La Xunta asume la tutela urgente del bebé de Ourense, que sigue ingresado en el CHUO, y le busca una familia de acogida

«El bebé respiraba, pero ya débil», dice la joven que lo sacó del contenedor

«De no ser por el indigente, el niño estaría muerto» Los vecinos que localizaron a un bebé en un contenedor de Ourense aseguran que nunca lo hubieran encontrado porque el pequeño no lloraba

OURENSE / LA VOZ

Las gestiones administrativas y jurídicas para que el bebé de Ourense encontrado en un contenedor no quede desamparado ya han comenzado de forma urgente. La Fiscalía de Menores, según se informó en un comunicado, abrió un expediente de protección del recién nacido para salvaguardar sus derechos.

El Ministerio Fiscal ha pedido a los servicios sociales del CHUO, donde permanece ingresado, que se les remita un informe sobre la «situación personal y el estado de salud» del menor. En este expediente, la Fiscalía también pide a la Policía Nacional que informe de las gestiones que están realizando para esclarecer los hechos. Con la documentación recibida, la Xunta puede asumir la tutela urgente del bebé. Fuentes de la Consellería de Política Social avanzaron a Efe que la Xunta pasará a asumir la tutela urgente del menor y la posterior búsqueda de una familia de acogida «en los próximos días», una vez que el niño tenga el alta hospitalaria tras confirmarse que su estado de salud es bueno.

La Xunta informó de que la prioridad será el acogimiento del menor para «garantizar inicialmente el derecho a iniciar su vida en el seno de una familia». Desde la Administración gallega habrá comunicación y colaboración con la policía para aportar los datos que sean necesarios para dar con la familia biológica del niño y, si esto se consigue, analizar la «desvinculación legal» de sus progenitores u otras alternativas.

¿Dónde está la madre?

De momento, además de los testimonios y muestras de sangre recogidos en el lugar donde apareció el bebé, la policía está comprobando el registro de embarazadas que pudieran estar esperando bebés con el tiempo de gestación del aparecido, de entre 36 y 37 semanas, precisaron fuentes policiales. En la tarde del suceso, la policía revisó los portales cercanos por si hubiese huellas o restos. Comprobarán si hay algún dato que coincida con residentes en la zona, revisarán grabaciones de cámaras en las calles próximas y recabarán más datos de los testigos. El trabajo policial, avanzan, será lento, pues las pruebas científicas necesitan su tiempo y existe la posibilidad de que la madre biológica no hubiese acudido a servicios médicos durante la gestación. Mientras sigue la investigación, la Xunta asumirá la tutela del menor como medida de protección más «adecuada» en este momento. Luego se le buscará una familia de acogida y, en función de los avances de las indagaciones y de las actuaciones, se podría llegar a la adopción del niño.

«El bebé respiraba, pero ya débil», dice la joven que lo sacó del contenedor

El bebé recién nacido rescatado de un contenedor de Ourense no lloraba ni nadie se hubiera percatado de que estaba allí de no ser por el indigente que rebuscaba en la basura. Así lo dice la chica que se metió dentro del contenedor para coger al niño, después del aviso del hombre. Saray Iglesias, vecina del barrio de O Vinteún, paseaba el domingo a primera hora de la tarde con su marido y con su hija por la calle Río Bibei cuando el indigente se dirigió a ellos. «¡Aquí hay un bebé, por favor, llamad a la policía!». La pareja se asomó y vio el cuerpecito del niño. Primero pensaron que podía estar muerto, pero mientras su marido llamaba a la policía, Saray Iglesias vio que el bebé, que estaba boca abajo, respiraba. «Diles que venga rápido una ambulancia, porque aún se puede salvar», apremió a su marido, mientras este hablaba con la comisaría.

Desde el cercano bar Abellás, adonde había ido el padre de Saray a tomar café, llegó Justa Rodríguez, que pidió a la joven que se metiese en el contenedor para coger al pequeño. La chica tenía algo de miedo por si tenía algo roto, pero Justa le dijo: «El bebé se saca de la basura, vivo o muerto, entero o roto». «Lo arropé y luego se juntó más gente», añade.

Vieron que el recién aún estaba unido por el cordón umbilical a la placenta. Goteaba algo de sangre y el niño estaba «bastante caliente», por lo que Saray estima que el parto debió haber ocurrido poco antes, a lo sumo hacía una hora, calcula. Pero el niño no lloraba. «De no ser por el indigente, el niño estaría muerto. Él es el héroe de todo esto porque nosotros no hubiéramos venido a mirar. No se escuchaba llanto, no se escuchaba nada. El bebé respiraba, pero ya bastante débil. Hasta que lo tocamos no reaccionó, estaba bastante fastidiadillo», recuerda Saray. Necesitaba calor cuanto antes, pues solo estaba cubierto por una manta de medio cuerpo para abajo.

