La familia de Melón que lo perdió todo y otras desgarradoras historias de la ola de incendios en Galicia

Salir con lo puesto y dejar atrás una vida de recuerdos, de trabajo, a sus animales... Así narran varios vecinos como escaparon del fuego

Infierno en Melón: recogiendo los escombros de una vida Es uno de los parajes asolados por el fuego. Patricia y José perdieron su casa, recién reformada, en cuestión de minutos. Al lado, unas ruinas que hicieron de polvorín. Tuvieron que huir en plena noche con lo puesto y su niño de cuatro años

Redacción

La ola de incendios que desató el pánico en Galicia en los últimos días ha dejado cuatro familias rotas y un montón de familias a las que el fuego las ha dejado sin nada. Sin casa, sin coche, sin animales, sin medios para vivir y hasta sin nada que ponerse. Una vida de recuerdos, trabajo y esfuerzos devorados por las llamas sin control en segundos. El olor a humo, las cenizas y un paisaje completamente desolador es todo lo que queda en varias localidades de Galicia que vieron como el fuego lo arrasaba todo.

En esta situación se encuentra una familia de Melón, en la parroquia de Moces, compuesta por un matrimonio, un hijo de corta edad y una persona mayor dependiente que hace solo unos años había hecho una reforma integral de la vivienda. La casa con todos sus pertenencias, dos coches, un quad, un tractor y dos edificios fueron devorados por las llamas. No les queda nada.

El fuego les quitó todo

x. m. r.
Incendio forestal en Moces Varias casa quemadas

Una familia de Moces, en el término municipal de Melón, se queda sin nada tras arrasar los incendios su vivienda, un garaje y dos pajares de su propiedad

El panorama es desolador en la carretera que lleva a Moces (Melón): el monte está arrasado a ambos lados y por todos los lugares se ven columnas de humo que salen de un suelo que ya solo es ceniza, árboles calcinados y pequeños galpones o garajes aquí o allá que han sido pasto de las llamas, con alguna rarísima excepción. El movimiento de coches es notorio y dos personas con una furgoneta de Hidroeléctrica de Melón revisan el estado del tendido eléctrico. Antes de llegar al cruce que se desvía a Moces, uno de los pequeños pueblos de la parte alta de Melón, un garaje de ladrillo visto y uralita se antoja como la foto fija de la tragedia vivida en la madrugada del lunes: reventado por el fuego, aloja en su interior un tractor y los restos de un viejo carro. A su lado ha quedado parado para siempre un Peugeot 205.

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En Cervantes, donde el fuego puso en peligro durante muchas horas las viviendas de varias aldeas los vecinos dejaron sus casas con lo puesto. En el caso de Aurora García, de 83 años, y su marido, Fermín Amigo, de 90, residentes en Cela. La Guardia Civil llamó a su puerta y con los puesto, salieron de casa para pasar la noche en Doiras. «Trouxen o testamento e as escrituras por se me ardía a casa», asegura la mujer, que por suerte no perdió su casa.

«Levei comigo o testamento e as escrituras por se me ardía a casa»

T. Taboada

Aurora García y su marido, Fermín Amigo, fueron dos de los vecinos de la parroquia de Cela que tuvieron que ser desalojados

Aurora García, de 83 años, y su marido, Fermín Amigo, de 90, fueron dos de los vecinos de la parroquia de Cela, en el municipio lucense de Cervantes, que tuvieron que ser desalojados en la madrugada del lunes. Eran las dos de la madrugada y el fuego cercaba su vivienda. La posibilidad de que las llamas calcinaran su casa hizo actuar a los agentes del Seprona y de la Sección de Intervención Rápida de la Guardia Civil de Lugo.

Aurora tenía el pijama puesto, pero todavía no se había ido a la cama. Quien sí estaba en ella era su marido, que debido a sus problemas de movilidad y respiratorios se encontraba enchufado a la máquina del oxígeno. «Petaron na porta e era a Garda Civil. Os axentes dixéronme que tiñamos que fuxir da casa porque corriamos perigo. Sabíame moi mal deixar a miña casiña sola, pero non me quedou outra que sacar o pixama e axudarlle ao meu home a prepararse para marchar», explicaba el lunes la mujer en el bar de Doiras, situado en otra parroquia de Cervantes, donde pasaron la noche los más de treinta vecinos desalojados.

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La situación de Antonio González es bien distinta. Este vecino de O Pando, también en Cervantes, que aunque en un primer momento le aseguraron que las casas «estaban intactas». Pero al llegar vio como su casa estaba empezando a arder: «É que non tiñan auga», se lamenta. A su alrededor, todo es desolador todo está calcinado.

