La Xunta intensifica los controles de calidad del agua ante la falta de lluvias

La Administración no cree que las precipitaciones de verano vayan a paliar la sequía


Redacción / La Voz

Cuando Álvaro Cunqueiro describió Galicia como el país de los diez mil ríos no había sequía. La estampa sería la habitual de hace años: inviernos y primaveras lluviosas y el caudal de los ríos a rebosar antes de la llegada del verano. Pero la situación de este año hidrológico es bien distinta. Desde el 1 de octubre, en Galicia ha llovido menos del 75 % de lo que es normal y ya se acumulan siete meses en prealerta por sequía. El principal problema se encuentra, precisamente, en el caudal de los ríos. Circulan excesivamente bajos, algunos de ellos incluso registran mínimos históricos. Con razón muchos lugareños aseguran que no los recuerdan así. Y con el caudal por los suelos, la principal consecuencia es el empeoramiento en la calidad de las aguas.

Ante esta situación, la Oficina Técnica da Seca, dependiente de Augas de Galicia, que se reúne cada quince días para analizar la situación, ha intensificado los controles ante una posible pérdida de sus propiedades: «Después de la última reunión del mes pasado, lo que hemos hecho ha sido avanzar en ese seguimiento de control no solo de los recursos, sino también en relación con la calidad del agua. Hay que anticipar un empeoramiento de la calidad por el hecho de que vayan bajando nuestros recursos hídricos y por una falta de renovación del agua de los embalses al haber llovido menos. Estamos intentando anticiparnos a este tipo de situaciones», comenta el director de Augas de Galicia, Roberto Rodríguez Martínez, organismo dependiente de la Consellería de Medio Ambiente, que garantizó que no existe ningún riesgo para las poblaciones que se abastecen de un sistema de suministro regulado a través de embalses.

Mínimos históricos

El escaso caudal de los ríos gallegos se ha convertido en el talón de Aquiles de esta sequía. En el caso de la demarcación Galicia Costa, preocupa el nivel del río Masma, que lleva un 54 % del agua que debería tener en un mes de junio, el Covo, que tan solo transporta el 31 %, y el Mendo, con un 38 % de caudal medio y que suministra agua a Betanzos. En este último caso, a pesar de registrar un mínimo histórico, su caudal circulante es muy superior a las necesidades de agua de la población de Betanzos, según informa Medio Ambiente, por lo que el abastecimiento está garantizado, al igual que en el resto.

También preocupa la situación del Anllóns, con un 28 % del caudal medio, y el Verdugo, el Oitavén y el Lagares, en mínimos históricos, con un 40, un 15 y un 36 % de agua de lo que normalmente deberían llevar, respectivamente.

«Es verdad que estamos desde que tenemos registros en una situación anormalmente baja en lo que a caudal se refiere. En otras ocasiones, a lo mejor el caudal de los ríos no estaba tan afectado y teníamos las reservas un poco más bajas, pero sí efectivamente circula menos caudal y además es bastante generalizado, más acuciado en algunos sistemas. En la demarcación Galicia Costa, salvo el Ulla y el Tambre, el caudal es bajo por lo general y va empeorando paulatinamente», aclara el director de Augas de Galicia, que asegura que las lluvias de verano ya no van a arreglar nada: «Bienvenidas sean, pero no van a cambiar el panorama», afirma.

También el Miño y el Sil

En cuanto a la demarcación Miño- Sil, esta confederación hidrográfica reconoce que el caudal de los afluentes circula especialmente bajo en el caso del Limia, el Arnoia, el Avia en Leiro, el Louro en Tui y el Arenteiro en Carballiño. También, los ríos Sil y Miño presentan caudales bajos para esta época del año.

El hecho de que los embalses gallegos gocen de cierta buena salud a pesar de la intensa sequía (se encuentran al 72 % en el caso de Galicia Costa y el 63 % en el de Miño-Sil) permite a la Xunta garantizar el abastecimiento en los sistemas regulados: «No hay motivo para que deba preocuparnos por ahora esta situación. No hay ningún riesgo de desabastecimiento», indica Roberto Rodríguez, que también reconoce que de momento en Galicia Costa solo han detectado una incidencia en el autoabastecimiento de una comunidad vecinal concreta: «Sí tenemos noticia de que en Miño-Sil han tenido alguna incidencia más, aunque tampoco de forma generalizada», asegura el director, que remitió una carta a los ayuntamientos animándoles a tomar medidas de ahorro ante lo que pueda venir.

