Una España en la que nadie se fía de nadie

La falta de confianza entre fuerzas políticas impide la estabilidad del Gobierno, pero también que se forme una alternativa


Madrid / La Voz

A pocos días de que el país cierre por vacaciones, España está inmersa en una grave parálisis política que impide afrontar con garantías los principales retos que aguardan al país. La economía mejora, eso prácticamente nadie lo discute, pero la incertidumbre política sigue siendo máxima y nadie es capaz de avanzar lo que va a ocurrir a muy corto plazo. Ni en Cataluña, donde todo se reduce a que unos digan que no se va a celebrar un referendo independentista pase lo que pase, y otros que se va a celebrar a toda costa, ni en lo que afecta a las reformas pendientes, y ni siquiera en lo que concierne a la continuidad y estabilidad del Gobierno o a la convocatoria de elecciones. Y ello es así porque, pese a que los números políticos darían para conformar un Ejecutivo estable o, al revés, para hacer caer a ese Gobierno, la parálisis se debe fundamentalmente a que nadie se fía de nadie.

El Gobierno de Rajoy, por ejemplo, no se fía en absoluto de sus teóricamente socios de referencia de Ciudadanos. Y, por ello, después de episodios como el del decreto de la estiba, en el que los naranjas lo dejaron tirado, el Ejecutivo, se muestra incapaz de llevar un solo proyecto de ley al Parlamento por el pánico a ser humillado. Y no se fía tampoco Albert Rivera de que Rajoy, por más que lo niegue, le pueda sorprender con un adelanto electoral con el objetivo de recuperar todo el voto del PP fugado a Ciudadanos. Y por ello, los naranjas guardan las distancias y no se comprometen a un pacto firme con el PP que dé más estabilidad. Pero es que tampoco en la oposición se fía nadie de nadie. Y eso permite a Rajoy seguir al timón con una clara mayoría del Parlamento en contra. No se fía Pedro Sánchez de los cantos de sirena lanzados por Pablo Iglesias para acelerar un acuerdo entre el PSOE y Podemos para formar una alternativa clara de izquierda contra el Gobierno. La experiencia de la pasada y fallida legislatura, en la que Podemos le animó a tirarse a la piscina para luego retirarle el agua, ha dejado en Sánchez un enorme poso de desconfianza hacia Iglesias, por más que le necesite. Y de ahí que se lo tome con mucha calma. Y tampoco se fía Podemos de la sinceridad de ese sobrevenido izquierdismo casi nacionalista de Sánchez. Sospecha Iglesias que lo que quiere el líder del PSOE es dejarle sin espacio político y que, en realidad, no tiene intención alguna de acabar lanzando un órdago en forma de moción de censura contra Rajoy.

Ni tampoco se fía Carles Puigdemont de Oriol Junqueras. Sospecha que el de ERC está más interesado en hacerle la cama a la espera de las elecciones que en el referendo. Ni se fían los independentistas de que la defensa del derecho a decidir de Podemos sea sincera, y por eso no saben si están en mayoría o en minoría. No se fía Pablo Iglesias de casi nadie en su propio partido y en sus confluencias. Ni de Íñigo Errejón, ni de Compromís, ni de Colau, y tampoco de Beiras. Y la palma se la lleva En Marea, en la que nadie se fía de nadie y todos ven puñales a su espalda.

Y claro, en esa situación, los españoles se van a la playa sin tener en absoluto claro qué se encontrarán a su regreso. Si habrá Gobierno, si habrá referendo o si habrá moción de censura.

Arrecia la campaña de imagen en favor de Errejón

Después de unos meses congelado a la espera de conocer si seguía siendo una alternativa utilizable o estaba definitivamente acabado como opción de futuro, arrecia en los medios, apoyada por los partidos que desean un Podemos más moderado, la campaña en favor de Íñigo Errejón. Al ex número dos de Iglesias no se le ve interesado ya en plantar cara al líder y se conforma con el premio de consolación que supondría ser el candidato de Podemos, y con posibilidades, a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Lo que Errejón y sus promotores parecen desconocer es que cuanta más campaña a su favor hagan los medios que son críticos con Podemos, menos opciones tendrá de ser el líder del partido.

El plan para Cataluña de Sánchez, sin pena ni gloria

Pedro Sánchez es consciente de que el PSOE necesita recuperar terreno en Cataluña si pretende algún día ganar las elecciones generales o alcanzar un porcentaje de votos suficiente para convertirse en presidente del Gobierno. El problema es que su estrategia de equidistancia entre el Ejecutivo y los independentistas corre el riesgo de conseguir lo contrario y dejarle en tierra de nadie. El movimiento táctico de Carles Puigdemont al blindar su Gobierno con radicales y prescindir de los tibios hundió la presentación de la Declaración de Barcelona con la que el PSOE trataba de tomar la iniciativa. Las recetas de Sánchez y de Miquel Iceta pasaron sin pena ni gloria ante el huracán de la purga.

En Marea logra confundir incluso a sus propios aliados

Es posible que ya ni siquiera en Galicia sea fácil seguir el guion de lo que está ocurriendo con En Marea. Tal es la sucesión de bandazos, alianzas, traiciones y desencuentros entre los principales grupúsculos del partido instrumental. Pero lo que es seguro es que fuera de Galicia a la gran mayoría le resulta imposible seguir esa película. La confusión es total incluso entre los supuestos partidarios de la formación gallega, de manera que se necesita un manual para saber por ejemplo en quién se apoya Luís Villares para conseguir sacar adelante sus propuestas o para saber si hoy toca que Beiras esté con él o contra él. Ese caos político interno, ya conocido en otras épocas, no conduce a nada bueno.

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