«Podía haber ouro que non puiden salvar nada» Los habitantes de O Pando arropan al vecino que perdió su casa por un incendio nunca antes visto en la zona

En una situación parecía se encuentra José Ángel Suárez, que vio como el fuego devoraba un alpendre con varios aperos y mataba a sus gallinas. «Fixen o que puiden», se lamenta.

José Ángel Suarez: «Fixen o que puiden» Con los ojos llorosos, el caldelano narra la impotencia que sintió al verse solo ante el avance de las llamas

No fue tarea fácil convencer a los habitantes de las aldeas a las que llegó el fuego de que debían ponerse a salvo y dejar atrás todo lo que tenían. Un matrimonio de Lobios se negó a abandonar su casa, a pesar de los avisos de las fuerzas del orden de que se quedaban allí bajo su responsabilidad. Aseguran que salieron del pueblo en coche, vigilando si el fuego llegaba o no a su vivienda.

Matrimonio de A Cela (Lobios) que no quería abandonar su casa Matrimonio de A Cela (Lobios) que no quería abandonar su casa
 

«Salí con el perro y lo puesto», asegura Koldo Barandiaran que vive en el lugar de Meder, en As Neves, uno de los concellos más afectados por las llamas donde aseguran que ha ardido el 90 % del territorio.

Koldo Barandiaran huyó con el perro y lo puesto El joven escapó de su casa en Meder tras los fuegos del domingo
 

Con angustia aún recuerda cómo huyeron con lo puesto Helena Buch, marido y sus tres hijos, cuando la casa de madera y el autobús en el que residían en Ponte Caldelas fueron alcanzados por las llamas. «Se non escapamos correndo cos nenos, morremos todos calcinados», asegura. «Non temos roupa, non temos colchóns... saímos co posto», añade, que además se queja de que allí nadie acudió a ayudarles. «Alí non veu ninguén, nós saímos solos da casa e non tivemos nin Garda Civil nin absolutamente ninguén que nos dixera por onde ir, que camiño era o máis seguro para non morrer no lume cos nenos. Saímos nós e punto», sentenciaba.

«Se non escapamos correndo cos nenos, morremos todos calcinados»

maría hermida
Noche de pánico en A Ínsua Noche de pánico en A Ínsua

Ella, su pareja y sus tres hijos pasaron la noche en la casa de cultura y ahora esperan a que el Concello los realoje

Helena Buch, con un hijo de siete meses pegado a su pecho, dormido en una mochila portabebés, otro correteando a su alrededor y un tercero dormido en el regazo del padre contaba ayer, con muchos nervios pero también con contundencia, lo que su familia vivió en las últimas 24 horas. Residen ellos o, mejor dicho, residían en la aldea de A Insua, en Ponte Caldelas. Su hogar se dividía entre una entrañable vivienda de madera y un antiguo autobús, un Barreiros del año 1939, reconvertido en hogar. Y se rodeaba de verde por los cuatro costados. Hasta el domingo, que la naturaleza se convirtió en pesadilla. Y ellos tuvieron que escapar de la ratonera en la que se había convertido su casa. Su relato empieza así: «Se non escapamos correndo cos nenos, morremos todos calcinados».

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Y no solo viviendas y fincas calcinó vorazmente el fuego. También negocios. como el de Salvador Fontán. «Era imposible entrar allí así que tuvimos que dejar que el fuego pasara y encontramos todo calcinado», asegura, y añade que los daños son incalculables. 

El fuego devora una nave de aluminios en As Neves

Luis Carlos Llera
«Os daños económicos son incalculables, quedou todo calcinado» Salvador Fontan relata la destrucción de su nave en As Neves

Las llamas a Salvaterra cruzaron por las copas de los árboles desde Portugal y desde allí se propagaron al municipio vecino

El fuego devoró una nave de aluminios en As Neves. Su propietario, Salvador Fontán, lamentó ayer los daños de valor «incalculable» que ha sufrido en las instalaciones. Las llamas llegaron a la factoría a las 14.30 horas del domingo. «Era imposible entrar allí así que tuvimos que dejar que el fuego pasara y encontramos todo calcinado».

Al lugar se desplazó entre otros vecinos de la zona Koldo Barandiarán, un vasco afincado en la parroquia de Meder, colindante con el Concello de As Neves. Señaló que el domingo por la mañana había visto humo pero no veía peligro en las inmediaciones de su vivienda, así que después de comer se dispuso a ver la televisión y de repente «sentí mucho más humo y vi que las llamas lo había cogido todo». Barandiarán se desplazó hacia la zona del campo de fútbol con cuatro vecinos intentando combatir las llamas pero «con elviento que pegaba no se podí hacer abolsutamente nada». Llegó la policía y les instó a que abandonasen la zona.«Salí con lo puesto y con el perro y me marché . En esta zona ha quedado todo carbonizado».

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