Michael O'Leary, un «showman» a los mandos de un avión con 131 millones de pasajeros

El consejero delegado de Ryanair siempre busca una imagen y un titular en cada una de sus intervenciones


Los años o el crecimiento de su empresa han moderado el show con el que Michael O’Leary (Kanturk, Cork 1961) acompañó la irrupción y expansión de Ryanair en el mercado aéreo. Bien podía presentarse en traje de baño rodeado de modelos en ropa interior y tocando el culo a las más cercanas, o vestido de torero para hacer que se hablase aún más y gratis de la empresa con la que se ha convertido en millonario y mueve 131 millones de pasajeros al año. Su fortuna se estima en 600 millones de euros y todas las ciudades con aeropuerto han tratado de captar su puesta en escena como anticipo de la llegada de sus aviones.

«Yo vuelo donde haya fútbol, mujeres y cerveza», dijo a La Voz al preguntarle si volaría algún día a Galicia.

Su histriónica exposición y la ansiedad por ganar titulares le ha llevado a sonoras meteduras de pata, como identificar la posible apertura de una aerolínea para gente de negocios con «putas y ron». O como cuando aseguró que la preocupación mundial por el cambio climático es «un absurdo completo». Pero como habla, y más que cualquier otro consejero delegado de una compañía aérea, puede decir una cosa y la contraria. Pese a jactarse de la preocupación medioambiental, llegó a asegurar que sus aviones habían rebajado a la mitad las emisiones de dióxido de carbono. Tuvo que retractarse.

Pero pese a sus ansias de figurar y su carcajada impostada -en realidad tiene mucho genio-, O’Leary no es un ocurrente de los negocios. Los observó tras acabar Económicas desde el germen de lo es la auditora KPMG. Allí aconsejó fiscalmente a Tony Ryan, director de Guinness Peat Aviation, quien lo fichó y envió a estudiar en Estados Unidos el modelo de negocio de bajo coste de Southwest Airlines. De esa experiencia obtuvo la idea de rebajar costes como fuese para ofrecer billetes baratos y, al mismo tiempo ascender él hasta la cúpula de Ryanair.

Gestor drástico, llegó a pedir castigos para los empleados de Air Lingus, antes participada por Ryanair, cuando por causa de una huelga hubo que cancelar 200 vuelos. Ahora él cancela 2.000, y lo zanja con un «nos liamos con las vacaciones de los pilotos».

Práctico al máximo, se ha hecho famoso por haberse hecho con una licencia de taxi en Dublín para moverse con celeridad por el carril taxi. Y como no para, nada mejor que los caballos para seguir viviendo con velocidad hasta en su tiempo libre. Ya tiene la copa del Gran National del 2016, pero él siempre quiere más.

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