¡En Galicia somos felices!


Profesor visitante en la Universidad de Berkeley

En Galicia se vive muy bien y por término medio más años que nadie y, sin embargo, la crisis demográfica gallega es incuestionable. Pero, ¿quiénes son los que no viven tan bien? Pues los que deben marcharse, nuestros jóvenes cualificados sin futuro claro en Galicia. El envejecimiento solo se supera con la recuperación de la natalidad, pero sobre todo con la capacidad de evitar la emigración y atraer a los jóvenes. Pero para ello necesitamos un proyecto colectivo de futuro en Galicia; una auténtica y creíble planificación que sea capaz de aunar voluntades comunes. Hay que superar las burocracias, facilitar la innovación, la creatividad, la responsabilidad social y ambiental, y, muy importante, atrayendo el interés de los miles de jóvenes gallegos residentes en el exterior o encaminados a ello. Los jóvenes cualificados emigrantes y los de padres emigrantes pueden ser el motor de tracción para avanzar en la superación de la crisis demográfica. Son recursos humanos con un potencial en capital social, incluso financiero, que pueden crear redes comerciales, de negocios, educativas, de investigación o culturales con el exterior. Además de traer nuevos valores, mentalidades, innovaciones, etc. En la historia de Galicia tenemos ejemplos como el impacto modernizador de los indianos de principios del siglo XX, quienes trajeron tecnología, crearon periódicos, bancos, escuelas o incluso importaron el churrasco. El caso irlandés ha sido ejemplar al respecto, pues es el país europeo con la mayor renta per cápita y vitalidad demográfica que, al igual que Galicia, experimentó una fuerte emigración tradicional y tuvo problemas con las economías rurales de minifundio. La solución no es individual en cada provincia, municipio o Xunta a partir de ocurrencias como las caravanas de mujeres, los cheques bebé, el autobús para jóvenes, las viviendas gratis en pueblos o aldeas de pensionistas. Necesitamos hojas de ruta precisas, liderazgo político y planificación global, lo que implica cambios en las formas de hacer política. La Xunta no puede despachar su responsabilidad en el Gobierno de Madrid aduciendo que el problema demográfico es generalizado; es preciso enfocarse en el problema desde la capacidad de autogobierno, pero apartando demagogias y el oportunismo mediático. Nuestro mercado de trabajo interno es netamente insuficiente, nuestras ciudades no son dinámicas, nuestra sociedad es conservadora, nuestro sistema educativo escasamente innovador; pero vivimos más años que nadie, la gastronomía es excelente, recibimos más turistas que nunca, los astilleros tienen carga de trabajo, exportamos, las pensiones están aseguradas, sede de la gran multinacional textil del mundo… Visto así, parece que ¡en Galicia somos felices!

Carlos Ferrás es Profesor visitante en la Universidad de Berkeley.

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