José Luis Jiménez: «Debemos dejar el 'hospitalcentrismo' y regresar a la atención primaria»

La sobrecarga de las urgencias imposibilita por momentos la calidad asistencial y deshumaniza el trato, explica el presidente del Consello Galego de Colexios Médicos


Santiago / La Voz

La presidencia del Consello Galego de Colexios Médicos es rotatoria y José Luis Jiménez (Logroño, 1957), presidente del colegio ourensano, acaba de recoger el testigo que le dejó Luciano Vidán, su homólogo en A Coruña. La sanidad necesita un cambio de modelo, apunta, y volver a aquello en base a lo que se estructuró: la atención primaria.

-¿Qué retos tiene el Consello?

-El reto que se plantean los colegios médicos es cumplir con su objetivo: garantizar la calidad y la idoneidad de la práctica profesional, e intentar desde un punto de vista constructivo abordar los problemas que existen en nuestro sistema de salud. Es bueno no ocultarlos, y es una mala práctica de las autoridades sanitarias, sobre todo de las más vinculadas a la política, intentar quitar hierro a los problemas que existen.

-¿Cuáles son estos problemas?

-El modelo sanitario público español se estructuró en base a la atención primaria como centro de gravedad. El tiempo y determinadas circunstancias han hecho que esto no esté tan claro hoy en día. Da la sensación de que la primaria tiene poco vigor, y este problema conlleva otros. Creo que el médico de primaria tiene que volver a ser prestigiado y debe dársele capacidad resolutiva para que realmente resuelva todas aquellas cosas que se pueden resolver, que son la mayoría, en un entorno de primaria humano, cercano y eficiente. Tenemos que retirarnos del hospitalcentrismo y regresar a la atención primaria. Tampoco nos olvidamos de los problemas de los hospitales, y por ejemplo la urgencia esta sobrecargada en determinados períodos de tiempo. Se trabaja con unas condiciones que dificultan e imposibilitan que la calidad asistencial sea la que tiene que ser, y el trato se deshumaniza con esta sobrecarga. Esto obedece a una razón estructural, ya que no hemos repensado el modelo y hemos abandonado la primaria, y también influye la educación de la población con la idea de que si estoy mal voy a urgencias, cuando es un error, debería esperar al día siguiente e ir a que me vea el médico que me conoce. 

-¿Cómo hacer que el ciudadano no recurra en primera instancia a urgencias?

-Intentando educarlo y redireccionarlo. Entiendo que un copago nunca es una barrera correcta, pero sí hay fórmulas de eficiencia para que la gente entienda que la urgencia no es la meca, sino que hay otras alternativas. Se han hecho campañas con muchísimas cosas, y por ejemplo Cataluña destina un dinero a esto. En los hospitales también nos estamos yendo a un modelo de volúmenes en cuanto a objetivos y mediciones: consultas, pruebas, intervenciones... todo son números, cuando sabemos que muchos de esos actos asistenciales no son útiles para el paciente, pueden serlo para el protocolo, pero no es lo que necesita el enfermo. Estoy convencido de que los actores responsables tienen un diagnóstico parecido y buenas intenciones, pero tengo la sensación de que les falta empuje y convencimiento para afrontar cambios estructurales.

-Las condiciones de la profesión empeoraron con la crisis, ¿han mejorado ahora?

-Quizás el global de número de médicos está bien si lo comparamos con Europa, pero puede que estemos mal distribuidos. Dicho esto, es el momento de reponer plantillas, sobre todo en algunos servicios esenciales. No se puede mantener la situación de precariedad de algunos profesionales.

-Los sindicatos denuncian contratos de días a los médicos, ¿los colegios son conscientes de ello?

-Sí, somos conscientes y estamos intentando trabajar con la Consellería, porque la situación de un profesional precario lleva a una asistencia precaria, a resolver solo el problema del día a día.

-Se habla del milagro de la sanidad española, ¿cuál es?

-Primero el modelo universal, basado en una atención primaria con criterios de equidad, cercanía y continuidad asistencial. Segundo, los bajos salarios de los profesionales. Y tercero, el sistema MIR, una de las claves para que nuestro sistema público sea de excelencia.

