«Los grupos de WhatsApp empiezan de forma inocente y después se complican»

Los profesores alertan de los problemas de convivencia que los chats de padres están creando en los colegios


redacción / la voz

Los profesores coinciden en una cosa: «Los grupos de WhatsApp empiezan de forma inocente, en infantil, y después se complican» hasta llegar a crear situaciones realmente conflictivas en las últimas etapas de primaria o en secundaria. Durante los últimos años, dicen los docentes, han notado mucho, y para mal, la influencia de las redes de mensajería instantánea en sus relaciones con las familias. Hasta tal punto que una maestra llega a decir: «Llevo 36 años en la enseñanza y nunca he vivido una situación así».

Situaciones parecidas a la que esta semana llevó a una madre ante un juzgado de Vigo acusada de injurias o calumnias a una profesora. O como la de un grupo de padres que crearon un chat para comentar los cumpleaños de los niños o la actualidad cotidiana de las clases y acabaron protestando porque el rey Baltasar de la cabalgata no era negro. Un conflicto que debió de hacer subir los grados del chat hasta tal punto que algunas madres decidieron abandonar el grupo.

Ni siquiera incorporar a los profesores al chat es una garantía. En un aula de infantil en la que la maestra se sumó al grupo de WhatsApp no tardaron en surgir las desavenencias.

«En mi colegio -explica una docente- se empezó también en infantil. Lo primero fueron los regalos de la profesora, pero ya en la ESO la situación se complicó». El desacuerdo de una familia con una profesora por un examen generó «un efecto bola de nieve» entre los demás padres. Fue «una espiral de locura» en la que «se notó mucho que fue a través del WhatsApp, un momento muy duro».

A veces, cuando algunos padres a los que no les gusta el cariz que está tomando el chat lo abandonan, los más críticos reaccionan y rebajan el nivel de crispación. Por eso algunos profesores recomiendan que se dejen esos grupos que contienen insultos o descalificaciones, porque «eso sí afecta».

Los educadores tampoco creen que la solución pase por poner distancia entre colegio y familias. Hace años se optó por la transparencia en los centros, y esa vía, dicen, no debe abandonarse. «La transparencia es para que los padres puedan opinar y reclamar, y eso es lógico, pero no se puede llegar a estos extremos». «Puede ser por cualquier cosa, desde el negro de la cabalgata a cualquier otro detalle». La chispa está en el lugar más insospechado. Y cuando prende es difícil la vuelta atrás. Sobre todo cuando el lugar en el que salta, en este caso el WhatsApp, está pensado para expandir de forma viral todo lo que le llega, tanto lo bueno como lo malo. 

No solo en el colegio

Hablan de lo que ocurre en el colegio, pero los profesores saben que no es el único ámbito en el que se reproducen escenarios de este tipo. En otras áreas de actividad de los pequeños también ocurre. Sobre todo en el deporte.

Las consecuencias las pagan los profesores, algunos incluso con bajas laborales, dicen. Pero sobre todo las pagan sus alumnos. «Los padres les quitan la autoridad a los profesores y eso llega a oídos de los niños. Es muy perjudicial», dice una maestra. Sobre este punto alertaba, precisamente, el presidente en Galicia del sindicato de docentes ANPE, Julio Díaz, quien afirmaba en relación con este asunto que «hay una persona que imparte docencia y otra que la recibe, y si ambos estamos al mismo nivel, estamos perdidos».

Dentro de sus posibilidades, algunos centros educativos han empezado a tomar medidas para tratar de reconducir la situación. En algún caso han comenzado a rotar a los niños de clase de un curso a otro para que no coincidan siempre los mismos padres y tratar así de limitar la deriva de los grupos de WhatsApp hacia situaciones de conflicto.

Huir de las críticas al profesorado y plantear las quejas cara a cara, consejos de los expertos

Educadores y pedagogos lo tienen claro: la mensajería instantánea no es mala en sí misma, e incluso puede ser un instrumento muy útil si se utiliza de forma adecuada. Para hacerlo, la primera regla que deben seguir los usuarios es evitar las críticas destructivas, tanto a profesores como a otros padres o incluso a alumnos, que también ocurre. Cualquier queja o duda con respecto a la actuación del profesor debe hablarse directamente con él. Incluso, si esto no surte efecto, puede recurrirse a la dirección o a la autoridad educativa correspondiente, pero el grupo de WhatsApp nunca es el cauce.

Tampoco deben divulgarse rumores ni difundirse a través del chat contenidos que puedan ser ofensivos o que atenten contra la privacidad de las personas.

Otro uso inadecuado de las redes de mensajería, y muy extendido también, es el de funcionar como agenda de los estudiantes. A través de estos grupos son los padres los que están pendientes de los deberes, las actividades y los exámenes de los niños. Y esto, dicen los expertos, es un error. Los menores, apuntan, deben aprender a hacerse responsables de sus tareas, autónomos y a resolver ellos mismos sus problemas. Con el apoyo de los padres, sí, pero ellos solos.

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