugal», cuestión que Feijoo le trasladó con malestar a la ministra de Medio Ambiente, García Tejerina, y que provocó numerosos comentarios en las redes sociales al entender que el político gallego estaba escurriendo el bulto. Pero ayer, además de solidarizarse con portugueses y asturianos, el jefe del Ejecutivo autonómico se limitó a ser descriptivo y a expresar su sorpresa por la violencia de unas llamas que superaron el Miño, el mejor cortafuegos posible.

Sin embargo, el río más grande de Galicia no fue protección suficiente y de hecho está muy lejos de ser una muralla cuando el fuego está desatado. En As Neves, por ejemplo, la distancia que hay entre orillas apenas alcanza los 50 metros en buena parte del trecho que linda, al otro lado de la raia, con Monçao. Separación suficiente si las llamas van por el suelo, pero un pequeño salto si lo que se está produciendo es el llamado fuego de copas, que avanza a gran velocidad por las partes altas de los árboles generando sus propias dinámicas de viento, de ahí que sea prácticamente imposible pararlo de forma directa. El antorcheo, como también se denomina este fenómeno alentado por el aire caliente, puede desplazar pavesas centenares de metros.

También en Ourense

En la provincia de Ourense, un incendio avanzó a través de los picos de Fontefría y la sierra de O Pisco (Portugal) hacia los concellos de Muíños y Lobios. Destruyó zonas emblemáticas del parque natural del Xurés y obligó a evacuar cinco aldeas, informa Maite Rodríguez.

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