«A los padres de Ana y Elena les digo que luchen. Olvidar no van a olvidar»

«Tengo confianza en que se va a resolver», dice sobre el caso de su hija, sin culpables casi catorce años después

El crimen de la calle Honduras El crimen de la calle Honduras

redacción / la voz

Cristina Rodríguez Paz habría cumplido 40 años este mes si un cable de ordenador apretado contra su cuello no se lo hubiese impedido. Aquel 10 de febrero del 2003, cuando su vida acabó prematuramente, Cristina tenía 26 años. Había ido a trabajar, como todos los días, a las oficinas de la empresa de gas en la que estaba contratada, emplazada en la calle Honduras, en el barrio coruñés de Labañou. Pasaban entre quince y veinte minutos de las seis de la tarde y Cristina estaba sola en el local en el momento en el que apareció su verdugo. Cuando fue encontrada en el despacho de su jefe todavía estaba con vida, pero murió a la mañana siguiente en el hospital.

Por su muerte fue detenido tres meses después, y juzgado, un compañero de trabajo, comercial, del que se creía que quería iniciar una relación con la joven y que se encontraba en esas oficinas cuando el cuerpo apareció. Pero el jurado, en un juicio que se celebró dos años más tarde, lo consideró no culpable, porque no halló pruebas contundentes de que fuese el autor del crimen. Desde entonces, la familia de Cristina no descansa.

Su madre, Granada Paz, vive en Lugo, ciudad de origen de la familia. Casi catorce años después sigue visitando con mucha frecuencia el cementerio donde descansan los restos de su hija. Le lleva flores -«le gustaban mucho», dice- y habla con ella. «Hablo mucho con ella, voy al cementerio y hablo con ella. Yo creo que ella me pide que siga luchando», explica.

Y Granada lo hace. Sigue luchando. Desde que su hija murió, sus padres no han dejado de pelear para que se encuentre al culpable. Por el momento, reconoce, «sin mucho resultado». Recurrieron el fallo del jurado hasta el Supremo y tocaron todas las teclas que se les ocurrieron para que la investigación continúe en busca de pistas que puedan dar con la persona que les arrebató a Cristina. Hace unos meses Granada fue a visitar al juez. «Yo estoy siempre encima, en agosto estuve con el juez». A los pocos días la policía científica se presentó en su casa. Se llevó cosas personales de la chica y un ordenador. Desde entonces, la familia no ha vuelto a saber nada más, pero espera tener noticias pronto. «Si después de las fiestas no sé nada, voy a volver al juzgado», avanza.

«Se hicieron las cosas mal»

La madre de Cristina Rodríguez sigue pensando que «se hicieron las cosas mal». Desde el primer momento. Siempre lamentó que nadie le retirase el cable del cuello a su hija cuando fue encontrada. Si lo hubiesen hecho, cree, igual se hubiese salvado, pero no fue así y el cable permaneció apretando su cuello hasta que llegó el 061. Igual que critica que no se hubiese precintado enseguida el local para evitar la destrucción y la contaminación de pruebas. O que nadie investigase la aparición de un cajón secreto tirado en la oficina y que fue encontrado días después. La familia de Cristina siempre pensó que la persona que la mató tenía todo perfectamente planificado, porque solo tuvo un margen de media hora para cometer el crimen.

A medida que pasa el tiempo, se reducen las posibilidades de encontrar nuevas pistas o algún testimonio que pueda esclarecer el caso. Pero pese a todas las dificultades, Granada no pierde la esperanza. «Tengo confianza en que se va a resolver», asegura sin dejar de llorar.

«Buenos escarmientos»

Las muertes violentas de mujeres, como esta semana las de Ana Enjamio, en Vigo, o Elena Marcu, en Santiago, no dejan de recordarle lo que le ocurrió a Cristina. Desde su punto de vista, «la Justicia no está haciendo lo suficiente» para acabar con la violencia contra las mujeres. «Si pusieran buenos escarmientos, a lo mejor ayudaba a que no hiciesen esas cosas», dice. Para Granada habría que actuar en dos vías. Por una parte, «mano dura» con los criminales. Por otra, «concienciar», realizar un esfuerzo educativo para que la violencia machista desaparezca. «Si quieren algo y la chica no está de acuerdo, ellos lo solucionan enseguida. Eso no puede ser así», dice Granada Paz.

Desde su experiencia, la madre de Cristina Rodríguez se acuerda de las chicas asesinadas, pero también de sus familias. ¿Qué les diría a sus padres?: «Que sigan luchando, porque olvidar no se van a olvidar nunca». Ella lo sabe bien. Casi catorce años después, sigue recordando permanentemente a su hija. «Desde que me levanto hasta que me acuesto. Todos los días».

 

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«A los padres de Ana y Elena les digo que luchen. Olvidar no van a olvidar»