Una aplicación móvil permitirá colaborar con el proyecto de recogida de microtoponimia


Redacción / La Voz

«A tecnoloxía estanos axudando moito», explica el secretario xeral de Política Lingüística, Valentín García. Antes había que utilizar planos complicados, con diferentes mallas. O una fotografía aérea y muchas horas caminando con los vecinos para situar en esa imagen cada uno de los topónimos, que después se enviaban a una oficina, encargada de georreferenciarlos. De colocarlos en el sitio exacto. Ahora será casi tan sencillo como mandar una ubicación de WhatsApp. Porque Vicepresidencia, Política Lingüística, la Real Academia Galega, el Instituto de Estudos do Territorio y la Amtega están colaborando en la puesta en marcha de una aplicación móvil colaborativa que permita avanzar en la recogida de toda esa microtoponimia en peligro de desaparición.

¿Cómo? Con la tecnología GPS. «Agora imos ter ducias de colaboradores», afirma García. Cada microtopónimo, cada prado, cada monte, cada piedra, recuperará su nombre gracias a una aplicación móvil que esperan poner en funcionamiento este mismo año. Los escolares de los centros de enseñanza, las asociaciones de vecinos, las entidades culturales... todos podrán colaborar. «Hai xente que ten esa inquedanza e toda esa xente pretendemos convertela en colaboradores directos» a través del móvil, la tableta o el ordenador.

¿Avances? La fiabilidad. Si la Comisión de Toponimia podía hasta ahora dudar de un topónimo porque etimológicamente no es correcto, lo que no podían discutir era si la georreferencia era la correcta. Ahora es imposible falsearla, porque el dispositivo se encarga automáticamente de marcar el lugar exacto en el que uno se ubica.

Quien quiera participar deberá hacerse un perfil de usuario en el que se establezca dónde se está realizado la recogida de microtoponimia y quién la está recogiendo -si es un Ayuntamiento, una asociación, un centro escolar...-, así como un responsable del trabajo para reforzar la fiabilidad de los datos.

«Nós podemos validar lingüísticamente eses topónimos», explica Vicente Feijoo, responsable del proyecto de Toponimia de Galicia. Pero si el topónimo está bien ubicado o no, deben decirlo los propios vecinos. Así que si el sistema anterior consistía en ir allí y contrastarlo con ellos, ahora se podrán crear foros en los que sean los propios habitantes de la zona los que validen si la información es correcta.

Para introducir el topónimo en el sistema hay que aportar la información geográfica, obviamente -concello, parroquia, aldea-, la tipología (si es una finca, un monte, un molino, un cruceiro...) y cómo se pronuncia, así como añadir alguna anécdota o leyenda relacionada con el topónimo en cuestión. Porque con el nombre desaparece también la tradición oral. Y si no se hubiese recogido la historia de la Pedra de Anamán y de ese Robin Hood gallego que existió en A Limia, o de la Cova dos Mouros, o de A Pedra que Fala, o de A Cova da Serpe, ese tótem galaico, ya se habrían perdido para siempre. El trabajo urge, porque muchas de esas historias solo están en las cabezas de los que ya peinan canas.

Esas historias podrán incorporarse a la ficha, al igual que documentos gráficos si es un elemento de valor cultural, como una iglesia, un peto de ánimas o un cruceiro. ¿Y después? Una vez validado por los vecinos, toda esa información llega a la Comisión de Toponimia. Y empieza el trabajo lingüístico. Una vez validado en la comisión, aparecerá en el sistema.

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