Nos llamábamos María, nos llamamos Noa

Los nombres compuestos desaparecen del ránking y hoy predominan los de dos sílabas

Los nombres de moda, así hemos cambiado Si en los años 30 José era el hombre favorito para los varones y María para las mujeres, Hugo y Sara ocupan ahora el trono

redacción / la voz

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que los calendarios eran también un santoral, en el que muchos recién nacidos recibían el nombre del santo del día en el que venían al mundo y en el que los profesores, al pasar lista, llamaban una y otra vez a María, Carmen, Manuel o José. Ese tiempo ha pasado. Los maestros que hoy están a punto de la jubilación han tenido que acostumbrarse a las Saras, a los Hugos, a las Noas o a los Mateos, después de pasar por aquella moda de los nombres compuestos tan poderosa hace tres y cuatro décadas.

Los gallegos se llaman hoy de una manera diferente a como lo hacían hace solo una década, y muy distinta a como se llamaban hace 50 o 70 años. No es un fenómeno nuevo: las modas cambian, también en la onomástica. Pero las modificaciones legales primero y la televisión e Internet más tarde han acelerado esos cambios al mismo tiempo que los han condicionado.

La llegada de la democracia hace cuatro décadas permitió que los niños pudiesen recibir nombres en cualquiera de las lenguas del Estado y, pocos años después, se admitieron los nombres extranjeros. Paralelamente, se iba abandonando el santoral. Las posibilidades se ampliaron y los padres las aprovecharon. El resultado fue una mayor variedad en los nombres gallegos.

Los datos que ayer hizo públicos el Instituto Galego de Estatística (IGE), que recogen los nombres más frecuentes de los niños gallegos por decenios, atestiguan esa evolución. Antes de 1930 los cinco nombres de niña más frecuentes eran, por este orden, María, Carmen, Josefa, Dolores y Manuela. Hasta los años sesenta el ránking se mantuvo más o menos estable, con ligeros cambios. Fue precisamente en los años sesenta cuando se produjo el primer gran cambio y el listado lo encabezaban María del Carmen, María Carmen, María José, Ana María y María Dolores, todos nombres compuestos. En los setenta apareció el entonces novedoso Mónica para revolucionar los usos onomásticos y liderar el ránking de nombres femeninos, seguido de María José, Ana María, María del Carmen y María.

La moda de los nombres compuestos desapareció por completo en los ochenta, con el regreso de María y la aparición de Cristina, Patricia, Laura o Lucía. En los noventa fue Laura el nombre más común. En el decenio del 2000 lo fue Lucía, y en el del 2010 las niñas se llaman mayoritariamente Sara, Noa, Lucía, Daniela y Sofía.

Con los niños la evolución es similar. Antes de 1930 se llamaban José, Manuel, Antonio, Jesús y Francisco. En los sesenta, otra vez nombres compuestos: Manuel, José Manuel, José, José Antonio y José Luis. Desde el 2010, los más frecuentes son Hugo, Mateo, Martín, Pablo y Daniel. Dos sílabas, como mucho tres.

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