Los forenses alertan del aumento de personas que mueren solas en casa

María Santalla REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

Elena Silveira

Estos casos son más frecuentes en las ciudades que en las áreas rurales

05 jul 2017 . Actualizado a las 11:25 h.

Rosario habría cumplido 62 este año si la muerte no la hubiese sorprendido en su casa de Culleredo. Estaba sola y no tenía familia que percibiese su falta, así que pasaron siete años hasta que su cuerpo momificado fue localizado el lunes. En Galicia hay, según los datos del Instituto Galego de Estatística (IGE) 269.534 hogares como el de Rosario, en los que vive una persona sola. De ellos, 121.297 están formados por mayores de 65 años. Muchas de esas personas tienen una red familiar que les permitirá estar acompañadas cuando la salud les falle, pero otras corren el riesgo de que les ocurra lo mismo que a Rosario. Los forenses alertan de que cada vez son más las personas que mueren solas en su casa.

«Es la estructura demográfica. Cada vez hay más gente, sobre todo mayor, que tiene poco contacto familiar o de amistades y que muere sola en su domicilio sin que nadie lo sepa», dice Benito López de Abajo, forense del Instituto de Medicina Legal (Imelga). Es una situación frecuente y lo es más en las ciudades que en las localidades de menor tamaño. «En las zonas rurales todavía hay vecinos que si ven que la bolsa del pan de la casa de al lado lleva dos días sin recoger se dan cuenta y sospechan que quizás algo no vaya bien». Funcionan más los vínculos sociales y por eso es más difícil que ocurra. En los entornos urbanos, en cambio, donde las relaciones vecinales no son tan estrechas, no es infrecuente que las personas que mueren solas sean descubiertas cuando han transcurrido ya varios días desde el fallecimiento.

Julio Jiménez, subdirector del Imelga en Ourense, constata también, en su experiencia como forense, esta diferencia entre el mundo urbano y el rural. «Es un problema más frecuente en el medio urbano -dice-, en el que los vecinos, si no se encuentran con una persona, no le dan importancia, porque puede que no hayas coincidido, y a veces pueden pasar días, meses o incluso años». Cuando no hay familia que llame para preguntar, añade Jiménez, o una cita a la que la persona tuviese que acudir, por ejemplo su trabajo, pueden pasar días o incluso semanas hasta que se descubre que esa persona ha muerto.