La Xunta mejora los contratos para desbloquear el conflicto del transporte

Incorpora dos millones de euros que los empresarios deberán destinar a los salarios

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Santiago / La Voz

Si hablar por fin de dinero es un signo de avance en una negociación laboral, ayer se dio un paso de gigante en el conflicto del transporte público en Galicia. Pero si se tiene en cuenta todo lo demás, la jornada resultó desastrosa para los intereses de todas las partes y, sobre todo, para los ciudadanos, que han padecido la séptima jornada de una huelga que hoy sigue y que a partir de mañana se puede cronificar.

Las esperanzas estaban puestas en una reunión vespertina entre los empresarios y los representantes de los trabajadores, que llegaban con un acuerdo «moi positivo» con la Xunta del que solo se ha descolgado la CIG. Pero pronto se constataron los temores de los más pesimistas. Los avances de UGT y CC.OO. con la Administración no sirven de nada si, por el otro canal de crisis abierto, no hay avances. Se trataba de abordar los convenios colectivos provinciales, o de forma más clara, de tratar las subidas salariales que demandan desde hace tiempo los conductores.

Al término del encuentro, la patronal fue clara: «É difícil asumir as peticións dos traballadores cos recortes do plan de transporte», argumentó Carlos García Cumplido, que ejerció de portavoz. Estas subidas -que también les negaron antes del plan de transporte- se tendrían que recoger en cuatro convenios provinciales, pero las condiciones de los contratos son a su juicio tan desiguales que los han obligado a partir la negociación en cuatro mesas. En dos, A Coruña y Pontevedra, auguran avances por la dotación de las concesiones, mientras que en Lugo y Ourense los márgenes harán muy difícil el acuerdo, adelantan.

En este punto, los empresarios tampoco han valorado la carta que ha puesto encima de la mesa el Gobierno gallego a través del acuerdo con los sindicatos: un aumento de la aportación a los contratos de dos millones de euros que irían directamente a un capítulo: el pago a los conductores, que pasaría de 7,9 millones de euros a 9,9. De esta forma, la Xunta trata de levantar la principal losa que a día de hoy impide desbloquear la situación, porque entiende el equipo de Ethel Vázquez que los empresarios tienen más facilidades para mejorar las condiciones de sus trabajadores, dado que ese margen lo asumen ahora las arcas públicas.

Pero los problemas, para la patronal, son otros. Alegan, entre otras cuestiones, que la Xunta no les va a actualizar el IPC de los contratos del transporte escolar, e insisten en que el actual diseño los obliga a prescindir de vehículos y de trabajadores.

Con el plan rodando -ya se conocen los contratos y las empresas empezarán a recibir invitaciones para concursar- todas las partes insisten en que hay «vontade», pero lo cierto es que en la jornada de hoy no está prevista ninguna reunión para avanzar en los distintos frentes.

Broncas sindicales, estaciones paradas y efectos negativos en el sector turístico

A efectos ciudadanos, la séptima jornada de huelga en el transporte significó un nuevo paro prácticamente total, según informan las delegaciones de La Voz. Hubo excepciones, como el bus que une Vigo y Oporto, las grandes rutas desde Ourense y algunos servicios mínimos, como el del hospital de Lugo. Y también se repitió alguna pincelada violenta, como el pinchazo de una rueda de un autocar de A Estrada.

La novedad respecto a anteriores paros fueron las discusiones que afloraron en las asambleas de los trabajadores. La postura de la CIG, que se descolgó del acuerdo con la Xunta, capitalizó los argumentos en Ferrol o Pontevedra, estaciones en las que se intentó analizar con mayor o menor éxito el documento firmado la noche anterior. El problema más grave se produjo en A Coruña. En esta reunión se pudieron observar las diferencias entre la mayoría de los trabajadores con los representantes sindicales de UGT y CC. OO., una tensión que generó insultos y que a punto estuvo de provocar una pelea. A las puertas de las estaciones, tanto en A Coruña como en Vigo, la intervención de la policía fue determinante para la salida de algunos de los autobuses que cumplieron malamente los servicios mínimos, un «dereito» que la Xunta da por pisoteado en este conflicto.

Las esperas de los turistas

El paro, que sigue hoy y que mañana puede convertirse en indefinido, sirvió para constatar los efectos negativos que están generando inquietud en el sector turístico. La situación en Santiago fue un buen ejemplo. El servicio de transporte a Lavacolla es uno de los afectados, y ayer obligó a decenas de visitantes a buscarse la vida para llegar a tiempo al aeropuerto. La plaza de Galicia, el epicentro de las comunicaciones de la capital, estuvo colapsada por momentos por personas que buscaban información sobre los servicios mínimos que difícilmente encontraron. La recepción de un hotel cercano canalizó muchas de las consultas y refrendó el enfado popular. Mientras, los taxis tuvieron dificultades para atender la demanda, al igual que ocurrió con los trenes, en los que fue difícil encontrar plaza.

Información elaborada con las aportaciones de Emiliano Mouzo, Soledad Antón, Serxio Barral, Rocío Ramos, Beatriz G. Couce, Marta Vázquez y Dolores Cela.

Patronal y CIG aprietan los extremos de la pinza

El avance de las negociaciones se complica por las divisiones internas que ya han aflorado

El conflicto del transporte ya era de resolución compleja por la participación de tres actores -Xunta, patronal y sindicatos- pero las divisiones internas entre estos últimos han dado una vuelta de tuerca. Y han complicado la salida.

EL FRENTE SINDICAL

La CIG se desmarca. La asamblea de trabajadores celebrada ayer en A Coruña, con insultos y empujones, es un buen reflejo de la división sindical. CC. OO. y UGT han sellado uno de los pilares para desbloquear el conflicto, pero la CIG se ha negado alegando dos flecos menores que le permiten salvar la cara ante una posibilidad real, y es que ese acuerdo se quede en nada si los empresarios se enrocan.

el frente empresarial

Dos velocidades. Los empresarios sacan partido así al desencuentro sindical y a la postura de la CIG, ya que todavía creen que la presión de la huelga beneficia a su intención de recibir más recursos públicos para sus contratos. Tampoco está claro si la patronal mostrará unidad de acción cuando reciba las llamadas de la Xunta invitándolos a aspirar a los concursos. En teoría, los contratos buscan la variedad empresarial y protegen los intereses de las pequeñas y medianas firmas, pero en la mesa de negociación hay gigantes que ya han mostrado su disposición a comerse al menos la mitad de la tarta.

El frente político

El librillo de la oposición. Además de las negociaciones entre la patronal y los sindicatos, la actualidad del conflicto pasó ayer por el Parlamento de Galicia, donde la conselleira Ethel Vázquez defendió en el estrado los beneficios del plan de transporte diseñado. La titular de Infraestruturas insistió con los argumentos que divulga públicamente en las últimas semanas, y la oposición centró sus discursos en la incapacidad negociadora del Gobierno, al que acusó de empujar al límite del calendario un conflicto que viene de muy atrás. Sin embargo, la intervención que más removió a los diputados en sus escaños fue la del popular Martín Fernández Prado, que acusó a toda la oposición «de esquerdas» de armar todo su «guion» acusador teniendo como referencia las demandas de las grandes compañías del sector, abandonando a los trabajadores. «Póñanse do lado dos galegos», les recomendó.

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