Sandra Fernández, otra de las personas que fue testigo del rescate, fue corriendo a casa de su hija a pedirle que tirase una manta por la ventana. «Lo teníamos envuelto con el cordón apretado», explica. Entre las vecinas que acudieron estaba una matrona, que fue la que prestó los primeros auxilios al niño. Le ató y le pinzó el cordón umbilical, sin cortarlo. Luego aparecieron una enfermera jubilada y un bombero, entre otra gente. «La ambulancia llegó pronto, pero pareció una eternidad», añade Fernández.

Entre los vecinos había una mezcla de sentimientos: de alegría porque el bebé se salvó y de indignación porque lo hubieran tirado así, cuando lo podrían haber dejado en cualquier otro sitio donde lo cuidasen.

Mientras, el otro protagonista de la historia, el indigente, que es conocido en el barrio, no quiso felicitaciones. «Le intentamos invitar a algo pero él no quería. Prefiere quedar en el anonimato, pero de no ser por ese señor el bebé no viviría», resume Saray. La policía, que también lo conocía, quería interrogarle ayer para recabar más información. El hombre padece una demencia y se encuentra tutelado, señalaron las fuentes policiales.

 

El cordón umbilical se pinzó en la ambulancia y solo se cortó al llegar al hospital

En el caso del bebé ourensano, los vecinos detectaron que tenía todavía el cordón umbilical y la placenta. Enseguida bajaron al portal varios residentes del inmueble, entre ellos una matrona, que recomendó no tocar la placenta ni cortar el cordón. Lo que se hizo fue dejar la placenta en un punto más bajo que el bebé y esperar a que llegase la ambulancia. Una vez abrigado el niño, la matrona pinzó el cordón, pero nada más. Ni en la ambulancia lo cortaron; así trasladaron al niño al hospital.

Lo que se hizo de forma accidental en este caso se denomina parto lotus, y consiste precisamente en no tocar ni el cordón ni la placenta durante el tiempo que aguante la bolsa hasta que se desprenda sola, lo que puede tardar en ocurrir hasta diez días. El Real Colegio Británico de Obstetras y Ginecólogos desaconseja esta práctica, ya que la placenta en cuanto deja de tener circulación sanguínea se convierte en un tejido muerto y por tanto es fácil que genere infecciones.

Lo ideal, de uno a tres minutos

La OMS recomienda que transcurran entre uno y tres minutos del nacimiento antes de pinzar el cordón. En este tiempo, que se aprovecha para poner al bebé sobre la madre, la placenta sigue latiendo y enviando oxígeno al bebé, que duplica su aporte con la respiración (y ya no necesita ser forzada) y la circulación sanguínea. Además, proporciona al pequeño una reserva de hierro que le evitará sufrir anemia.

Si se espera mucho más de esos pocos minutos, se puede producir un exceso de glóbulos rojos en el niño que suele acabar en ictericia (que se da cuando hay un alto nivel de bilirrubina en la sangre, ya que la bilirrubina es una sustancia amarilla que el cuerpo produce cuando reemplaza los glóbulos rojos viejos). La ictericia es una dolencia normalmente inocua que deja al niño con un característico color amarillento y que se solventa ingiriendo líquidos y poniendo al niño bajo luz azul.

«Necesitamos encontrar familias dispuestas a acoger a bebés»

fina Ulloa

Algunos hogares están haciendo doblete para atender al incremento de casos

En el servicio de Familias Acolledoras de Cruz Roja, en el que se buscan hogares temporales para menores tutelados por la Xunta, están preocupados por un inusual número de derivaciones de bebés en un plazo corto de tiempo. Desde primavera han recibido siete, y los tres últimos han llegado en un plazo de quince días. «Estamos preocupados porque este perfil de menores, al igual que ocurre con los adolescentes, son siempre los más complicados para encontrar hogares de acogida. En el caso de los adolescentes, por esos prejuicios de la edad; y en el caso de los bebés porque, sobre todo si son muy pequeñitos y no pueden ir a la guardería, supone que al menos un miembro de la familia debe tener total disponibilidad. Y eso no es fácil de encontrar», señala la psicóloga del programa, Sonia López Seoane.

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