Los profesores ven en los grupos de WhatsApp una amenaza a su autoridad

Advierten sobre los chats de padres que cuestionan el papel de los maestros

¿Whatsapp, una herramienta educativa o un problema de convivencia? Los grupos de WhatsApp de padres están de nuevo en entredicho y provocan un incremento de las quejas de los profesores. ¿Cómo evitar que estos chats deriven en un conflicto? Analizamos su uso con docentes, padres y una psicóloga

redacción / la voz

«Los padres se convierten en los sindicalistas de sus hijos». Es la advertencia que lanza Antonio Rial Boubeta, profesor de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Santiago, para quien el juicio a una madre de Vigo por calumniar a una profesora a través de un grupo de WhatsApp de padres es un síntoma más de cómo «están cambiando las relaciones en la comunidad educativa». Ese cambio se traduce, explica, en el menoscabo de la autoridad de los profesores, un aspecto sobre el que alertan los docentes. Julio Díaz, del sindicato ANPE, incide sobre este punto: «Hay una persona que imparte docencia y otra que la recibe, y si ambos estamos al mismo nivel, estamos perdidos».

El profesor, recalca Antonio Rial, tiene que tener la capacidad de sancionar a sus alumnos, y esta se pierde cuando los padres cuestionan sus métodos en público y, sobre todo, cuando lo hacen delante de sus hijos. «Si los profesores ya no tienen autoridad y los padres tampoco la tienen en casa, tenemos el síndrome del emperador», dice.

El problema, grave en sí mismo, se agudiza cuando entran en acción las redes sociales, como en este caso el WhatsApp. «Los padres a veces no son conscientes de la problemática de las redes sociales y multiplican las conductas conflictivas», dice el profesor de la USC, para quien «no es ejemplarizante resolver los conflictos a través del WhatsApp». No es un ejemplo para los menores y además puede llegar a ser un delito, porque en casos graves se puede llegar a las calumnias, las injurias, e incluso al ciberacoso.

Para Julio Díaz se trata de un «problema grave» que comienza a llegar a los juzgados y que, si no se ataja, «cada vez va a provocar más denuncias». «No es un comentario a la puerta del colegio, que se queda entre dos o tres padres, sino una cosa viral que a veces llega a ser un delito, incluso acoso», destaca. Pero los efectos de los grupos de WhatsApp de padres van incluso más allá. El presidente de ANPE en Galicia destaca que muchos niños «no tienen autonomía» porque los padres han asumido su agenda a través de esos grupos y no tienen que preocuparse ni de recordar los deberes que deben hacer ni de la fecha de sus exámenes.

¿Cómo deberían actuar, pues, los padres? Según Díaz, ante cualquier duda o queja que tengan sobre la educación de sus hijos, el primer paso debe ser «ir a hablar con el profesor, contrastar las cosas, canalizar las quejas como hay que canalizarlas». En este sentido, destaca que en caso de que el docente no atienda sus demandas, puede recurrir al equipo directivo, o incluso a la Administración educativa. Las redes de mensajería, insiste, no son el medio adecuado para encauzar las quejas.

Díaz Escolante incide, además, en la importancia que tiene, a su juicio, «solucionar la brecha digital», tanto en el caso de los padres como en el de los profesores. «Necesitamos formación. Los alumnos controlan más que nosotros las nuevas tecnologías. El principal objetivo de un profesor es hacerse entender, y si no domina los medios a su disposición, difícilmente puede hacerlo», recalca.

Un club de fútbol: «Echamos a un hombre del foro porque quería subir de categoría al hijo»

Algunos clubes de fútbol de categorías infantiles y juveniles han tenido problemas con los grupos de WhatsApp de padres que han creado para que el entrenador del equipo informe de las convocatorias de los jugadores y dé explicaciones de por qué otros quedan en el banquillo. El secretario del club Arenas de Alcabre, Enrique Vázquez, comenta que «algún padre ha sido eliminado del WhatsApp porque decía [con malas formas] que su hijo debía jugar en categorías superiores. Otro ponía verde al entrenador. Lo malo de esto es que no hay control. Algunos creen que tienen a Messi, si el niño destaca ya se creen que puede mandar sobre el club». Ahora, el club administra el grupo del equipo aunque los padres tengan otro privado.

La Confapa pide que no se criminalice a las familias por conflictos puntuales

La visión de las familias con respecto a los grupos de WhatsApp es menos pesimista que la de los profesores. Desde la confederación de asociaciones de padres Confapa-Galicia piden que no se criminalice a los padres por crear grupos de WhatsApp que, «na práctica, o único que fan é estimular a participación e a colaboración de todas as familias no proceso educativo dos seus fillos». La Confapa no se explica que «non sexan os propios profesores os que de xeito xeneralizado pidan participar nestes grupos e non empreguen estas canles de forma normalizada para construír unha comunidade escolar participativa». Es más, cree que en el caso de Vigo no se hubiese llegado a esos extremos si la profesora participase en el chat.

Las asociaciones de padres recuerdan que la tecnología llegó para quedarse y destacan que, «por suposto», es una obligación de los padres emplear esas herramientas con responsabilidad. Conflictos como el de Vigo, opina la Confapa, «non teñen que ver en si mesmos coa ferramenta, senón coa propia forma de tratar estas cuestións por parte das familias», de manera que este problema «tería xurdido igualmente sen necesidade de que se empregase WhatsApp».

Por su parte, Educación circunscribió ayer el problema de Vigo a un conflicto particular entre dos adultos, madre y profesora.

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