La delgada línea del carril bici

Recorremos una de las carreteras más transitadas por los ciclistas gallegos: muy bonita y muy peligrosa

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A Guarda / La Voz

A favor: día festivo. En contra: lluvia, viento y frío. Ayer por la mañana había que tener ganas para subirse a la bici y tirar por la PO-552 que traza la línea de costa entre Baiona y A Guarda y por la que se endurecen las piernas de cientos y cientos de ciclistas. Pese a que la meteorología decía que no, las bicicletas salieron, si no en masa, sí de forma notable. «Hay que mantener la forma», dice María, de 47 años. Se ha parado unos kilómetros más arriba de Samil con su compañera Sonia, de 45, y explica que los pequeños pretiles de goma que delimitan el arcén, generosamente llamado carril bici, tienen ventajas e inconvenientes: para adelantar, cuando hay coches en doble fila, contenedores... «Tuvieron que quitar algunos, aunque es verdad que da algo más de seguridad». En realidad, es lo único que separa a la bici del tráfico. Una línea demasiado frágil. Las chicas enseguida se pasan al otro bando: «Yo también soy conductora y cuando voy en el coche me dan pánico los ciclistas; falta mucho conocimiento y educación». Dicen estas dos viguesas que prefieren ir por el monte, es menos peligroso, pero ayer no hacía el día adecuado.

Hasta llegar a Baiona, el frecuentado carril bici es una callecita estrecha por la que no caben tres en paralelo. El que va en dirección Vigo es mucho peor, pero no le falta tráfico. Son lo que algunos usuarios me definirán como «los pro», los ciclistas más preparados, con mayor velocidad y habilidad, pero a veces también con mayor temeridad.

En Baiona, me cruzo con una prueba cicloturista en la que confluyen aficionados de tres concellos. Más de trescientos de todas las edades. «No solemos tener problemas con las bicis -contesta un policía local que está cortando el tráfico-. Pero también le digo que los ciclistas deberían pensar un poco más en los coches». En la marcha, algunos tienen bien trillada esa carretera: «El carril bici es para pasear, para el que hace deporte no vale», dice uno de ellos. Saliendo de Baiona, la zona de ciclistas cambia de color, gana en anchura y comienza una señalización que avisa de la presencia frecuente de ciclistas y del famoso metro y medio que hay que calcular para adelantarlos. Velocidad máxima, 10 kilómetros por hora. Así que los pro, que van hacia Baiona, lo hacen por la carretera, por un arcén donde apenas cabe la rueda de la bici. Y van flechados: «Eu, se podo e non hai xente, vou polo carril bici -aclara un chaval en Oia, que asegura salir tres veces por semana-. Pero a verdade é que poderían multarte por ir a máis de dez por hora». Por ese carril también van peregrinos. Y no pocos. El paisaje es deslumbrante, pero conviene no apartar los ojos del tráfico.

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Antes de llegar a A Guarda, veo bicis tiradas y un pequeño tumulto. Nada grave. Una señora se ha caído de su bici motorizada: «Ha sido culpa mía», admite. Rozaduras en la rodilla y un labio que ya se está inflamando. Que todos los incidentes en esta carretera sean tan graves como ese.

La educación, el mejor método para proteger

«Sí, sí, me he enterado», dice Rodrigo, un ciclista de 57 años que está comiendo un plátano entre Baiona y Oia. Es el único de la veintena larga de ciclistas a los que pregunto si sabe algo sobre el incremento de medidas para mejorar la seguridad de los ciclistas. El resto, ni idea. Y lo de dedicar más esfuerzos al control no parece convencer demasiado. En general, los ciclistas, al menos con los que puedo hablar porque se han detenido en algún momento, son también automovilistas y saben valorar la problemática desde las dos orillas: «Lo que no se puede es ir charlando tres en línea», dice Rodrigo, repitiendo un argumento que ya he escuchado varias veces.

¿Qué hacer para mejorar realmente la seguridad de los que pedalean? «Otro carril bici por el otro lado, por ejemplo», responde con desparpajo un ciclista que se prepara para salir en Oia con un maillot sin mangas pese a la temperatura y la lluvia. La mayoría de las respuestas, sin embargo, : «Tenían que empezar desde el colegio», defiende uno de los miembros de la marcha cicloturista: «Porque si se cargan las tintas solo sobre los conductores o solo sobre los ciclistas no llegaremos a ningún sitio».

Todos, o casi todos los ciclistas que se esfuerzan por la PO-552 saben lo que ha pasado en los últimos años, los accidentes registrados y los ciclistas heridos, alguno fallecido: «Pero no se puede pensar en eso. Si no, nadie saldría», dice otro joven ciclista antes de entrar en Baiona. «Yo no lo pienso», apunta otro en medio de la marcha cicloturista: «Aunque cada vez que hay un accidente, en mi casa me lo dicen. Les preocupa más a ellos».

De lo que no cabe duda es de que el número de ciclistas crece mucho más deprisa que las medidas e infraestructuras para su protección. Los que ayer salieron con el día que hacía son el mejor ejemplo.

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