La vigilancia policial contra la venta de drogas en los colegios de Vigo fue clave para detectar a Papuchi

El detenido fue vigilado durante dos meses y los investigadores constataron que se trata del mayor depredador sexual de menores que se conoce en la ciudad


vigo / la voz

La vigilancia policial en los colegios de Vigo para controlar a los camellos que venden drogas a la puerta del centro escolar fue clave para detectar al supuesto pedófilo Carlos V.I., hostelero vigués de 40 años y conocido como Papuchi o el Papi. Invitaba a los niños a pasear en su coche deportivo y su barca de recreo, a comer gratis pizza en su restaurante italiano o a ver películas en su apartamento, sesiones regadas con alcohol, fotos de desnudos, visionado de pornografía y tocamientos a sus víctimas. Los más jóvenes picaban atraídos por la imagen de triunfador y hombre de negocios de éxito que lucía el implicado, un antiguo directivo de banca y asesor de finanzas.

En febrero, los agentes camuflados que hacían vigilancias rutinarias en busca de traficantes de estupefacientes que merodeaban por los colegios detectaron la presencia de un ejecutivo a bordo de un coche deportivo que abría la puerta e invitaba a subir a dos niños.

Los policías hicieron más rondas por los centros escolares y vieron varias veces al conductor con más niños a bordo de su deportivo. Bien podría ser un padre que iba a buscar a sus hijos y a amigos de estos, pero lo raro es que los menores eran distintos cada vez. Los policías antidroga ataron cabos y sospecharon que podría haber algo turbio detrás.

Un policía alertó de los hechos y un equipo especial de la Unidad Atención a la Familia y la Mujer (UFAM) hizo seguimientos al sospechoso durante dos meses hasta concluir que habían descubierto al mayor depredador sexual de menores que se conoce en Vigo en cuanto a la cantidad de víctimas. Hay contabilizados 15 afectados y al menos ocho menores han denunciado abusos.

La investigación cree que el número de perjudicados es mayor, porque solo ha podido reconstruir los pasos de Papuchi de cuatro o cinco meses atrás. Pero los testimonios recabados por los agentes revelan que el implicado llevaba actuando mucho tiempo, siempre con gran discreción cuando se trataba de menores de 16 años. No se espera que se sumen más víctimas al proceso por cuestiones de vergüenza y porque con los testimonios que hay son suficientes para condenarlo.

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