«Tras la mordedura me desmayé varias veces y empecé a vomitar»

El hombre que sufrió el ataque de una víbora en O Xurés evoluciona favorablemente y cree que fue una «mala casualidad»


ourense / la voz

«Fue una mala casualidad. Solo hay dos serpientes venenosas de las ocho especies que tenemos en Galicia. Estos ataques son anecdóticos, como lo pueden ser los de tiburón», cuenta Marcos Mallo, que el domingo fue mordido por una víbora en la sierra de O Xurés. Aunque tuvo que ser trasladado de urgencia en un helicóptero hasta el Complexo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO), le pesa más su preocupación por los animales -es biólogo- que el mal trago pasado: «No me gustaría que la gente empezase a matar serpientes por alarmismo».

La primera reacción fue ponerse en contacto con el agente del parque natural en el que se encontraba, que a su vez alertó al grupo de emergencias supramunicipal (GES) de Muíños. «Empezamos a caminar hacia el coche, pero me desmayé varias veces y empecé a vomitar, así que tuvimos que llamar para que nos socorrieran», relata. Estaba en un camino de un metro de ancho, rodeado de mucha vegetación. Tuvieron que portaar a Marcos durante kilómetro y medio, empleando una camilla y en condiciones complicadas.

El mayor problema es identificar el tipo de serpiente, algo que para el biólogo Luis Saavedra «resulta complicado, incluso para un profesional». La razón reside en que otros tipos de culebras imitan en movimientos, colores y sonidos a las víboras por supervivencia. «Tienen las escamas de la cabeza bastante pequeñas y las pupilas verticales porque son nocturnas, pero si no tienes otro animal al lado para compararlas, es difícil reconocer que se trata de una víbora», explica Saavedra.

Tanto la víctima de la mordedura como su pareja trabajan en el campo de la biología y supieron reaccionar con calma. Algo esencial en estas situaciones según explica desde el hospital, donde evoluciona favorablemente: «No hay que hacer torniquete ni rajar la herida para que salga el veneno como algunos creen. Es importante mantener la calma para que el corazón bombee a un ritmo normal, y la herida en alto, para evitar que el veneno se propague más rápido».

«Creo que me apoyé encima de su cola, no la vi y me mordió en un dedo. No me dio casi tiempo a verla porque desapareció muy rápido, pero solo atacan cuando se sienten acorraladas, en situaciones normales su instinto es escapar», incide el herido.

El biólogo Luis Saavedra estima que pueden registrarse más de mil mordeduras al año en la península ibérica y solo tres ser mortales.

El suero antiofídico está restringido solo a los casos de extrema gravedad

«Las serpientes de aquí son tóxicas pero en una medida muy baja», dice el jefe de urgencias del CHUO, Francisco Aramburu. Añade que «la mayoría tienen un veneno hematológico que afecta a vasos sanguíneos y a la sangre».

«Normalmente las mordeduras se producen en las extremidades superiores e inferiores, así que lo que se debe hacer es inmovilizar la zona con una ligadura ancha con una goma, pero nunca con un torniquete, y retirar anillos o ropa que compriman la zona», explica el médico. Y, si se puede, es recomendable desinfectar la zona con un antiséptico transparente y marcarla con un rotulador para que los médicos valoren cómo de rápido avanza la hinchazón.

«Si se puede matar al animal y trasladarlo al hospital se facilita el proceso de análisis del veneno, siempre y cuando no suponga un mayor peligro», asegura el especialista. Si no, la mejor opción es una foto para poder reconocer el animal y saber si aplicar un suero antiofídico o no. «Hay que tener mucho cuidado porque su uso está restringido a casos graves. No se puede emplear solo por sospechas pues sus efectos secundarios pueden causar alteraciones inmunológicas peores que la mordedura. Para administrarlo hay que tener la seguridad de que el envenenamiento es altamente tóxico», subraya. Para clasificar la gravedad se emplea la escala de Russell, que va del grado cero (sin rastro de ningún veneno) al grado tres (con alto peligro de envenenamiento).

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