Juan Ferreiro: «Galicia no es un caldo de cultivo del radicalismo»

«El peligro sería que la sociedad reaccionase de forma xenófoba ante la gente con rasgos árabes», estima el catedrático de Derecho Eclesiástico en la Universidad de A Coruña

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redacción / la voz

La detención de dos personas la semana pasada en Arteixo y Vimianzo, a las que inicialmente se relacionó con el yihadismo, aunque finalmente fueron puestas en libertad con cargos por otros delitos, no por tener relación con el islamismo radical, causó sorpresa y preocupación en la sociedad gallega, particularmente en la comunidad musulmana. Juan Ferreiro, catedrático de Derecho Eclesiástico en la Universidade da Coruña y ex subdirector general de Asuntos Religiosos en el Gobierno de Rodríguez Zapatero, conoce bien el fenómeno yihadista y, con toda la precaución del mundo, lanza un mensaje de tranquilidad.

-¿Le preocupa la identificación que a veces se hace entre musulmán y radical?

-Sí, claro, así como las fuerzas de seguridad cumplen con su deber, la sociedad también tiene que hacerlo, evitar el peligro de simplificar y de pensar que porque haya malos en un colectivo, todo el colectivo al que pertenecen es malo. Esa identificación que a veces arraiga en el subconsciente de las personas es lo que hay que evitar. Los violentos son grupúsculos aislados que no representan a los 1.500 millones de musulmanes que hay en el mundo.

-¿Hay radicales aquí?

-Yo creo y espero que no, porque creo que la sociedad musulmana en Galicia está integrada. Estoy pensando ahora mismo en Arteixo, donde la comunidad musulmana, o una buena parte de ellos, está integrada, y la gente los conoce y sabe que son gente de paz, que es lo que predica el islam. Hay que distinguir entre los conservadores y los radicales violentos; una persona puede ser conservadora y no ser violenta. Los musulmanes gallegos y los españoles no se caracterizan por la radicalidad o por el oscurantismo, sino que la mayoría son gente de paz y viven con un nivel de integración bastante alto. ¿Por qué hay jóvenes que se integran en estos círculos letales? Es un misterio, pero pasa por la educación, tanto la educación del islam real, que no se transmita lo que no es islam, como también la educación no religiosa.

-¿Pueden radicalizarse en el futuro los musulmanes gallegos?

-No puedo hacer un ejercicio de futurismo, porque lo que está encubierto se desconoce, pero yo lo que creo es que Galicia, y España, no es un caldo de cultivo del radicalismo. Siempre puede haber gente radicalizada, pero yo creo que el peligro sería que ahora la sociedad reaccionase de una forma xenófoba ante la gente con rasgos árabes. Es como la violencia de género, en general la gente es respetuosa, pero hay criminales. En este caso, los más indignados son precisamente los propios musulmanes, porque temen que se les identifique con esos grupúsculos.

-Alguna vez ha dicho que España debe controlar la formación de imanes en su territorio. 

-Creo que hace falta una educación islámica europea, formación de imanes europeos. En España hay imanes que a lo mejor ni saben hablar español, y que a lo mejor han recibido formación en un centro radical. No hay centros de formación de imanes españoles, y hay que pensar que un buen número de los dos millones de musulmanes que hay en España ya son de aquí. Esa falta de formación se suma a una característica que tiene el Estado Islámico, que es su obsesión por presumir de la violencia. Hay que preguntarse por qué tiene ese efecto llamada cuando se exhibe al mundo con esa crueldad. Los sociólogos lo están estudiando, hay muchos factores, pero creo que también hay un factor de novedad que está remitiendo. El saber distinguir el trigo de la cizaña ayudaría a combatir el radicalismo, porque el radicalismo tiene dos antídotos: la presión policial y la educación.

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