Los forenses alertan del aumento de personas que mueren solas en casa

Estos casos son más frecuentes en las ciudades que en las áreas rurales

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Redacción / La Voz

Rosario habría cumplido 62 este año si la muerte no la hubiese sorprendido en su casa de Culleredo. Estaba sola y no tenía familia que percibiese su falta, así que pasaron siete años hasta que su cuerpo momificado fue localizado el lunes. En Galicia hay, según los datos del Instituto Galego de Estatística (IGE) 269.534 hogares como el de Rosario, en los que vive una persona sola. De ellos, 121.297 están formados por mayores de 65 años. Muchas de esas personas tienen una red familiar que les permitirá estar acompañadas cuando la salud les falle, pero otras corren el riesgo de que les ocurra lo mismo que a Rosario. Los forenses alertan de que cada vez son más las personas que mueren solas en su casa.

«Es la estructura demográfica. Cada vez hay más gente, sobre todo mayor, que tiene poco contacto familiar o de amistades y que muere sola en su domicilio sin que nadie lo sepa», dice Benito López de Abajo, forense del Instituto de Medicina Legal (Imelga). Es una situación frecuente y lo es más en las ciudades que en las localidades de menor tamaño. «En las zonas rurales todavía hay vecinos que si ven que la bolsa del pan de la casa de al lado lleva dos días sin recoger se dan cuenta y sospechan que quizás algo no vaya bien». Funcionan más los vínculos sociales y por eso es más difícil que ocurra. En los entornos urbanos, en cambio, donde las relaciones vecinales no son tan estrechas, no es infrecuente que las personas que mueren solas sean descubiertas cuando han transcurrido ya varios días desde el fallecimiento.

Julio Jiménez, subdirector del Imelga en Ourense, constata también, en su experiencia como forense, esta diferencia entre el mundo urbano y el rural. «Es un problema más frecuente en el medio urbano -dice-, en el que los vecinos, si no se encuentran con una persona, no le dan importancia, porque puede que no hayas coincidido, y a veces pueden pasar días, meses o incluso años». Cuando no hay familia que llame para preguntar, añade Jiménez, o una cita a la que la persona tuviese que acudir, por ejemplo su trabajo, pueden pasar días o incluso semanas hasta que se descubre que esa persona ha muerto.

Los forenses son los encargados de determinar las causas del fallecimiento de esas personas y el momento en el que murieron. No siempre es fácil. «Cuanto más nos apartamos del momento de la muerte, más difícil es determinar cuándo se produjo», explica López de Abajo. «Hay una serie de fenómenos de la putrefacción que siguen una cronología, y entonces, en base a las condiciones ambientales, a la temperatura, el estado del cuerpo y la ropa, podemos conocer aproximadamente el tiempo», explica Julio Jiménez. Además, «hay datos indirectos, como si hubo movimientos bancarios, llamadas de teléfono, correos... que pueden determinar también el tiempo», dice. Y pueden completarse, añade, con análisis entomológicos (de insectos) o de organismos que invaden el cadáver.

Lejos de reducirse, los datos apuntan a que las muertes en soledad pueden ser cada vez más frecuentes. Si actualmente hay en Galicia 269.534 hogares en los que solo vive una persona, las proyecciones demográficas dibujan para el 2031 un escenario en el que los domicilios en los que solo vivirá una persona serán 347.027, un aumento significativo si se tiene en cuenta, además, que la previsión es que Galicia tenga entonces 230.000 habitantes menos que ahora.

Dispositivos de teleasistencia, sensores en la vivienda y geolocalizadores

Dado que se trata de una situación cada vez más frecuente, las Administraciones y las organizaciones sociales comienzan a tomar medidas para ayudar al colectivo de personas mayores que viven solas. En Galicia pueden solicitar ayuda a la Xunta o a la Cruz Roja para obtener un dispositivo de teleasistencia que, con solo pulsar un botón, les permite recibir ayuda en caso de necesidad. Al ser activado el pulsador, se pone en marcha un sistema de alertas encaminado a prestar atención urgente a esa persona. La Xunta dispone de 5.760 dispositivos de este tipo, pero hay aproximadamente 500 que están sin uso. En determinados casos se utilizan sensores que se colocan en distintos lugares de la vivienda que emiten señales de movimiento y alertan si se dejan de producir. Y GPS que cada cinco minutos emiten una señal de localización de su portador.

 

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