Del timo de la rotonda al difunto que sigue cobrando su pensión

El catálogo de engaños a las compañías aseguradoras, y también al erario público, es amplio

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redacción / la voz

Desde los pícaros que engañaban a los peregrinos, que mientras buscaban liberar su alma de pecado veían cómo era su zurrón el que se despojaba de monedas, hasta el mundo que comienza a perseguir el ciberdelito ha cambiado la sofisticación de los engaños, pero no sus fines. Los pícaros siguen existiendo, y también los delincuentes, y con el mismo objetivo que siempre: el provecho económico.

Accidentes

Lo más común. A la cabeza del ránking de la picaresca española están hoy los fraudes relacionados con el coche. Simular o provocar accidentes leves para timar a los seguros es tan habitual que estas prácticas, según un estudio de Línea Directa, suponen un coste anual para el sector asegurador de casi 1.200 millones de euros. Hace algunos meses, la Guardia Civil de Tráfico investigó en Vigo a nueve familiares y amigos que supuestamente habían urdido el que se bautizó como el timo de la rotonda. El procedimiento era tan sencillo como llenar dos coches de pasajeros y circular por una glorieta (en este caso, una de Coia) hasta provocar una colisión con un vehículo que circula por el interior. La víctima se declaraba culpable y firmaba un parte amistoso. Según Tráfico, podrían haber realizado gastos por asistencia médica valorados en 14.500 euros y cobrado indemnizaciones por 78.000. Otro caso curioso tuvo también Vigo como escenario. Un juzgado de esta ciudad exculpó a ocho jóvenes, amigos en la red social Facebook, acusados de amañar un accidente. El siniestro se saldó con siete heridos e hizo sospechar a las aseguradoras porque de los ocho ocupantes solo salió ilesa la conductora que había causado el percance, la única que no tenía derecho a cobrar indemnización por lesiones. El tribunal, sin embargo, consideró que agregar en Facebook no se puede considerar amistad. En Lugo fueron investigadas cuarenta personas por quemar y destrozar coches inservibles. En Ourense, un hombre fue condenado a un año de prisión y 1.600 euros de multa por ocultar un accidente grave para cargar los gastos a un choque leve con otro coche. Pero a las triquiñuelas clásicas para cobrar indemnizaciones o para reparar arañazos del coche a cuenta de un seguro se suman prácticas nuevas. Es el caso de una persona detenida hace unos meses en Tui. Supuestamente provocaba que se le retirasen puntos del carné de conducir con el fin de poder cobrar las pólizas de seguro que había contratado con hasta siete compañías para cubrir la pérdida de vigencia del permiso. Llegó a percibir 55.832 euros.

Falsos robos

Móviles, joyas o mobiliario. Otra de las estafas que dan más trabajo a la policía y más quebraderos de cabeza a las compañías son aquellas cuyos autores denuncian haber sido víctimas de robos inexistentes. La práctica extendida en los últimos años de contratar seguros para los teléfonos móviles o para las tabletas ha desembocado en numerosas denuncias de personas que aseguran haber sido víctimas de un robo para que la compañía les sustituya un aparato que en realidad siguen teniendo. La mayor parte de estos engaños son detectados, puesto que la policía puede saber si los aparatos siguen siendo utilizados. Pero hay más casos. ICEA, una asociación española de corredores de seguros, convoca cada año un concurso sectorial de detección de fraudes. En la última convocatoria el segundo premio correspondió a un caso gallego, concretamente a una aseguradora que detectó que el propietario de una discoteca en la provincia de A Coruña, que había presentado una denuncia por un robo en su local, en realidad estaba intentando estafar al seguro. Hace unos meses, una vecina de Xinzo fue detenida por fingir el robo de una pulsera valorada en 6.000 euros y 4.500 euros en efectivo.

Incendios intencionados

Un local en crisis. Otra modalidad es la que intentó, por ejemplo, el dueño de un local coruñés al que le iba mal el negocio y que intentó poner fin a sus problemas financieros a base de gasolina. Meses antes de prender fuego al local había firmado pólizas con cinco aseguradoras, pero un perito descubrió la estratagema.

Lesiones

Fingidas o provocadas. Fingir enfermedades o lesiones accidentales es otra de las prácticas que tienen como fin estafar a las aseguradoras o al erario público, según los casos. Se han detectado incluso casos de familias que siguen cobrando la pensión de un familiar muerto. Y hay hasta personas dispuestas a infligirse daño a sí mismas para recibir una compensación económica. Es el caso, por ejemplo, de un hombre que se amputó una mano para cobrar las pólizas que había suscrito con ocho compañías.

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