Los hospitales buscan hogar a cientos de mayores que no pueden volver a su casa

Algunas gerencias tienen convenios con fundaciones que los acogen temporalmente

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Santiago / La Voz

Es viuda, octogenaria, vive sola en una zona rural, con la compañía ocasional de algún vecino y quizás de un perro o un gato. Una mala caída, una gripe que se complica, un inicio de demencia y la vida da un vuelco. Un traslado al hospital y los sanitarios se dan cuenta de que no puede regresar a su hogar al recibir el alta. El médico ve que nadie acude a informarse, las enfermeras, que nadie se turna para ayudarla en las horas de la comida. Y ya no tiene autonomía para estar sola en su vivienda.

«Lo vemos todos los días, todos, todos, y en todos los servicios, quirúrgicos y no quirúrgicos». Lo cuenta Belén Piñeiro, jefa del servicio de Trabajo Social del CHUO, un complejo hospitalario que probablemente atienda a la población más envejecida de Galicia. Cuando llega ese momento el personal habla con el enfermo, le pregunta cuáles son sus expectativas, si tiene familia, recursos económicos, y se busca una solución con los trabajadores sociales. En algunos casos, cuando estas personas tienen familiares o una red de apoyo suficiente, pueden volver a su hogar con la ayuda de cuidadores o de sus hijos, o son los propios parientes quienes buscan una residencia. ¿Pero qué ocurre cuando no hay una red familiar y la persona no tiene recursos suficientes? Es ahí cuando los complejos hospitalarios asumen las riendas.

Los equipos de trabajo social buscan todos los años hogar a cientos de mayores que tras algún problema de salud no pueden volver a su vivienda habitual. Porque la ley de dependencia tiene sus plazos, y esperar a que una residencia pública tenga sitio puede llevar meses. Y las camas de los hospitales de agudos no pueden acoger durante semanas a personas que clínicamente están en condiciones de ser dadas de alta. «Procuramos que las estancias no se alarguen, porque entendemos que el hecho de que una persona esté aquí de forma innecesaria perjudica a toda la presión asistencial de pacientes que están a la espera de una cama», explica Piñeiro.

Evidentemente, por mucho que se agilice la búsqueda de recursos, a veces es complicado. Vigo es quizás el área sanitaria con la situación más favorable, por la edad media de su población, pero también tienen este problema, «no se retrasan sobremanera las altas de hospitalización, pero los equipos asistenciales y trabajadores sociales deben cada vez hacer un mayor esfuerzo para garantizar la continuidad de cuidados de los mayores», explican desde el Chuvi. Estancias hospitalarias que podrían ser más ágiles «precisan de mayor atención e incluso de una mayor disponibilidad de recursos propios», ya que la ley de dependencia debe seguir unos trámites. En el 2016 esta área sanitaria tramitó unas 90 plazas para ubicar a pacientes crónicos en centros sociosanitarios del propio Sergas, en espera de resolución de una plaza residencial pública de la Xunta.

Para solucionar este problema, los hospitales están llevando a cabo convenios con fundaciones para que acojan de forma temporal, normalmente un máximo de seis meses, a aquellas personas que ya no tienen necesidad de estar en un hospital pero no pueden volver a su hogar, mientras no se les tramita una plaza en una residencia.

Sin coste para el Sergas

Lógicamente, deben ser personas que no tengan familia o red de apoyo o bien que aquella no pueda cuidarlas, y con escasos recursos, lo que les impide acceder a un centro privado. «Al Sergas no le supone ningún coste y prestan asistencia mientras gestionamos una residencia. Son pequeñas entidades que hacen un trabajo muy importante», afirma Belén Piñeiro. Y es que a veces ni siquiera puede tramitarse la dependencia, porque la incapacidad es temporal, por ejemplo en el caso de una fractura, por lo que tras esta estancia el paciente puede volver a su domicilio.

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