El viaje final del «Príncipe de Asturias»

Después de casi cuatro años amarrado en Ferrol, el viejo portaviones de la Armada española partirá en breve hacia Turquía para ser desguazado en un astillero


FERROL / LA VOZ

En una semana, el 8 de febrero, el Príncipe de Asturias cumplirá su cuarto año amarrado en uno de los muelles de Navantia. Sin embargo, es muy probable que el 22 de mayo, cuando sume 35 primaveras desde su botadura, ya no forme parte del sky line de la ría ferrolana. El portaviones, el buque insignia de la Armada durante un cuarto de siglo, partirá en breve hacia Turquía para ser desguazado. La firma madrileña Surus Inversa y la otomana Leyal se adjudicaron por 2,7 millones de euros su enajenación, y serán las encargadas de convertirlo en chatarra en el puerto de Aliaga. Las millas que cubrirá entre Ferrol y Turquía supondrán el viaje final del Príncipe de Asturias. Desde que se conoció su último destino, el portaviones ha estado esperando la autorización de Estados Unidos. Un visto bueno que, según fuentes consultadas, estaría ya prácticamente listo. La presencia en el interior del buque de algunos elementos, como los sensores y los radares, con sello norteamericano hizo necesario el visto bueno de su Gobierno. Por lo tanto, ahora se enfilan ya los trabajos previos para preparar los más de ocho millones de kilos de material para su salida.

Aunque no será hasta el 2018 cuando cumpla tres décadas de servicio, el ciclo de vida habitual de un buque de guerra, la Armada decidió arriar definitivamente su bandera el 13 de diciembre del 2013. Con su último adiós en tierras otomanas, se pondrá punto final a un largo currículo de actuaciones y ejercicios, desde que en 1977 se compraron los primeros planos a Estados Unidos y se dio la orden de ejecución a los astilleros de Bazán, en Ferrol. Dos años después, los operarios comenzaron su construcción y en 1982 fue una realidad. Las cifras eran, para lo que se había visto hasta entonces en la Marina, descomunales: 195,9 metros de eslora, 25 metros de manga, unas 16.900 toneladas a plena carga y una capacidad para llevar hasta 29 aeronaves. Todo ello, gracias a un presupuesto de 630 millones de euros para que fuese realidad.

Golfo pérsico y Yugoslavia

El Príncipe de Asturias tuvo su primera gran prueba de fuego en la guerra del Golfo, en la que se unió a unidades británicas, francesas, italianas y alemanas para formar un operativo naval. La coalición vivió su momento culminante cuando en febrero de 1991 participó en el contraataque terrestre en Kuwait e Irak que puso fin al conflicto. Posteriormente, se convirtió en el buque de mando del grupo naval 81-01 del Unprofor, en una operación en el Adriático para proteger a los cascos azules en el conflicto de Yugoslavia. Sin embargo, más allá de estas dos actuaciones de calado, no ha dado mayor servicio en zonas de conflicto. Entre otras presencias destacan, ya en este siglo, la de Porsmouth, en el 2005, con motivo del segundo centenario de la batalla de Trafalgar, o la del despliegue Galiber 07, en el 2006, en aguas del Mediterráneo y del Atlántico. Un lustro más tarde estuvo a punto de participar en la guerra de Libia, pero un problema con un radar evitó su desplazamiento.

El mayor buque de la historia de la Armada pasó el testigo al que ahora porta ese distintivo: el buque de asalto anfibio Juan Carlos I. Una evolución que supera por mucho en cifras y tecnología a su antecesor. Por ello, el Príncipe de Asturias acabará de ser desmantelado en Ferrol para vivir su particular ocaso.

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