«Ha sido cosa de Dios», dice el padre de la niña que se salvó tras caer de un tercero

Victory, de 4 años, se recupera en el hospital de sus heridas, que no revisten gravedad


A Coruña / La Voz

Tres pisos. Unos diez metros de altura y, al final, una acera de cemento. Cualquier persona que cayese desde esa distancia sufriría, probablemente, graves heridas. Es explicable entonces la sorpresa de las enfermeras que atienden a Victory, todavía en la planta de escolares del hospital materno de A Coruña, pues esta niña de 4 años y 3 meses cayó el miércoles desde la ventana de su vivienda en la avenida de la Concordia, en el barrio coruñés de los Castros.

«Que no haya pasado nada más grave no tiene explicación. Esto ha sido cosa de Dios», afirma Felix Saye, el padre de Victory, todavía con voz temblorosa y con cara de no haber descansado bien durante los dos últimos días. El hombre, de origen nigeriano, reconoce que continúan «muy preocupados» por el estado de la pequeña, pero no oculta su felicidad por que Victory se encuentre bien. «La subieron a planta desde la uci ayer por la tarde [por el jueves]», cuenta el progenitor, mientras otro familiar está en todo momento pendiente de la niña, que descansa en una de las habitaciones del hospital.

Victory convive con un hermano pequeño, sus padres y un tío en el piso desde el que se precipitó a la calle. La familia lleva cinco años en la vivienda y «nunca había habido ninguna situación de riesgo». La niña se encontraba sola en casa en el momento en el que cayó. «No suele quedarse sola en casa nunca, pero su madre tuvo que ir a buscar a su hermano a la guardería -situada en la misma calle del edificio- y su tío estaba subiendo al piso cuando pasó», explica Felix Saye, que insiste en el sentimiento de culpabilidad que tuvieron desde el primer momento: «Lo hemos pasado muy mal hasta ahora».

Mientras su padre relata las últimas 48 horas, a Victory todavía no se le ha quitado la cara de susto. Junto a una familiar, que le agarra la mano, se revuelve en la cama de su habitación, moviendo el cuerpo de un lado a otro. Las primeras exploraciones descartan cualquier tipo de lesión medular. La niña, que impactó contra el cemento de la acera con el pecho y no con la cabeza, siente «dolor en la barriga y en las costillas», tal y como explica su padre. Además, uno de los brazos lo tiene vendado, también como consecuencia del golpe. Más allá de eso, no hay indicios de otras lesiones graves, aunque «todavía le tienen que hacer varias pruebas para tenerlo claro», afirma su padre.

«Es un milagro», sentencia Felix, que por la tarde se ocupó de su otro hijo mientras su esposa era la que cuidaba de Victory. Su madre, también visiblemente cansada, confirma que todavía le aguardan unos días más en el hospital. De lo que no hay duda es de que los casos como el de Victory casi nunca tienen este final.

Factores

Al margen de la fortuna, existen diversos factores que inciden en que una caída de altura resulte letal. Sin entrar a valorar el caso concreto de la pequeña, junto a la distancia «es muy importante la posición en la que se produce la caída», explica José Manuel Fandiño, coordinador de urgencias del Complexo Hospitalario Universitario A Coruña, así como si durante el descenso existen obstáculos que frenen la precipitación, como toldos, tendales o árboles, y también «la superficie sobre la que se impacte». La colisión no es igual si se produce contra el asfalto, el césped o el capó de un coche, que absorbe parte del golpe. En este sentido, el especialista subraya que caerse desde escasa altura puede ser mortal «si se impacta directamente con la cabeza; puedes precipitarte desde un primero y matarte si sufres un traumatismo craneoencefálico, con fractura cervical alta porque acaba comprometida la respiración y desemboca en parada cardíaca».

La altura puede también resultar determinante no solo por el impacto, sino «por la desaceleración brusca al chocar contra el suelo», añade, que suele provocar desinserciones importantes en el organismo y lesiones internas de gravedad. «Esto también puede suceder en accidentes de tráfico», añade Fandiño antes de aludir a los casos en que «el latigazo por la frenada repentina al chocar contra el cristal puede romper la aorta». En todos los casos, Fandiño también destaca la importancia para la supervivencia de «poder dar al accidentado un soporte médico vital de calidad de forma inmediata o en un muy corto período de tiempo».

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