Bautista Álvarez, un actor decisivo en la articulación del nacionalismo en Galicia

Falleció este sábado en la residencia de Beariz, donde vivía con su hermana

Bautista Álvarez, en una imagen de archivo
Bautista Álvarez, en una imagen de archivo

En 1958, cuando un grupo francés colocaba cerca de Balaídos la primera piedra de una factoría que iba a transformar el tejido industrial del sur de Galicia, en el Centro Galego de Madrid preparaban los fastos para conmemorar el centenario del matrimonio entre Rosalía de Castro y Manuel Murguía. A aquel acto acudió Manuel Fraga, entonces delegado nacional de Asociaciones del Movimiento. Y evocando a Rosalía dijo que, gracias al invicto caudillo, en Galicia ya no había viudas de vivos ni muertos. «¡Claro, matástelas todas!», gritó un joven al fondo de la sala, antes de darse a la fuga.

Aquel veinteañero que interrumpió el discurso de Fraga era Bautista Álvarez, un dirigente nacionalista que nunca dudó en recurrir a la agitación social, si lo veía necesario, para que Galicia se autoorganizara en el plano político y sindical. Su actitud rebelde y combativa lo llevó a pasar por varias cárceles franquistas y lo arrastró fuera del primer Parlamento gallego, en 1982, por negarse a jurar la Constitución española junto a otros dos diputados del Bloque-PSG.

Pasó por varias cárceles franquistas y fue expulsado del Parlamento en 1982 por negarse a jurar la Constitución Bautista Goyel Álvarez Domínguez nació en 1933 en la aldea de Loucía, del concello ourensano de San Amaro, en el seno de una modesta familia labrega. Era el menor de tres hermanos. La vía que hallaron sus padres para darle estudios fue enviarlo con 14 años al Seminario de Ourense, donde descubrió publicaciones que la censura había pasado por alto. Al fin y al cabo, quién iba a sospechar de la Iglesia.

Allí trató a monseñor Araúxo, que más tarde sería obispo de Mondoñedo-Ferrol, y allí supo de Castelao y que Galicia había sometido a plebiscito un estatuto de autonomía en la República. La causa del nacionalismo lo ganó y se mudó a Madrid, donde estaba afincado su hermano Modesto, un pequeño industria, que tuvo que interceder por él varias veces para sacarlo de la cárcel.

«Pero si lo único que hizo es hablar gallego», sostienen que rogó en un ocasión Modesto a un policía, también oriundo de Galicia, para que lo soltara. «En gallego, hombre, claro: todos empiezan así», respondió con desdén.

Álvarez pertenecía al grupo Brais Pinto, fundado en Madrid en 1958, el mismo año del centenario del matrimonio de Rosalía, por jóvenes nacionalistas de izquierdas como Méndez Ferrín o Bernardino Graña. Muchos de ellos fundan en 1964 la Unión do Povo Galego (UPG), partido que está activo desde entonces y que patrocinó en 1982 el BNG, el instrumento que condujo al nacionalismo gallego hasta el Gobierno de la Xunta, las Cortes y el Parlamento Europeo.

Bautista Álvarez, con sus aciertos y errores, era la memoria viva del nacionalismo gallego. Sus «camaradas» -en la UPG se tratan así- lo lloraban ayer como a un padre. El que fue diputado del BNG durante cinco legislaturas consumió los últimos días de su vida recluido en la residencia de mayores de Beariz, donde también reside su hermana.

Hace tres meses sufrió un infarto en un supermercado y fue evacuado en helicóptero. La salud le flaqueaba a veces. Pero no la cabeza, porque escribía a diario. Este domingo, a las 18 horas, será despedido en el Centro de Interpretación do Castro de San Cibrao de Las (San Amaro).

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