Anna Nicolás: «La okupación de casas de personas mayores ha crecido muchísimo»

Advierte que con la actual ley «la policía no puede llevarse a los secuestradores de pisos, pues sería una detención ilegal»


vigo / la voz

Por sus manos han pasado decenas de casos de familias afectadas por el secuestro de sus viviendas y por eso el Congreso de los Diputados ha pedido a Anna Nicolás su concurso para que les exponga cómo cree que se puede reforzar a los ciudadanos frente las «mafias okupas». Mientras no cambia la ley, se adoptan mecanismos para devolver las viviendas a sus propietarios con más celeridad y se dota a los juzgados de más medios para llevar a cabo los desalojos, mantiene que lo más efectivo es negociar con el okupa, «porque la respuesta de la Administración ante la okupación es nula».

-¿Por qué siguen repuntando las okupaciones de viviendas y llega con intensidad a zonas que antes se salvaban como Galicia?

-El precio de la vivienda de alquiler, sobre todo, está ya por encima del que tenía antes de explotar la crisis inmobiliaria. La gente se tiene que ir de las grandes ciudades por esos precios y el acceso a la vivienda para personas con grandes necesidades todavía es más difícil, y por eso la okupación se va también a zonas como Galicia, donde antes no era tan común.

-Entonces, ¿no se ha aprendido nada de la crisis?

-Parece que todo se ha arreglado, que empieza a haber grúas, que esto crece, pero la situación de la gente es la misma o más difícil aún con los precios de ahora.

-¿Ve cierta permisividad o condescendencia con la okupación?

-No creo que sea condescendencia. El problema es que con la legislación actual no se puede hacer otra cosa, la policía no puede llevarse a la gente, sería una detención ilegal. Y, a mayores, los juzgados están colapsados.

-Y desde la política, ¿hay esa comprensión?

-Podemos, la CUP y partidos similares se te echan encima cuando pides apoyo frente a la okupación, porque va contra su imagen. Pero ellos mezclan y no todas las okupaciones son iguales.

-Usted dijo en el Congreso que percibe que en ocasiones se aplaude que se le okupe a una familia su casa de la playa.

-Sí, sí. Pues que digan: solo se puede tener una casa. Penalizan que hayas comprado una segunda con todo tu esfuerzo. Y eso no quita que haya personas con muchas necesidades, pero eso no lo tiene que pagar el que ha seguido las normas y crece con todo su esfuerzo. Y la propiedad privada es un derecho. El problema de la segunda residencia es que como están más tiempo vacías el riesgo de que la okupen es mayor. Y si te la okupan ya no puedes hacer nada, y eso no hay quien lo entienda. Es una pesadilla sufrirlo.

-A los diputados les contó un caso que lleva usted de una persona mayor que quería pagarse la residencia con el alquiler de su casa, pero se la okuparon.

-Ocurre con mucha frecuencia. Gente mayor que se queda viuda y se va a una residencia o a vivir con un hijo. Tienen su casa, amueblada, con todos los suministros dados de alta y la ponen en alquiler. Y esas casas de las personas mayores son un caramelo para un okupa, y cuando entran ahí, tiran de luz, de agua y gas que no pagan y están a nombre del propietario. Las compañías después cortan el suministro, y persiguen al propietario por impago, o al vecino al que se le han enganchado después a su luz o agua, lo mismo por fraude. Es todo rocambolesco. Y las compañías no están por facilitar nada, ni a gente sencilla que no tiene más que esa vivienda.

-¿Nota que cada vez se okupan más casas de gente mayor?

-Sí, sí, claro que hay más, crece muchísimo. He visto también hasta casos de gente que con todo su esfuerzo compra un piso, y entre que le dan las llaves y los papeles, se la okuparon. No tuvieron tiempo ni de hacer la mudanza. Y no se puede hacer nada, porque la respuesta de la Administración es nula. El derecho a la vivienda digna está por encima de la propiedad privada. Es así.

-¿Qué tipología de afectados se encuentra?

-De todo, pero cada vez es más común el que necesita una casa más grande y opta por alquilar otra y hace lo mismo con la suya para cubrir el gasto. Y los okupas entran y echan abajo el plan.

-¿Y de okupas?

-También hay de todo. Hay gente con mucha necesidad, desalojos donde el albañil que iba a tapiar sale llorando de lo que ve. Pero he visto desalojados que se van en coches caros, o con un iPhone en la mano que yo no tengo.

«La negociación suele ser lo más efectivo, recurrir a matones es ilícito»

Pese a ser abogada, responde con rapidez que lo más efectivo para deshacerse de un okupa es negociar con él, pero con mucha mano izquierda. Echar mano de matones no lo recomienda.

-¿Cuál es la medida más efectiva para deshacerse de un okupa?

-Primero, modificar la ley, pero cuando se haga y se propicie el desalojo más rápido nos encontraremos que quien lo tiene que ejecutar es el juzgado, y su colapso es tremendo. Yo tengo casos ahora que me dan cita para desalojar en febrero del 2018. El mal endémico del sistema judicial no sé si podrá asumir que se modifique la ley contra las okupaciones. Por eso lo mejor es la prevención.

-¿Y cómo prevenir?

-Hay muchos propietarios que ya no ponen el cartel de alquiler o venta, porque son una pista. Yo recomiendo a los propietarios que vayan periódicamente a la casa y muevan persianas, ventanas, vacíen el buzón o pongan y quiten banderas si hace falta. Que hagan ver que ahí vive alguien

-¿Dan resultados esas técnicas?

-Hay que cruzar los dedos. Una de las técnicas de los okupas es poner palillos en las ranuras de las puertas, y si durante quince días el palillo sigue ahí, significa que la puerta no se ha abierto y la okupación es fácil. Y lo que sí recomiendo en el caso de las viviendas que no se van a usar es tapiarlas directamente, porque si entran y hay algún accidente dentro, el responsable es el dueño.

-¿Y cómo recuperar una vivienda okupada?

-La negociación con el okupante, con mano izquierda, suele ser lo más efectivo.

-¿Recurrir a empresas de matones entraña peligros?

-Yo no puedo recomendar a un cliente que contrate a una gente que le va a partir las piernas a otra persona. Pero hay gente muy desesperada que está dispuesta a cualquier cosa para recuperar su casa. Pero es ilegal, conste.

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