Los narcos mantienen los antiguos métodos para traer la cocaína a Galicia

Los actuales clanes de la droga siguen fletando narcobuques y utilizando el gancho ciego

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Pontevedra / La voz

Los tiempos pasan, los rostros cambian, las tecnologías avanzan, pero los sistemas de introducción de la cocaína a través del litoral pontevedrés siguen sin apenas cambios. Y es que ya lo reseñaba el anterior fiscal antidroga provincial, Luis Uriarte, cuando afirmaba que la provincia de Pontevedra «se revelaría como una de las vías de entrada de cocaína en nuestro país que, una vez dentro del territorio gallego, sería después distribuida a otras regiones». Como contrapartida, las Rías Baixas ejercerían, en el caso del hachís y otros estupefacientes, como «un receptor más de las partidas introducidas en España a través de otros lugares».

Esta es una realidad que han vuelto a poner de manifiesto las dos últimas operaciones policiales llevadas a cabo frente a sendos narcobuques que habían partido de puertos sudamericanos con importantes partidas de cocaína en sus bodegas. En estos casos, las organizaciones siguen explotando un procedimiento al que ya echaban mano a finales de los ochenta.

El modus operandi habitual en estos casos es el de una embarcación que parte de Colombia, Ecuador o, como ocurrió hace escasos días, Venezuela, y que pone rumbo a un puerto gallego -Marín o Vigo siempre están en el punto de mira de los narcos- o portugués -la presión policial en los muelles pontevedreses ha provocado que cada vez sea más habitual que se opte por un enclave luso-. En estos casos, son varias las posibilidades que los clanes tienen a su alcance. En ocasiones tratarán de que el alijo recale directamente en un puerto para, posteriormente, trasladarlo a tierra y ocultarlo; en otras, se optará por realizar un trasvase de la cocaína desde el barco nodriza a un pesquero que sirva de nexo con las planeadoras que cubran la última parte del recorrido; y en otras, habitualmente cuando se trata de veleros y embarcaciones de recreo, se intentará atracar en un puerto deportivo sin levantar sospechas aprovechando que el control policial no es tan exhaustivo como en uno comercial.

De este modo, las organizaciones criminales desplazan importantes cargamentos. Solo en el pesquero abordado por los GEO al Noroeste de Cabo Verde se decomisaron 2.500 kilos de cocaína, mientras que el que fue interceptado por la policía ecuatoriana transportaba cinco toneladas y media de esta misma droga.

Ante este tipo de situaciones, las organizaciones criminales buscan minimizar riesgos y optan por alijos de menor cuantía. Así, en el caso de ser interceptados por las fuerzas y cuerpos de seguridad, las pérdidas económicas son menores.

En estos supuestos, lo habitual es que se opte por contenedores a bordo de buques que transportan carga legal. A veces, son las propias organizaciones las que fletan el buque con mercancía que tiene toda la documentación en orden y entre la que camuflan los estupefacientes, mientras que, en otras ocasiones, ni la tripulación ni el armador conocen la existencia de la droga.

Es aquí donde surge el gancho ciego. En el puerto de origen, las redes rompen los precintos de los contenedores, introducen una pequeña partida de coca y colocan unos nuevos precintos. El mismo sistema se utilizará una vez el barco llegue a destino, donde, una vez más, se pondrán precintos para no levantar sospechas.

El gancho ciego tiene otra variación, la del tripulante que esconde la droga en su camarote y que la entrega en el punto convenido. Hace escasos días, la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Servicio de Vigilancia Aduanera desmantelaron en aguas de Pontevedra una alternativa a este sistema y de la que, por primera vez, se tenía constancia en Galicia, ya que era un polizón el encargado de traer la droga.

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