-¿Siguen yéndose los médicos?

-Se está reduciendo, pero sí que ha habido salida de médicos, el problema es que nos vamos a encontrar con un momento en el que no vamos a tener profesionales, y de hecho ya hay dificultades en pediatría y en primaria.

-Los decanos de las facultades sin embargo siempre están en contra de aumentar plazas.

-Lo que hay que hacer es redistribuir la atención y hacerla más eficiente. Ese mensaje de a todos, ya, y en la puerta de casa, no es posible y no es bueno.

-El presidente de la Organización Médica Colegial defiende dar incentivos económicos a los mejores profesionales, ¿lo respalda?

-Creemos que debe haber diferencias y se debe primar la excelencia. Todo el mundo sabe que hay un número de profesionales excelentes y debería haber alguna forma, no solo en dinero pero también en dinero, de retribuir la excelencia en asistencia, docencia e investigación. Porque si no, hay gente que es incombustible y lo seguirá siendo, pero otros se acabarán quemando. Y debemos tener en cuenta el factor tiempo, la asistencia de calidad es una asistencia tranquila, cordial, personal entre paciente y médico y que necesita tiempo para escuchar, informar, educar, y racionalizar el consumo farmacéutico.

-¿Más tiempo implica menos gasto farmacéutico?

-Sin ninguna duda, médico de primaria que tiene poco tiempo receta más, pide más pruebas y deriva más al hospital. Y médico de atención especializada que tiene tiempo puede resolver el problema, dar de alta al paciente y devolverlo de nuevo a la primaria, y si no lo tiene pedirá una ecografía para el año que viene. Hoy en día calidad y eficiencia van de la mano, son lo mismo.

«Hemos medicalizado la vida, la soledad no se trata con antidepresivos»

España sigue siendo uno de los países del mundo con más recetas por habitante. Se ha puesto freno al gasto farmacéutico, explica Jiménez, pero no al número de fármacos que se prescriben.

-¿Hay que negociar con las farmacéuticas para que los nuevos medicamentos no alcancen precios tan elevados?

-Respecto a los fármacos hay dos cuestiones, la primera es la de los nuevos medicamentos, y en este caso deberíamos tener una agencia independiente para que diga cuáles no merecen estar en el sistema público.

-¿Pero no la tenemos?

-Las tenemos, pero ninguna con la capacidad y el crédito suficiente para que impongan su opinión, siempre se habla de la británica como ejemplo. Los laboratorios se basan en el coste de la investigación, pero este coste no debería repercutir de una forma tan brutal, porque hay medicamentos diez o cien veces más caros de lo que cuesta elaborarlos. Y después está el resto de los fármacos, somos el segundo país del mundo con más número de recetas. Y ahí vuelvo a incidir en el tiempo y en el cambio cultural, porque hay pacientes que creen que si el médico no les receta es que no hizo nada. Hemos medicalizado la vida, la soledad no se trata con antidepresivos y ahora se trata, el malestar social... Entendemos que mucho dinero que se dedica a medicinas debería dedicarse a profesionales, y si gastamos mucho en el capítulo II, gastaremos menos en el I.

-¿Debe cambiar el papel de la sanidad privada?

-De la misma forma que entendemos que la sanidad pública debe cambiar su modelo, creemos que las aseguradoras sanitarias también. Ahora están basadas en el concepto de consumo, haga una póliza y usted tiene derecho a ir a los profesionales que quiera. Esto es un error, no por ir a mas especialistas vas a tener mejor atención, también deberían ofrecer una atención primaria integral.

-¿Y su relación con la pública?

-La sanidad pública tendría que poner todos sus recursos, pero siempre va a haber un papel para la concertación. Eso sí, el modelo de hospital embutido de ocho a tres de la tarde es muy poco válido, y lleva a que las urgencias sean un embudo por la tarde y a estas situaciones de sobrecarga. El problema es que la administración es rígida, no es capaz de dar respuestas nuevas, y le pediríamos a la Consellería que haga más flexible su política de recursos humanos.

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