El BNG retrasa la asamblea a marzo ante la división interna sobre si cambiar sus siglas

La revisión del modelo frentista no está ahora en la agenda


santiago / la voz

El Bloque Nacionalista Galego (BNG) tenía previsto celebrar el próximo mes de febrero una asamblea nacional que sirviese para escenificar su refundación tras la pérdida de apoyo electoral, un declive que, contra todo pronóstico, se frenó en las autonómicas del 25 de septiembre. Este proceso, bautizado como Proxecto Adiante, diseñado para ampliar la base social del nacionalismo y para sentar las bases de una reunificación tras la fractura de Amio en el 2012, ha desencadenado un profundo debate interno. Y es tal la división sobre qué hacer que la organización ha decidido retrasar su asamblea un mes, hasta marzo, de forma que pueda llegarse a un punto de encuentro. Esto es lo que previsiblemente se anunciará el próximo sábado, día en el que se celebrará el consello nacional, el máximo órgano entre asambleas. 

El principal asunto de discordia se encuentra en las siglas. Hay voces en la actual dirección que entienden que el apoyo recabado el 25 de septiembre es una muestra inequívoca de que el proyecto del BNG no estaba muerto y, en consecuencia, abogan por mantenerlo intacto, lo que de facto significa confiar en que los problemas de En Marea terminen por devolver a los dominios del frente a los militantes y votantes nacionalistas que emigraron. 

Esta es una tesis compartida por una parte de la dirección, y que confía en el emergente liderazgo de Ana Pontón para escribir un futuro mejor. Pero se trata de un posicionamiento que encuentra detractores, incluso en el seno de la propia Unión do Povo Galego (UPG), el partido mayoritario del frente, en el que hay voces que entienden que el nuevo edificio del nacionalismo no puede construirse sobre la misma marca. Esta discrepancia es la que impide que la propia dirección del Bloque tenga ahora una postura oficial para defender en la asamblea, y de ahí el aplazamiento.

Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos es que el BNG no cuestiona el modelo de frente con el que nació en 1982. Es decir, no está en cuestión el modelo organizativo, un aspecto que para una parte de los críticos que aún quedan -como el ex portavoz nacional, Xavier Vence- es un asunto determinante. La construcción de un nuevo referente político, como puede ser un partido único, supondría el acta de defunción de la UPG, una organización que actúa como partido de vanguardia en la estructura frentista. Y hay cuadros que no están dispuestos a dar ese paso, máxime cuando otros proyectos políticos también están formados por diferentes actores, como es el caso de En Marea, con Anova o Esquerda Unida.

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