«Mi hija estuvo 2 meses sin ir a clase y su acosadora fue castigada solo 4 días»

Una menor coruñesa sufrió durante el curso una agresión e insultos diarios de una compañera


a coruña / la voz

Una niña coruñesa de 13 años no pudo acudir al colegio durante los dos últimos meses del pasado curso porque su médico así se lo pautó. Era mejor para ella quedarse en casa que sufrir a diario el acoso de una compañera de 16 años que en una ocasión le llegó a pegar y la machacaba a insultos y amenazas. Durante meses permaneció callada. Soportándolo todo. Hasta que un buen amigo le dijo que si no se lo contaba a sus padres, lo haría él. La menor confesó en casa lo que le estaba ocurriendo en el colegio y comenzó así un proceso que terminó con una sanción a la acosadora de cuatro días sin asistir a clase. La víctima estuvo dos meses a tratamiento médico y alejada del centro educativo para recuperarse psicológicamente. El próximo curso, esta niña se irá a otro colegio y la culpable continuará en el mismo.

No era la primera vez que se denunció a esa alumna de 16 años. Hubo un caso anterior, pero quedó en nada porque de la investigación emprendida por el centro no se pudo concluir que se tratase de un problema de acoso escolar. Aquello sucedió hace un año y la niña que había denunciando bullying optó por irse del colegio. La dirección le pidió pruebas de que estaba siendo acosada y el asunto se archivó porque la menor había borrado por orden de la otra alumna los mensajes amenazantes e injuriosos.

En esta ocasión, el protocolo iniciado por el centro sí concluyó que había acoso. Para eso, pasaron meses. Y muchas entrevistas. Con la directora, los profesores y con la Xunta, que envió una inspectora al colegio que pudo comprobar los hechos para forzar al colegio a abrir un expediente a la acosadora.

«Mi hija entró en el centro el pasado curso. Era la nueva y se la veía feliz. Al principio, se sentía muy bien acogida por parte de sus compañeras. Pero pronto comenzaron los insultos y los mensajes de móvil con amenazas por parte de esa adolescente tres años mayor», recuerda el padre de la víctima, que bajo ningún concepto pretende criminalizar a la acosadora, «pues necesita apoyo». Lo que sí quiere es llamar la atención a las autoridades académicas, a las que pide «una mayor sensibilidad y diligencia en estos casos tan graves en los que hay una niña que sufre y otra que necesita ayuda profesional».

Agresión

Este padre descubrió en Semana Santa lo que le estaba ocurriendo a su hija en el colegio. Antes, ni se lo imaginaba, si bien había notado algunos cambios que achacó a la adolescencia. Pero apareció ese amigo, «ese ángel que pudo convencer a la niña de que nos contase lo que le estaban haciendo». Lo hizo después de una agresión sin mayores consecuencias, pero «aquello había que pararlo y el compañero hizo más con su consejo que todo lo que luego hizo la dirección del centro, que en un principio le restaron importancia. Hasta llegaron a decirme que mi hija no daba el perfil de acosada por su presencia en las redes sociales».

Una vez que la menor le contó a los padres lo que le pasaba, estos se presentaron de inmediato en el centro. «Nos encontramos con la incredulidad. Con poca colaboración y ganas de atajar el problema, restándole importancia». Tras mucho insistir y mostrar los mensajes amenazantes de móvil, tal y como ordena el protocolo en los casos de acoso escolar, la dirección les ofreció una mediación. Esto es, reunirse con los padres de la otra niña y entre todos buscar una solución.

Inspectora

Ese encuentro nunca se produjo. Pero sí hubo una entrevista con una inspectora de la Xunta que emitió un informe y llevó al centro educativo a abrir expediente a la acosadora e imponerle una sanción administrativa que consistió en su expulsión durante cuatro días, «cuando mi hija estuvo los dos últimos meses del curso sin poder ir al colegio bajo prescripción médica», lamenta este padre, que perdona a la acosadora, pero se muestra molesto por la respuesta de los responsables académicos. «Es una pena que invirtamos tanto dinero y tiempo en luchar y prevenir el maltrato escolar, con campañas y programas en la televisión, y cuando surge un caso, no lo afrontemos como es debido», concluye.

El 7 % de los estudiantes de ESO dicen haber sufrido acoso ocasional en el aula

Aunque las cifras son escalofriantes -el 7 % de los estudiantes de ESO dicen haber sufrido acoso ocasional en el aula, lo que equivale a más de 6.000 jóvenes- Galicia está por debajo de la media de España en lo que a prevalencia del acoso en las aulas se refiere. La media española se sitúa en un 9,3 % y lejos de porcentajes abrumadores como el de Andalucía, con más de un 12 % de alumnos que se declaran víctimas de acoso. Aunque las estadísticas ponen el acento en que las niñas son más dadas a ser víctimas de acoso y hay más acosadores varones, lo cierto es que cualquiera puede ser en un momento dado víctima del hostigamiento, especialmente a través de las nuevas tecnologías.

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«Mi hija estuvo 2 meses sin ir a clase y su acosadora fue castigada solo 4 días»