El BNG cierra su debate interno convencido de seguir con el modelo de frente y las mismas siglas

El texto no es baladí porque marcará la ponencia oficial en la próxima asamblea y porque recoge el sentir de las bases


santiago / la voz

El documento que compendia las conclusiones del llamado proceso Adiante, diseñado por el Bloque para impulsar su refundación tras la pérdida constante de apoyo electoral, no ofrece lugar a dudas: la organización seguirá como estaba, con pequeñas variantes. El texto no es baladí porque marcará la ponencia oficial en la próxima asamblea y porque recoge el sentir de las bases. Su posición es clara: el Bloque seguirá siendo un frente de partidos y mantendrá las siglas.

Las conclusiones del proceso Adiante están condicionadas de forma inequívoca por el último resultado electoral, que supuso un revulsivo contra todo pronóstico y que ha servido para fortalecer las tesis internas que son partidarias de mantener inalterado el statu quo. El posicionamiento de la militancia también demuestra que el Bloque es ahora una formación algo más pequeña, pero mucho más cohesionada. Dentro de la organización se han quedado la UPG, el partido mayoritario del frente, y todas aquellas bases que, aun siendo independientes, apoyan sus tesis. La conversión del Bloque en un partido único, un asunto planteado de forma minoritaria en algunas asambleas, habría abocado a la UPG a su desaparición o, cuando menos, a la pérdida de su función política primordial.

Esta podría haber sido una vía para atraer a parte de los que se fueron. Y aquí, precisamente, radica otra de las novedades en las conclusiones del proceso Adiante: el BNG está ahora mucho más preocupado de atraer militancia nueva que de seducir a los escindidos. De hecho, marca distancias como única organización nacionalista frente al resto. En cierta forma, un sector del BNG fía la vuelta de una parte de los que se marcharon -sobre todo electores- a las contradicciones internas que puedan surgir en En Marea

Nueva estrategia

Del proceso Adiante se desprenden otras dos cuestiones relevantes desde el punto de vista de la estrategia política. Se esconde algo más la bandera del soberanismo, izada sin complejos durante años, y se abre ahora la vía confederal. Y sobre todo, hay un mandato claro de fortalecer el emergente liderazgo de Ana Pontón, máxime después del éxito cosechado por la candidata nacionalista en las pasadas autonómicas. Esto es algo que no tiene precedentes en la estructura frentista. Tanto la militancia como la dirección del BNG ven en la actual portavoz parlamentaria la figura idónea, algo que quedará de manifiesto en la asamblea nacional, prevista para finales del próximo mes de marzo. Nadie duda que de esa cita saldrá elegida de nuevo como portavoz nacional.

Tras la repetición en junio del 2016 de las generales de diciembre, en el BNG se instaló la perspectiva de que la organización nacionalista podría perder la representación en O Hórreo. Entonces, los argumentos para la refundación eran otros. Todo estaba en cuestión: no solo las siglas, sino también el modelo. Pero ni en los peores momentos, al borde de la desaparición, el Bloque apostó por la convergencia con la marea. Fue una posición muy minoritaria, sin apenas respaldo interno.

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