El propietario de la casa okupada de Arteixo: «Pasamos varios días sin dormir: no nos dejaron ni las cortinas»

Tras el rápido desalojo de la vivienda, sus dueños han decidido tapiar todos los accesos por precaución


A coruña / La VOz

A grandes males, drásticos remedios. Eso pensaron los propietarios de la vivienda que estuvo cinco días ocupada en Meicende (Arteixo), una vez que consiguieron que sus inquilinos se marchasen de forma voluntaria. Tras soldar inmediatamente la entrada principal, solo un día después decidieron que no era suficiente y tapiaron con cemento las dos puertas que dan acceso a la casa.

«Es la única solución que encontramos ahora mismo. En el futuro tendremos que vivir en búnkeres para evitar este tipo de situaciones», comenta el yerno del legítimo propietario, que «está muy enfermo» y vive con su hija y el marido de esta. «No le hemos dicho nada. No le enseñamos los periódicos y los vecinos están avisados. Si se entera, le da algo. Es su casa de toda la vida. ¿Cómo le decimos que ha sido ocupada?», afirma su hija.

Desde que supo la noticia y se personó en la vivienda junto a la Guardia Civil, este matrimonio afirma haberse sentido «muy apoyado». «El alcalde, la policía y las trabajadoras sociales estuvieron siempre encima del caso. Es algo que hay que agradecerles», señala el matrimonio, que tiene un mal recuerdo de aquellas cinco jornadas que duró la ocupación -del sábado 26 al miércoles 30 de agosto-: «Estuvimos días sin dormir ni comer y tomando tranquilizantes. No podíamos entrar, pero sí pagar los impuestos, y teníamos que mantenerles el agua. ¿Qué clase de ley permite eso?».

El lunes, con la denuncia ya presentada ante la Guardia Civil, contrataron un abogado que se encargó de los trámites.

Pese a que, finalmente, la okupa desistió ante la insistencia de los Servicios Sociales de Arteixo, «la broma costó más de 2.000 euros». «Es muy triste. Mientras no se modifique la ley para favorecer al propietario, y no al okupa, nada cambiará», afirma el hombre.

El matrimonio también lamenta no haber actuado antes, ya que la semana previa al allanamiento habían sufrido un robo. «Creemos que fueron los mismos. Se llevaron de todo, desde muebles a maquinaria de mi marido. Y los okupas también. Un piso lo vaciaron casi por completo: no nos dejaron ni las cortinas», señala la hija del propietario, que se crio en esta casa.

Ahora, aseguran, se ha instaurado una psicosis colectiva en el barrio. «Pueden entrar en cualquier casa. Siguen viviendo en Meicende y los vecinos están asustados», aseguran.

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