Vázquez Taín: «No toda bofetada es violencia, depende de la situación»

El magistrado advierte que muchos padres están «indefensos» ante sus hijos porque se creen intocables

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santiago / la voz

Como magistrado titular del Juzgado de lo Penal número 2 de A Coruña, no es la primera vez que José Antonio Vázquez Taín (A Merca, 1968) se enfrenta a la denuncia de un menor a uno de sus progenitores. En el reciente caso de la madre de A Coruña, decidió absolverla porque tuvo claro que la mujer actuó proporcionadamente al abofetear a su hijo, que, tras negarse a poner el desayuno en la mesa, estampó su carísimo teléfono móvil contra el suelo. Advierte que muchos padres están «indefensos» y que «las denuncias de menores a padres o profesores son cada vez más habituales porque los menores se comentan entre ellos en las redes sociales que cualquier castigo físico puede considerarse un delito y que pueden denunciarlo, como pasó en este caso».

-¿Le costó mucho tomar la decisión de absolver a la mujer por darle una bofetada a su hijo?

-Lo que me costó fue darle forma. El sentido común te impone una decisión, pero los jueces tenemos que aplicar la legislación vigente nos guste o no nos guste. No ha sido una interpretación original, pero sí realizada desde la sensatez. La ley tiene que ser lógica, porque de otra manera no es ley. Si los padres tienen la obligación de educar a los hijos, tienen que tener alguna herramienta para hacerlo. Eso sí, siempre de forma proporcionada, correcta y sin provocar lesiones. En este caso no las había y la propia Fiscalía reconocía que había existido provocación por parte del menor.

-¿Habría que reformar entonces el Código Penal?

-Sí, pero el problema es que ningún partido político lo va a querer hacer porque resta votos. Es mucho más bonito decir que se está protegiendo a la juventud porque se elimina cualquier tipo de violencia. Alguno piensa que si regula situaciones utópicas la utopía se va a crear, pero no. Hay que regular situaciones reales para que se cree la utopía, y eso es lo que los legisladores no son capaces de ver.

-¿Tienen algunos menores la creencia de que son intocables?

-Absolutamente, y es que se les ha transmitido ese mensaje. El legislador debería transmitirles el mensaje de que están protegidos ante cualquier abuso, pero que también tienen responsabilidades. Y ahí es donde tenemos que encontrar una interpretación de la ley que sea correcta, que exija a los padres los deberes de educación, alimentación, cuidado y amparo, pero que también les permita tener la facultad y las herramientas necesarias para poder corregir al niño.

-¿Toda bofetada es violencia?

-No, claro que no. No toda bofetada es violencia familiar, porque todo depende de la situación. Toda bofetada es un castigo corporal y, por lo tanto, tiene que estar restringida a determinadas circunstancias muy especiales. Es tan absurdo, y ahí es donde más duele, que si yo hubiese condenado a esta señora su hijo no podría verla en un plazo mínimo de entre seis meses y un año. Vamos, que para proteger al niño lo echamos a la calle o se tiene que ir a una casa de acogida. Esto, evidentemente, no puede ser. Recordemos una sentencia en Pontevedra, donde una señora sordomuda fue condenada por darle una bofetada a su hija a una medida de alejamiento y la propia sentencia pedía el indulto. En este caso, habiendo interpretaciones de algunas audiencias provinciales en el sentido que he fallado, había que dar un paso más y no condenar y pedir el indulto, sino absolver a la madre.

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a. mahía/ s. carreira
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La misma bofetada de un padre a un hijo puede ser condenada por un juez e indultada por otro. La legislación nunca ha sido precisa a la hora de establecer dónde está la frontera entre un cachete que ha de ser castigado y otro que no merece reproche. Así las cosas, la respuesta jurídica ante una agresión a un menor se deja a criterio de los juzgadores. La condena o la absolución depende de las circunstancias de cada caso. El 63 % de los padres, según una encuesta del INE, y muchos profesionales y juristas defienden la eficacia de un cachete en el momento justo y con la intensidad adecuada. Otros no, y algunos con matices. 

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