El año de récord del Camino atrajo a Galicia a peregrinos de 147 países

Desde el 2012 llegan a Santiago más extranjeros que españoles buscando la compostela


redacción / la voz

Si uno de los objetivos de Turismo de Galicia en los últimos años era la conquista de peregrinos extranjeros, este año el reto se ha superado más que nunca. Muchos son los países que han estado representados este año en el Obradoiro, concretamente, 147. Esto quiere decir que solo de 59 países -el 28 %-, ninguno de sus ciudadanos ha recibido este año la compostela.

La proporción de foráneos de cada lugar que ha recorrido alguna de las rutas jacobeas para llegar a Santiago se distribuye de manera totalmente irregular. Y debe atenderse a criterios de diferente índole para entender esta situación. Si bien el gusto de los italianos, franceses o portugueses por el peregrinaje viene de lejos, en otros puntos del globo la demanda ha aumentado por criterios que se relacionan más con el boca a oreja o con las tendencias que por el atractivo per se del senderismo o de un vínculo con la espiritualidad. Tal es el caso de los alemanes y coreanos -segundo y octavo país extranjero con más presencia en el Camino, respectivamente-, que han multiplicado sus visitas a la capital de Galicia por la curiosidad que ha suscitado este tipo de turismo después del éxito de novelas como Bueno, me largo, escrita por el popular cómico alemán Hape Kerkeling en el 2006, o El viaje de una mujer sola, un superventas en Asia oriental que supuso un bum de tales dimensiones que para aprovechar el tirón la televisión coreana llegó a grabar un reality show en el Camino hace tres años.

Además del grueso de visitantes extranjeros, llama la atención que desde países como Luxemburgo, con un censo similar a la provincia de Málaga -563.000 habitantes-, a falta de que termine el año, hayan llegado a Santiago 88 personas. Algo similar sucede con San Marino, un país con 61 kilómetros cuadrados de superficie del que, en lo que va de año, peregrinaron cinco a Compostela.

En el 2012 se produjo el sorpasso y ya peregrinan más foráneos que españoles. La fiebre del Camino cruza fronteras a zonas donde la situación socioeconómica es favorable, pero también ciudadanos de países en guerra deciden emprender miles de kilómetros para vivir esta experiencia. Así, una persona natural de Irak selló este año su credencial, igual que también lo han hecho ocho sirios.

Pero, ¿qué lleva a tantas personas a calzarse las botas y ponerse a caminar desde puntos tan dispares como Lisboa, Hannover o Nápoles? Y, quienes no han probado la experiencia de peregrinar hasta Santiago, ¿qué saben de esta experiencia? ¿Se acerca la imagen que tienen en Europa a la realidad?

«Me encantaría hacer el Camino, pero temo que esté demasiado abarrotado. Este año fui a los Pirineos y pasé por la estación de Saint Jean Pied de Port, súper turística y atestada de gente. No me gustó demasiado lo que vi. Prefiero rutas más tranquilas», comenta Elisabeth Albig, una mujer de 31 años que ejerce como médico en su ciudad natal, Berlín.

Mara Cinquegrana, educadora napolitana que tardó más de un mes en llegar a Santiago, partiendo de Pamplona, asegura que «no cambiaría nada de mi viaje; entablé una relación muy especial con la mayoría de gente que conocí. De hecho, aún llevo la trenza rasta que me hizo un chico indio, 17 años después».

El viento y la lluvia, uno de los males endémicos que para muchos entorpece la aventura del Camino, le causaba pavor a Greg Davies, un fotógrafo de 41 años natural de Southampton. «Después de tantas alertas de que el tiempo era horrible en Galicia, no cayó ni una sola gota y me di cuenta de que estaba cargando con el chubasquero en la mochila para nada».

Si en el Reino Unido pocos son los que no conocen la existencia de estas vías de peregrinación, en el país galo, del que parte el camino más multitudinario, no iba a ser diferente. Sin embargo, 2016 no ha sido el mejor para el peregrinaje a Compostela desde Francia. Tras un verano de lluvias intensas y el atentado de Niza, las asociaciones de amigos del Camino en este país constataron «una fuerte bajada de los extranjeros que vienen a esta zona».

«El Camino nos pone a prueba continuamente, y eso es lo que me gustó», explica la ejecutiva lisboeta Marta Barata. En su caso, como no, siguió la ruta portuguesa una semana en la que, asegura, no faltaron momentos duros: «Sentí una paz interior que desconocía, pero la etapa de Pontevedra, con subidas y bajadas, me resultó muy complicada». 

Casi 200 asociaciones internacionales se hacen eco del bum jacobeo

Las asociaciones del Camino se han hecho un hueco paulatinamente desde Francia -país en el que se aglutina el 39 % de estas organizaciones- hasta Sudáfrica o Uruguay transmitiendo los valores de este tipo de turismo y ayudando a los locales a conocer qué es, en qué consiste y por qué merece la pena viajar a Santiago. Se pueden tocar 177 puertas en el mundo y te darán la respuesta.

El año 2004 supuso un punto de inflexión. Era Año Santo y muchos extranjeros decidieron aprovechar su pasión por el Camino para crear una comunidad desde la que, además de promocionar la llegada a la capital gallega, se solicitaban mejoras en la calidad o promoción de unas rutas que en muchos casos partían del país en el que se estaban asociando. Así fue, de hecho, cómo surgió la asociación francesa con sede en Lille, que cuenta ya con 200 miembros. «Hice el Camino coincidiendo con el desastre del Prestige y en el 2012. Yo disfruto muchísimo de estar tranquilo en San Martín Pinario, mirar a la gente que pasea por las calles o respirar vuestra humedad. Pero me gustaría que Santiago estuviera menos saturado: es difícil conocer la verdadera Galicia si no te alejas del casco histórico». Hace también doce años se creó la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Viana do Castelo (Portugal). Como también lo hizo la de Tréveris, en Alemania. Ambas ofrecen credenciales y en el caso de la agrupación portuguesa disponen desde hace dos años de un albergue en Caminha.

A miles de kilómetros de sendas asociaciones, también se divulgan las rutas jacobeas, aunque el éxito es cuantitativamente menor. Desde la Charmain Confraternity of Saint James de Sudáfrica aseguran que «no hay mucha gente en nuestro país que conozca el Camino, ya que tenemos muchos pobres que luchan por sobrevivir. Con nuestra economía débil viajar al extranjero es muy complicado, pero para algunos es una forma asequible de conocer países distintos». La asociación se creó en el 2006 y desde su inauguración el número de peregrinos no deja de crecer. Este año ya han recibido la compostela 698 sudafricanos.

Con información de Alexandra F. Coego, Rita Álvarez Tudela, Patricia Baelo, Begoña Íñiguez y María Signo

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