Concellos gallegos desafían al eucalipto con una apuesta por el bosque atlántico

Priman la plantación de frondosas autóctonas para revalorizar el monte y evitar incendios

Los concellos hacen stop al eucalipto No quieren que lo sucedido en Portugal se repita en sus montes. Ayuntamientos y particulares están reforestando sus bosques con castaños y robles

redacción / la voz

El paso de los meses se empieza a notar en los castaños plantados en el invierno. Tenían un metro y medio de altura cuando los trasplantaron. Ahora, algunos superan con holgura los dos metros. Los vecinos de las 23 fincas de la parroquia de Piñeiro, en Ames, saben que su crecimiento no será igual de veloz que el de los eucaliptos, pero se sienten más seguros en compañía de estos árboles caducifolios, autóctonos del bosque gallego y más difíciles de quemar que los importados de Australia. Mientras Sober, Folgoso do Courel, Pantón y O Grove han optado por vetos o declaraciones simbólicas contra la proliferación del eucalipto, en esta localidad colindante con Santiago han dispuesto financiación de las arcas municipales para repoblar su masa forestal. «O concello asume o 80 % do custo», indica Javier García Guldrís, el concejal de Medio Ambiente.

Se trata de un proyecto que todavía está brotando: han identificado 59 franjas de actuación, zonas urbanas con monte a menos de 400 metros, y van por las dos primeras. En Piñeiro quieren limpiar un total de 37 fincas. Terrenos privados en los que llegaron a acuerdos con los propietarios. «Están satisfeitos -afirma el edil de la corporación dirigida por el socialista José Miñones- plantamos 650 frondosas en 10.100 metros cadrados que quedaron liberados de especies pirófitas». Aquí entran también los pinos y acacias. En su mayoría las han sustituido por castaños, pero también hay robles, avellanos, nogales y cerezos. El próximo invierno continuarán plantando en las catorce fincas pendientes y también decidirán, después del verano, la próxima franja de actuación. «Primamos os puntos de especial risco pola reincidencia de incendios, a proximidade de vivendas ou a orientación do vento. Todo o que queda a sotavento do nordeste ten máis índice de perigosidade», explica Guldrís.

Las imágenes del incendio en Pedrógão Grande han quedado grabadas en la retina. También las instantáneas virales del grupo de casas salvadas gracias a los sauces, olivos o robles que las rodeaban.

En Piñeiro conocen bien la virulencia de las llamas. Los incendios se cebaron con esta parroquia el pasado verano. «Estas árbores son unha barreira contra o lume, uns auténticos bombeiros naturais», insiste el concejal. «Nun souto que está cheo de castiñeiros a temperatura descende, pero, o lume non entende de fronteiras», opina García Guldrís. Ser una isla en medio de una comunidad rendida al eucalipto no es la solución: «gustaríanos que máis concellos levasen a cabo actuacións así».

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No está a muchos kilómetros de Ames otra de las iniciativas pioneras en Galicia. En la finca del Pazo do Faramello, en Rois, se han arrancado tres hectáreas de eucaliptos y acacias negras. En su lugar, crecen más de 4.000 frutales, madroños y acibros incluidos. «En el año 84 el huracán Hortensia arrasó parte de la fraga. Hubo que desviar incluso el Camino de Santiago que transcurre por la propiedad. No hemos plantado un eucalipto aquí en la vida. Es una especie tan invasora que fue penetrando sola», afirma Gonzalo Rivero de Aguilar, el propietario. La Fundación Internacional de Restauración de Ecosistemas financia el proyecto en el que también colabora el ayuntamiento de Rois. «Es su primera intervención en un bosque atlántico y nos acaban de confirmar que en septiembre se reanudará la segunda fase. Afectará a otras tres hectáreas que se repoblarán de caducifolios», informa. Acto seguido destaca: «Si no poníamos un límite nos íbamos a quedar sin la arboleda autóctona».

También las comunidades de montes buscan alternativas. En Vilagarcía han plantado fresnos, castaños y robles, aunque el rey de sus bosques sigue siendo el mismo. «Se o fomento das frondosas non vai emparellado cunha política de promoción dos seus usos -apunta el presidente de la mancomunidad, Xurxo Abuín-, se seguimos a importar a madeira de Sudamérica, estamos condenados a reforestar con eucalipto». Mientras el árbol originario de nuestras antípodas se puede talar a los 12 o 14 años, para un castaño hay que esperar a los 20 o 30. Incluso más. Ese es para Abuín el motivo que disuade a muchos propietarios de apostar por los orígenes forestales. Cuando los árboles autóctonos son el mejor bombero natural. La guerra al eucalipto se ha empezado a librar en localidades que apuestan por la plantación de frondosas como el castaño o el roble. Una inversión a largo plazo que, destacan, revaloriza sus montes y protege a sus vecinos.

El fuego calcina cien hectáreas de terreno

Pasadas las cinco de la tarde de ayer comenzaba un incendio en la parroquia de Feces da Cima, en Verín, que al cierre de esta edición había quemado unas cien hectáreas de terreno forestal y agrícola y estaba estabilizado, según datos del 085. A última hora de la tarde obligó a cortar una carretera comarcal por la proximidad de las llamas. 

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