El gallego muerto en Sinaloa no estaba amenazado y le dispararon después de darle una paliza

Tuvo fuerzas para solicitar a una vecina que avisase a una ambulancia antes de fallecer


a estrada / la voz

Antonio Arca Brey, forcaricense de 41 años emigrado a México en enero del 2002, fue asesinado la noche del martes en su propio domicilio en Culiacán, capital de Sinaloa, uno de los estados más violentos del país. Sus padres se enteraron el miércoles por la llamada de uno de sus socios en los hoteles y moteles que regentaba: estaba de vacaciones en Ponte Caldelas desde el mes pasado, pero partió a México para intentar acelerar los trámites de repatriación del cadáver.

Aunque la investigación sobre el crimen está en sus inicios, desde el entorno del empresario asesinado apuntan a que la muerte se produjo en su casa, a consecuencia de un tiro y tras una paliza. Antonio Arca, que estaba solo en el domicilio, todavía tuvo fuerzas para solicitar a una vecina que avisase a una ambulancia, antes de fallecer.

Antonio Arca podía haber sido víctima de un robo violento, según fuentes policiales mexicanas citadas por Europa Press.  La investigación del asesinato corre a cargo de la Policía Ministerial y, por el momento, no ha habido detenciones.

«Foron a por el», indican otras fuentes, con la desolación ante un asesinato totalmente sorpresivo «porque non estaba ameazado, nin nada polo estilo». Hacía solo unos días que Arca Brey se había mudado a la casa donde sucedió el crimen, en Culiacán.

Antonio y su pareja, embarazada, que «se acababan de comprar una casa para cambiar de domicilio», tenían ya los billetes para visitar Galicia el próximo mes de agosto, según han confirmado fuentes cercanas a la familia, citadas por Europa Press.

Quince años atrás, Antonio Arca había llegado a Puebla desde Forcarei, al aceptar un trabajo de un empresario de Beariz asentado en México. Hace una década se trasladó a Culiacán, donde emprendió negocios propios de hotelería con sus socios, originarios de Ponte Caldelas. En comentarios con amigos, consideraba más peligroso Puebla que Sinaloa. No obstante, llevaba una vida social discreta en aquel país, y cada año regresaba a su Forcarei natal.

Tenía previsto hacerlo a mediados de agosto, y en esta ocasión junto a su compañera, embarazada, para presentarla a la familia, destrozada al esperar ya solo la repatriación de su cadáver.

Su madre, Pilar Brey, relataba ayer la marcha de su hijo a México, tras haber trabajado de mecánico y camionero en Forcarei y A Estrada. Tuvo una oportunidad de mejorar en su vida laboral y emigró: «Quería el ver que había alá, e foi ver a morte», lamentaba mientras recordaba que había logrado abrirse camino en aquel país: «Íalle máis ou menos ben, traballando, pero estaba contento». Hasta que alguien puso un violento final a su vida.

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El gallego muerto en Sinaloa no estaba amenazado y le dispararon después de darle una paliza