Dumbría mira al rural con otros ojos

Este pequeño concello coruñés marca tendencia en la recuperación de sus aldeas con vistas a generar actividad

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cee / la voz

El nombre de Dumbría (3.085 habitantes) le dirá poco si lee desde fuera de la Costa da Morte. Quizás bastante más la cascada de O Ézaro y las ya célebres ascensiones a su mirador durante la Vuelta a España. Pero este pequeño concello coruñés es bastante más que la espectacular desembocadura del Xallas directamente sobre el mar. Se trata de un municipio eminentemente interior, rural y ganadero, que lleva años utilizando estos valores propios como forma de recuperar sus núcleos y orientarlos a la generación de actividad económica y, en último término, empleo.

El punto de inflexión lo marcó la construcción del albergue público de peregrinos en Olveiroa, al abrigo del Camino de Fisterra, y, a partir de ahí, llegaron actuaciones en las otras parroquias: por supuesto O Ézaro, pero también Buxantes, Berdeogas, Olveira... que rompen con el concepto de actuaciones típicas en el área rural de la zona, que no suelen ir mucho más allá de poner unos tubos de desagüe, pavimentar lo que antes eran lameiras y desbrozar la maleza. En Dumbría se iluminan los hórreos, las iglesias; se les da un papel protagonista a los cruceiros, proliferan las jardineras y los árboles ornamentales, cada parroquia tiene su Casa da Cultura, las lápidas del cementerio municipal son de colores, los pavimentos, empedrados en muchos casos, y los carteles de los núcleos, grandes letreros de diseño en acero o césped artificial que le dan identidad a los lugares.

El regidor, José Manuel Pequeño, alcalde del PSOE casi desde que se restauró la democracia, ni siquiera presenta programa electoral. Lo último ha sido una caja con recreaciones virtuales de proyectos a ocho años vista, con aspecto más propio de un recopilatorio musical de los Rolling Stones que de una propuesta política. «Nós firmamos un contrato coa xente e mostrámosllo con imaxes para que o poidan ver e despois dicir se o cumprimos ou non», dice Pequeño, cuyas propuestas son tachadas de disparate de cara a la galería en más de una ocasión. «Si ho, un bulevar no medio de Olveira para que pasen por el as vacas e as cisternas de purín», decían los críticos sobre una de las últimas obras que todavía está acabando de coger forma. Pero lo cierto es que, al final -también con algún pequeño fracaso que de todo hay- sus ideas siempre acaban teniendo reconocimiento dentro y fuera de la localidad.

Además, hay una característica común a todos los proyectos, que es el concepto de unidad y continuidad. Por ejemplo, ahora en Berdeogas se acaba de habilitar una nueva zona ajardinada con área de servicio para caravanas, pero está conectada con la playa ya existente, un paseo hasta la Carballeira da Lúa, el entorno de la iglesia...

La pregunta es si todo esto sirve para algo. Las grandes cifras dirían que no porque el municipio sigue perdiendo población como el resto de la zona, pero solo hay que ver la cantidad de negocios nuevos que proliferan en los lugares intervenidos para ver que da un rendimiento más allá de lo puramente ornamental.

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