José María Carlés: «A mellor prevención é que haxa boas pistas forestais e ben conservadas»

Es uno de los expertos gallegos en la lucha contras los incendios y trabaja como coordinador territorial en la zona de Santiago

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«A mellor prevención forestal é que haxa boas pistas e ben conservadas» En el cuerpo de Axentes Forestais están algunos de los mejores expertos que tiene Galicia en el monte.

Santiago / La Voz

En el cuerpo de Axentes Forestais están algunos de los mayores expertos que tiene Galicia en la lucha contra los incendios forestales. José María Carlés es uno de ellos y trabaja como coordinador territorial en la zona de Santiago. Cuando escucha la palabra prevención abre los ojos y arquea las cejas. Se previene contra los que «queren converter o monte nun xardín» sin tener en cuenta que «o monte ten que estar a monte» porque es un ecosistema natural y una intervención humana masiva pondría en peligro su biodiversidad. «A mellor prevención nun sitio coma este -estamos en Cortegada (Ames)- é que haxa boas pistas forestais e ben conservadas. Tamén que os propietarios cumpran coas distancias establecidas na lei 7/2012 en canto a frondosas e coníferas á altura das cunetas, porque hai quen non planta na cuneta porque non pode», ironiza.

Otro elemento fundamental para este experto en lo que a prevención se refiere es mantener una buena red de puntos de agua, que serán los que facilitarán el abastecimiento de las motobombas en caso de fuego.

En cuanto a las limpiezas, también ve indispensable que los vecinos limpien sus fincas, algo que cuesta debido al minifundismo imperante en Galicia. «O que non considero prevención é rozar ese monte, cheo de toxo, cunha pendente do 60 % e sen ningún arborizado. Aí haberá que ter oito ou dez metros á beira de pista limpos, totalmente desbrozados, e o resto do monte terá que estar como está», añade.

En las zonas urbanas o núcleos rurales, esa prevención tantas veces mentada obliga a los agentes forestales a estar muy alerta para que los propietarios cumplan la ley que prohíbe la existencia de árboles a menos de treinta o cincuenta metros -en función de la especie- de las viviendas. «Facemos inspeccións, cunha primeira acta na que se constatan as deficiencias e unha segunda acta de requerimento. Se o particular cumpre, propoñemos o arquivo e se non, pois o trasladamos á Xefatura Provincial para proposta de sanción», explica.

Las tareas de prevención que se acometen en primavera dan sus frutos en verano, ya que hacen que los incendios sean más fáciles de controlar y extinguir en su gran mayoría. Eso sí, de nada valdrán, admite Carlés, ante un incendiario que plante cinco focos a la vez con viento favorable y cuando comienza a anochecer para que los medios aéreos no puedan actuar.

Contra esos incendiarios también actúan los agentes forestales, no solo como directores de extinción, sino también en su faceta de expertos en la investigación de los incendios, que les permite, en colaboración con la Policía Autonómica, identificar y detener a los responsables. En este punto, Carlés advierte que hay que distinguir entre los incendios intencionados y las negligencias. Los dos son punibles penalmente, aunque los primeros son los más peligrosos y los que más daño causan.

Como si de un CSI del monte se tratase, los agentes forestales acuden tras el incendio con un maletín en el que llevan todos los artilugios para la investigación. Desde cinta para precintar la zona a linterna, pinzas, regla, brocha, guantes y un sinfín de utensilios entre los que se encuentra hasta una estación meteorológica y unas balizas rojas, amarillas y blancas con las que reconstruyen dónde se inició el fuego y cómo se fue desplazando por el terreno teniendo en cuenta la temperatura, la humedad y el viento que había en el momento del incendio. Y sabiendo cómo es más fácil llegar a quién fue el causante del fuego.

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