Entre los concellos que han decidido tomar medidas para contener el gasto del agua se encuentran Vilamartín de Valdeorras y A Rúa, que anunciaron sanciones a aquellos vecinos que realicen un uso inadecuado del agua, como el incumplimiento de las pautas del riego o el llenado de piscinas particulares. Este último, junto a Petín y Ribadavia, ya solicitó a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil nuevas captaciones de agua para garantizar el suministro durante el verano. Sobrado dos Monxes, Miño, O Rosal, Portas, Ares y Sandiás son otros concellos que también han emitido bandos para restringir el gasto del agua.

«Sin el pozo no podríamos cocinar o calentar agua»

Toni Longueira
Ana tiene 88 años y vive en Xalo desde hace 25
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Como sucede siempre que hay una sequía más o menos prolongada, uno de los primeros lugares de la comarca en verse afectados es la urbanización privada de Monte Xalo, entre Carral y Cerceda. Los residentes, unos 500 durante el verano y unos 250 en el invierno, sufren serias restricciones desde finales de mayo. El lago que abastece de agua a las viviendas se encuentra a un tercio de su capacidad, y eso que las precipitaciones de los últimos días aliviaron algo el panorama. De ahí que se mantengan las restricciones de suministro.

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«Volvémonos tolos para atopar auga e evitar cortes»

María Cobas
Barreiro ha emitido un bando pidiendo ahorro
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En el municipio ourensano de Vilamartín de Valdeorras hace casi dos meses que el alcalde, Enrique Álvarez Barreiro, publicó un bando recordando a los vecinos la prohibición de utilizar el agua de la traída para regar las huertas, lavar el coche o llenar las piscinas. Los niveles de las diferentes captaciones apremiaban la necesidad de tomar medidas, y así ha sido. En la actualidad los vecinos no sufren cortes en el suministro, aunque en algunos pueblos sí hubo incidencias semanas atrás.

«Solucionamos o problema aproveitando mellor os mananciais que había e tamén bombeando dende o río Sil», explica Barreiro. Dos bombas están ayudando estos días a sacar agua del cauce para abastecer las viviendas del casco urbano y de los núcleos rurales más poblados (Valdegodos y Arcos). Pero la previsión no es buena y desde el gobierno local ya estudian nuevas medidas. «En breve tramitaremos ante a Confederación Hidrográfica Miño-Sil o permiso para facer unha captación de urxencia desde o río Farelos», señalaba el regidor. ¿Están notando los vecinos la falta de agua? «Non. Notámola nós, porque nos volvemos tolos para atopar auga e evitar cortes. Pero os veciños non», responde el alcalde. No es una situación nueva: «Estamos bombeando desde novembro do ano pasado, porque incluso no inverno tivemos que facelo porque o manancial de Valdegodos non creceu o suficiente. E a cousa vai seguir, porque aínda que chova un pouco, non chega para abrir as fontes. Para ter auga no verán facía falta que tivera nevado no inverno, e non nevou o suficiente», remata.

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«Hay días que cortan el agua y no nos avisan»

C. Ponce
Juana se queja de la presión del agua
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En O Rosal, el Concello no ha tomado ninguna medida concreta para luchar contra la sequía. Lo que sí ha empezado a hacer es enviar periódicamente boletines a las casas y a los negocios solicitando a vecinos y comerciantes que lleven a cabo un consumo responsable y dando ciertas recomendaciones de gasto.

«Nos dicen que seamos conscientes con el agua», asegura Juana Fernández, propietaria de la cafetería Juan, en O Rosal. Asegura que, de momento, su negocio no se ha visto afectado en demasía por las restricciones, pero reconoce que sí que están teniendo algún problema derivado de la sequía: «Estamos notando que por las mañanas el agua sale con mucha presión». Según su relato, en otras partes del día, esa presión es mucho más baja, complicando el uso de electrodomésticos como el lavavajillas. La principal crítica de la rosalera es que «hay días que cortan el agua y no avisan».

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