El Imelga alerta sobre el fallecimiento de personas que viven solas

«Cuando nadie los echa de menos, nos toca ir a nosotros», dice una forense de Vigo

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vigo / la voz

Forenses del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga) siguen de cerca el fenómeno de las muertes de personas que viven solas, generalmente en entornos urbanos. La preocupación aflora un año después de que un indigente de Vigo que tenía 3.500 amigos en Facebook y otros 500 en Linkedin muriese solo cubierto de una montaña de bolsas de basura en la puerta de su casa en Coruxo. Padecía el síndrome de Diógenes. La alerta la dio una amiga de Facebook de Canarias con la que chateaba, la única que lo echó de menos y alertó a la Policía Local de Vigo. Fue enterrado en una tumba municipal anónima que fue identificada con un número y solo dos vecinas de sus padres acudieron al sepelio. Unas semanas antes, una mujer de 50 años con síndrome de Down murió sola en su casa después de que su octogenario padre fuese internado en el hospital. Unas vecinas la visitaban pero la joven dejó de abrir la puerta durante unos días. Los trámites burocráticos para entrar en el piso se demoraron tres días hasta que la policía accedió a la vivienda y la hallaron muerta. Había fallecido cuatro días antes.

Una forense del Imelga explica que los casos conocidos de la gente que muere sola son la punta del iceberg porque otros muchos decesos son certificados por el médico de cabecera o en una cama del hospital sin intervención del forense ni la autoridad judicial. Además, muchos ancianos que viven solos disponen de un teléfono de la Cruz Roja con el que, al pulsar un botón rojo, la centralita les envía una ambulancia para prestarles asistencia clínica.

Aunque la mayoría son personas mayores, una parte de las muertes en soledad están ligadas al mundo de las drogas y la exclusión social y un entorno con dificultades económicas, a lo que se suma una patología psiquiátrica. «Cuando nadie los echa de menos es cuando nos llaman a nosotros. Pero es difícil establecer un patrón. Ni siquiera tenemos datos para decir si estas muertes están aumentando o no, no lo podemos asegurar porque somos los últimos en conocer estos casos», dice una doctora del Imelga.

Respecto a casos como el del síndrome de Diógenes, la forense explica que «los servicios sociales lo sabían, los vecinos dieron la alerta y nosotros fuimos los últimos en llegar para hacer la autopsia. Esto pone en evidencia que antes del levantamiento del cadáver hubo una larga trayectoria que incluye la intervención de los servicios sociales y otras instituciones para tratar a estos pacientes que viven solos».

Esta experta dice que «el problema del aislamiento social existe y los médicos de cabecera lo saben». Pero la alarma salta porque cuando aparece un caso dramático como este «nos encontramos con que Vigo no es una ciudad marginal, esto ocurre en el propio centro».

Aislamiento urbanita

Detrás de estos dramas urbanos hay muchas familias que emigraron a la ciudad y se disgregaron, de forma que cada miembro reside en un lugar distinto. Los forenses ven una clara relación entre la emigración a la ciudad, que comenzó en la época del desarrollismo en los años 60, la disolución de los lazos familiares y el número de fallecidos en soledad. «Hace varias décadas, lo normal era que la familia viviese junta toda la vida, unos cuidaban de los otros. Pero ese soporte vital ya no existe en la ciudad», dicen en el Imelga.

La misma experta explica que «ha habido una movilidad geográfica de forma generalizada a la ciudad y muchas personas viven ahora solas. Existe un aislamiento social. En el rural aún queda el sostén de la familia al llegar la vejez, el entorno cuida de uno, y por eso se producen menos casos de muertes en soledad que en el mundo urbano».

A todo esto se suma el caso de ancianos que sufren caídas en sus viviendas y no se pueden levantar durante horas hasta que un familiar o un vecino los echa de menos u oye sus gritos de socorro. Los bomberos suelen acudir una o más veces por semana a rescatar a alguna anciana atrapada en su propia casa.

