Muros: Mantener el encanto a base de mucha disciplina

El rigor urbanístico ha situado a Muros como una referencia turística por la notable conservación de su casco histórico


Muros / La Voz

«Aquí es muy difícil construir. El edificio más moderno de Muros se levantó hace más de veinte años». El dato lo aporta Sergio, empleado de una inmobiliaria en el centro de esta villa marinera dotada de un subyugante casco histórico. Y lo corrobora la alcaldesa: «Seguramente es verdad». No parece que sea un indicador muy halagüeño para el mercado inmobiliario, pero lo cierto es que, pese a los precios, sí se mueve. Y bastante. Muros se ha protegido durante muchas décadas frente a la voracidad del ladrillo. La disciplina ha sido la divisa y eso tiene dos consecuencias: la conservación primorosa de la mayor parte de la villa y el fastidio de muchos de sus habitantes por tener que someterse a estrictos parámetros antes de abordar cualquier reforma. Es bastante habitual observar cómo los propietarios fruncen el ceño cuando se les pregunta por las normas urbanísticas. Pero, como decían las abuelas, para presumir hay que sufrir.

En un bar del centro, un jubilado madrileño afirma que a él le ayudaron mucho cuando compró una propiedad en el casco viejo para reformarla. Hace 17 años; los que lleva regresando sin interrupción. No tiene más que buenas palabras para la política urbanística. En otro bar no muy alejado, el propietario se queja de que no dejan hacer nada y de las exigencias urbanísticas. Eso sí, admite que entre el mes que viene y el siguiente tendrá que contratar a cinco camareros para atender la avalancha de turistas. Y todos dicen lo mismo: «¡Qué bonito es Muros!». Y lo es. Paseando el pueblo, subiendo sus escaleras, burlando a la lluvia en sus soportales, cortando calles por inverosímiles callejones, aún se aprecian detalles que podrían subir la nota final, como los cableados. Incluso cabe alguna reflexión, como el resultado de la reforma del deslumbran edificio del mercado, que prácticamente se ha quedado sin puestos ni clientes. En realidad, la mitad del casco histórico está vacío. Solo se llena en verano. La alcaldesa insiste en que el turismo ayuda a todos, no solo a la hostelería. Y el turismo tiene un mantra desde hace años: «¡Qué bonito es Muros!». Su trabajo le cuesta.

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