«Ya solo nos queda Cáritas»

Unos tres mil residentes en Galicia llevan al menos 14 meses sin cobrar la pensión que Venezuela ha dejado de pagar. El subsidio inexistente les impide pedir ayudas en España


redacción / la voz

José Antonio Fernández tiene 77 años y da gusto oírle hablar: «Venezuela es mi patria adoptiva. Allí pude estudiar. Primero me convertí en maestro de primaria y acabé siendo profesor universitario». Venezuela, la tierra a la que había emigrado con 19 años, le proporcionó una beca para estudiar en Londres y su tesón y su talento le procuraron un buen empleo y una posición. Pero su Venezuela cambió: «La situación se puso muy difícil. A mí hasta llegaron a secuestrarme para robarme el coche». Una enfermedad y la inseguridad sanitaria en la que vive el país le llevaron a tomar en consideración los consejos de sus hijos, instalados ya en España: «Les hice caso. Contando, claro, que iba a cobrar aquí mi pensión». La tramitó en el 2015, pero todavía no ha visto ni un euro: «Vinimos con unos ahorros, pero ya se nos han agotado. Ahora mismo ya solo nos queda Cáritas».

En la situación en la que se ve José Antonio y su familia están otras tres mil personas aproximadamente que residen en Galicia. Algunas nacidas en Venezuela, pero la mayoría son gallegos que emigraron a ese país, han retornado a Galicia y han dejado de cobrar su pensión desde hace algo más de un año. Lo peor de su situación es que no pueden tramitar en España ayuda de ningún tipo. Pueden hacerlo, sí, pero se las deniegan siempre porque son titulares de una pensión venezolana. Una pensión que ninguno cobra. Así que están atrapados en una situación que les aboca a la miseria.

Nancy Ramírez es otra de las afectadas. Nació en Venezuela y trabajó para la Administración hasta que enfermó. También viajó a España aterrorizada por el nivel de violencia con el que tenía que convivir en Caracas: «Me secuestraron dos veces y me asaltaron muchas más». Ahora vive con uno de sus hijos en Vigo: «Fíjese, yo, que siempre fui independiente, lo que me toca vivir ahora. Pero es que no tengo, no tengo». Nancy llegó a cobrar su pensión y a organizar su vida en Galicia con los ingresos que recibía de Venezuela y que llegaron a ser de 1.300 euros. Pero la catastrófica deriva económica del Gobierno venezolano la ha dejado sin nada.

«Hay bastante gente que ya lleva más de dos años sin cobrar», explica Fernanda Ruiz, que ejerce como portavoz de este colectivo formado en su mayor parte por personas que están entre los 70 y los 80 años y a los que les resulta ya muy complicado gestionar el laberinto burocrático en que se hallan: «Lo que queremos es que se reconozca que no están recibiendo la pensión». Solo con eso estarían ya en disposición de recibir alguna ayuda.

Esteban es otro de los afectados. Con 84 años se está viendo más apurado que nunca. Vive en Vigo con un hijo, su mujer y dos nietos. Ninguno tiene trabajo: «Los chavales van de casa al colegio y del colegio a casa, porque no hay ni un euro para meterles en el bolsillo». Cuenta su peripecia y acaba algo enfadado: «Es que yo me he pasado la vida trabajando y cotizando. No pido que me regalen nada. Lo que me den, lo devolveré cuando reciba mi pensión». De momento, la única ayuda que les llega es también la de Cáritas.

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