«Algunos mayores son ricos, pero no se acuerdan de que disponen de medios económicos. Eso les impide contratar ayuda»

El problema de las muertes en soledad alcanza a todas las clases sociales, según fuentes del Imelga. Esto se debe a que personas con recursos económicos no los usan para obtener atención médica por la sencilla razón de que, a causa de un grave deterioro cognitivo, no se acuerdan de que tienen dinero o no saben cuánto tienen. «Hay gente rica que vive sola y no recuerdan qué bienes tiene ni con qué patrimonio cuenta. Eso les impide contratar ayuda», dice. Sus recursos económicos les podrían servir para obtener servicios de ayuda a domicilio o ingresar en una residencia, pero han perdido su habilidad para llevar sus cuentas.

También se da el caso de aquellos que no se les ha olvidado que disponen de riqueza suficiente para vivir una vejez solitaria con dignidad pero «viven en la marginalidad porque no saben usar el dinero». En algunos casos, sufren síndrome de Diógenes y caen en una espiral de miseria que agrava su salud física y mental y los aleja de la vida social. Otros han perdido las habilidades necesarias para gestionar su patrimonio.

Hace un año, una magistrada de Vigo que estaba de guardia mostró su preocupación al detectar quince muertes en solitario en algo más de una semana. Por su parte, la Fiscalía abrió una investigación por la mujer con síndrome de Down que murió sola en su casa para mejorar el protocolo de actuación de los servicios sociales y la Justicia, sobre todo cuando se producen casos urgentes en los que hay que abrir la puerta pronto.

Los vecinos son muchas veces quienes avisan cuando llevan días sin verlos

En plena Semana Santa, la policía descubrió, en el piso de Ferrol en el que vivía solo, el cadáver de Francisco Javier Beceiro Sedes, de 56 años. Su cadáver había permanecido quince días tendido en el suelo de su vivienda, según determinó después la autopsia, con la única compañía de su perro. No fue su ausencia la que alertó a los vecinos, sino el mal olor que comenzó a invadir el edificio. El hombre había recibido una importante herencia, pero estaba previsto que fuese enterrado con cargo a la beneficencia. Su caso no es el único que ha salido a la luz este año de personas que murieron solas en su casa.

A finales de marzo el cadáver de un hombre de 83 años fue localizado en su casa de Lugo, donde llevaba muerto varios días. Tras varios días sin verlo, fueron los vecinos quienes alertaron a los servicios de emergencias.

Una mujer de unos cuarenta años que vivía sola y estaba enferma apareció muerta en su vivienda de Vilagarcía a mediados del mes de marzo como consecuencia de una caída.

En Verín fue hallado, en los últimos días del mes de enero, el cuerpo sin vida de un hombre, octogenario, que vivía solo. Los vecinos habían avisado a la Guardia Civil tras detectar que llevaba varios días sin salir de su domicilio.

El 23 de enero un hombre de 71 años aparecía muerto en su piso de Ribadeo, donde podía llevar una semana sin vida. Fue un vecino el que avisó después de varios días sin verlo.

En Reyes, otro hombre fue localizado muerto en su domicilio de Pontevedra. Tenía 73 años y no se tenían noticias de él desde los últimos días del año. Vivía solo y no tenía familia directa, y fue el presidente de la comunidad de vecinos el que alertó a la Policía Nacional. El hombre llevaba varios días muerto.

A tiempo

Afortunadamente, hay ocasiones en las que el rescate llega a tiempo y las personas son localizadas con vida. Un caso reciente se produjo en Vigo, donde en el mes de febrero la Policía Local rescató a una mujer de 96 años que se había caído de la cama y que llevaba dos días tendida en el suelo. La mujer vivía sola y no tenía familia. Fue, también en este caso, una vecina la que avisó a los servicios de emergencias porque llevaba dos días sin verla.

121.000 mayores de 65 años viven solos en Galicia

En Galicia había, al finalizar el 2016, y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 270.900 hogares habitados por una sola persona. Son casi uno de cada cuatro, pues la cifra total de hogares en la comunidad supera ligeramente el millón. De esas personas que viven solas, 119.000 tienen 65 años o más, mientras que las 151.900 restantes son menores de esa edad. En cuanto al sexo, 123.500 personas de las 270.900 que viven solas en Galicia son hombres, mientras que las 147.400 restantes son mujeres.

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