«Sabíamos que era un día histórico»

Diputados de 1981 evocan cómo era el Parlamento que se puso en marcha tan «falto de pobo», como censuró Fraga


santiago / la voz

La ciudad de Santiago amaneció fría el 19 de diciembre de 1981, cuando Galicia escaló varios peldaños en la conquista del autogobierno. Desde el pazo de Xelmírez, anexo a la Catedral, mandaron traer más radiadores para caldear el salón sinodal del siglo XIII que iba a albergar la sesión constitutiva del Parlamento gallego. «Todo estaba no aire, desorganizado», rememora el socialista Fernando Martínez, que entonces tenía 29 años. «Eran unas piedras frías, pero transmitían mucha seguridad», evoca Carmen Lovelle, exalcaldesa de Verín, la única de las tres mujeres que vive para describir un acto con el que escribieron una página de la historia.

Hace 35 años, la democracia se empezaba a estabilizar en España y Galicia se subía al carro. El Guernica de Picasso acababa de llegar de Nueva York para simbolizar la reconciliación de dos bandos y en Madrid se preparaba el juicio contra los guardias y militares que maquinaron lo de entrar en el Congreso a balazos. 

«En Xelmírez descargamos toda a emotividade que levabamos dentro», sostiene el exconselleiro Víctor Vázquez Portomeñe. «Había respeto y confianza en el futuro; sabíamos que era un día histórico», añade el también exconselleiro Santos Oujo, relatando lo que fue una sensación compartida por casi todos.

Exdiputados como Fernando Martínez, del PSOE; Vázquez Portomeñe, que saltó de UCD a AP y el PP; Santos Oujo, que se repuso del colapso de UCD fundando Coalición Galega antes de aproximarse al PSdeG; y Camilo Nogueira, líder del PSG-EG que acabó en el BNG, aceptaron la invitación de La Voz para rememorar el nacimiento del Parlamento en el palacio episcopal de Xelmírez. La aliancista Carmen Lovelle, de viaje en Alemania, lamentó no poder acudir, pero narra impertinencias escuchadas entonces como esta: «Una mujer no debe enfadarse, que pierde atractivo», le soltaron en un debate.

«Había resistencia a que Galicia tivera unha capacidade de autogoberno grande», relata Nogueira. «Con Cataluña e Euskadi, si; pero con Galicia non querían», agrega. «Sabiamos que estabamos retrasados -puntualiza Fernando Martínez-, e queriamos artellar un Parlamento e un poder autonómico de verdade».

El presidente del Parlamento, Miguel Santalices, recordó ayer este aniversario en la presentación del portal LexGal, una base de datos sobre legislación que adapta la Cámara a los nuevos tiempos. Aquella constitución del 19D se hizo coincidir con el día en que la Asamblea de Concellos Galegos aprobó el anteproyecto de Estatuto en 1932. Había voluntad de mantener un vínculo con la Segunda República, de donde emanaba la legitimidad para distinguir a Galicia como nacionalidad histórica. Y eso se reforzó con la elección del exalcalde coruñés Manuel Iglesias Corral, diputado de la ORGA en 1933, como presidente de la mesa de edad del Parlamento. Tenía 80 años en 1981. Y citó emocionado a Alexandre Bóveda para recordar en su figura a todos los se empeñaron en que llegara un día como ese.

No había mayoría absoluta en aquella Cámara, de estilo inglés, al que algunos nacionalistas empezaban a llamar parlamentiño de cartón, pero la maquinaria funcionaba. «Todos faciamos renuncias», remarca Portomeñe. «A grandiosidade do propio entorno de Xelmírez amansábate», añade Martínez. Camilo Nogueira pide la palabra para «matizar» y sus interlocutores sonríen, pues recuerdan los tira y afloja tan parecidos que solía tener con el presidente Antonio Rosón. 

Obradoiro sin apenas gente

Con todo, el 19D de 1981 pasó con más pena que gloria por Galicia. Dentro de Xelmírez, frío; y fuera, todavía más frío. Quizás fueron las vicisitudes que rodearon a la negociación del Estatuto, como el aldraxe. Quizás la apatía del plebiscito estatutario de 1980, votado solo por el 28 % del electorado, pero el caso es que la Cámara nació sin calor popular. «Hoxe o que faltou foi o pobo», denunció aquel día Manuel Fraga, invitado al acto, desde un Obradoiro en el que solo se congregaron unos cuantos profesores para exigir más gallego en las escuelas. 

Así se puso en marcha el Parlamento, con más voluntad que medios, sin despachos y sin salas para las comisiones. «Reuniámonos nos antigos calabozos do pazo de Raxoi», atestigua Fernando Martínez. Una de las primeras discusiones fue para decidir si los diputados debían tener salario. Ganó el sí, y los que tenían exclusividad, pocos, cobraban 60.000 pesetas al mes (360 euros) más 30 euros por la asistencia a cada pleno. Otra discusión relevante fue la capitalidad de Galicia. El debate aún levanta ampollas. «A capital xa era Santiago», sentencia Nogueira. «Foi un erro, tiña que ser A Coruña, e a autonomía tería outra perspectiva mellor», recalca Martínez.

Enfrascados en la tertulia se acuerdan de los que ya no están. Rosón, Ceferino Díaz, Piñeiro o la viguesa Enma González. Bermello, que acudió al acto con el traje tradicional de gallega. «Un día histórico bien merece un traje histórico», declaró. Recuerdan también a Albor, Bautista Álvarez o Mariano Rajoy, que era el diputado más joven, con 26 años. Y no olvidan la emoción del momento del entonces presidente de la Xunta, José Quiroga: «Isto xustifica unha vida, aínda que dentro dela todo o demais sexa insignificante», recoge la primera página del diario de sesiones que sigue escribiendo el Parlamento.

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