Una guardería a la medida

Los padres de Lobios pueden conciliar con la apertura de la Casa Niño, en la que una educadora madre cuida a otros críos

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ourense / la voz

Os Paxariños do Xurés, la Casa Niño de Lobios, que abrió sus puertas en diciembre, alberga a diez niños del municipio que llegan a la que fuera antigua casa del médico para ser cuidados por Ana María González Ferreira. En este municipio (1.868 habitantes) de A Baixa Limia, fronterizo con Portugal, no existía ningún servicio para atender a los menores de menos de tres años antes de la creación por parte de la Consellería de Política Social del modelo de casas niño. Si querían dejar a sus hijos en una escuela infantil, debían desplazarse a unos veinte kilómetros, a Bande o a Muíños.

Esta fórmula de las casas niño permite que una educadora infantil, como Ana, pueda ocuparse de su hija, Carlota, al tiempo que atiende a los otros niños. Para abrir una casa como esta es necesario, explica Ana González, que haya un mínimo de tres y un máximo de cinco pequeños.

Como en Lobios hubo una alta demanda, de diez niños, la cuidadora llegó a un acuerdo con los padres para hacer dos grupos de cinco niños, atendiendo media jornada a cada uno. Los pequeños se turnan, una semana van por la mañana y otra por las tardes. Las casas niño admiten desde bebés, de al menos cuatro meses, hasta niños de tres años. A diferencia de una escuela infantil, en las casas niño todos los pequeños están juntos y no divididos por aulas según edades.

La educadora adapta las actividades en función de las necesidades. Todos aprenden a dar las gracias y a recoger, pero los que el año que viene empezarán en educación infantil en el colegio ya van conociendo las letras, colores o números. Pero de forma más libre que en el colegio. Igualmente, todos los niños pintan con los dedos o participan en algún taller de cocina.

«Empecei en decembro e vai moi ben. Hai moitos nenos e xa facía falta. Permite conciliar a vida laboral e familiar dos pais e que nais educadoras poidamos ter aos nosos fillos con nós», explica Ana. La Casa Niño de Lobios abre a las nueve de la mañana. Sobre las 9.15 horas están dejando a sus niños los padres del turno de la mañana. Es casi la una y vienen a recogerlos. Dos de los críos comen en la casa niño, con la comida que traen preparada de su hogar.

Benito Rodríguez Bernárdez viene desde Grou a recoger a su bisnieta, África. «Isto é unha cousa cómoda para a xente. Traemos á nena de mañá e está con outros nenos. Antes coidabámola nós», explica. Poco después llega Magali Marinheiro a recoger a su pequeño, Wyatt. «Nós estamos contentos. Eu teño dous nenos e sempre nos libera algo. Antes quedaban cos avós, se non, había que ir a Muíños todos os días», explica la madre.

Daniel Araújo, padre de Irina, considera que este nuevo servicio está «xenial» para las familias. En su caso, le ha venido bien para conciliar la paternidad con el trabajo. Antes la niña tenía que quedarse con los abuelos, explica.

De momento, la Casa Niño Os Paxariños do Xurés funciona como un proyecto piloto que estará en activo tres años gracias a una subvención. Por eso los padres por ahora no tienen que pagar nada. Su continuidad dependerá de que haya niños suficientes.

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