«Entiendo a la gente que no quiere dar el paso, porque tienen mucho miedo»

La presidenta de la Asociación Esmar creó la entidad hace un año, tras el parricido de Moraña

.

redacción / la voz

Cuando hace algo más de un año Candela y Amaya, dos hermanas de Moraña, murieron asesinadas por su padre, Mari Carmen Torres lo tuvo claro: «Esto no puede ser». Así fue como tomó la decisión de crear la asociación Esmar Violencia Cero, que actúa desde la localidad en la que vive Mari Carmen, Ribadumia, para dar apoyo a las víctimas de violencia doméstica. Al frente de este colectivo con el que pretende dar pasos adelante para que cosas como estas no sucedan, quiere servir de ayuda a las víctimas, pero también «que la gente vea que no es una vergüenza».

Para Mari Carmen esta es una condición fundamental. La asociación se llama Esmar en homenaje a sus padres, Esmeralda y Marcelino, que la apoyaron en sus momentos más difíciles, «y no es fácil, en un ámbito rural, que te digan que sí, que te separes, que te van a apoyar». Por eso esta mujer de 45 años anima a las familias a que apoyen siempre a las víctimas: «Se puede salir, pero si tienes ayuda. Tú sola no puedes», e insiste en que «separarse no es una vergüenza».

Por supuesto, para Mari Carmen es imprescindible que las víctimas de violencia doméstica denuncien a sus maltratadores, aunque es consciente de que muchas veces cuesta dar ese paso. «Entiendo a la gente que no quiere dar el paso, porque tienen mucho miedo». Pero hay que darlo, recalca.

ISABEL, VÍCTIMA

«Te sigue maltratando a través de tus hijos y el sistema lo permite»

«Tengo dos carreras y un buen puesto de trabajo. Como ves, no doy el perfil». Lo dice una mujer a la que llamaremos Isabel y que ha denunciado a su todavía marido por maltrato psicológico. Fue su entorno, dice, su familia y sus amigos, el primero en darse cuenta de que algo iba mal en su vida. Pero Isabel lo negó una y otra vez hasta que cayó en la cuenta de que era verdad, de que estaba siendo maltratada. «Durante años te hacen sentir que eres un ser despreciable y tú llegas a creer que realmente eres despreciable y mereces ese desprecio», explica. Se fue de casa e inició los trámites de divorcio, pero tiene dudas sobre si ha hecho bien, porque lleva cinco meses sin ver a sus hijos. «Si tú te vas de casa el que se queda es él, con tus hijos».

«El maltrato psicológico es muy difícil, porque no es visible, y lo que no se ve no existe. Tú tienes que demostrar que has sido víctima de malos tratos; el supuesto siempre va a ser supuesto. En concreto en el Imelga hicieron sobre mí un informe demoledor, un médico forense, en hora y media, sin ningún testigo, entrevistándome a solas, sin grabar la conversación, sin hacer ningún test. Hace un perfil demoledor y concluye que no hay malos tratos», relata Isabel, que tuvo que recurrir a profesionales privados para contrarrestar ese informe. «¿Qué podemos esperar?», se pregunta. «Me separé hace siete meses, sigo casada con este señor y no ha habido lugar a un juicio de medidas provisionales. Tenemos la guardia y custodia de mis hijos los dos, he tenido que irme de casa para protegerme y en el punto de encuentro reiteradamente incumplen la orden judicial que dice que mis hijos pasen los sábados conmigo hasta que haya unas medidas provisionales. Llevo cinco meses sin ver a mis hijos porque los funcionarios del punto de encuentro no lo estiman oportuno», explica. «Se te anima a denunciar para que luego te encuentres indefensa ante el sistema», añade.

Aunque sabe que no es así, que hay que denunciar, tanto tiempo alejada de sus hijos hace que a veces se pregunte si hizo lo correcto: «Si lo sé me quedo en casa, me expongo y por lo menos estoy con mis hijos. Después nos extraña que muchas víctimas no denuncien». «En mi caso mis hijos se posicionaron con su padre, pero es algo que ocurre muchísimas veces en los casos de maltrato psicológico, que los niños se posicionan a favor del más fuerte», explica Isabel, para quien la conclusión de todo esto es tan trágica como que «te sigue maltratando a través de tus hijos y el sistema lo permite».

Fuerte y al mismo tiempo destrozada por la falta de sus hijos, Isabel espera acontecimientos apoyada por sus allegados y por la asociación Mirabel, cuyo trabajo no se cansa de alabar.

LUISA, VÍCTIMA

«Me tuvo encerrada una semana entera sin comer y sin beber. Me fui»

Tiene cuarenta años y lleva quince separada. Se casó cuando tenía veinte años y su matrimonio duró poco más de cuatro. «Venía todos los días borracho», dice, así que la convivencia se hizo difícil. «Un día llegó a las dos de la mañana y quería cenar. Le dije que no y me pegó un puñetazo». Luisa, nombre ficticio, no lo pensó: se fue a la policía y dio con ello el primer paso para su separación. Esa agresión no fue el único maltrato: «Me tuvo encerrada una semana entera sin comer ni beber, porque el agua la pagaba él». Y decidió poner fin a su matrimonio.

Durante once años vivieron en poblaciones distantes, pero hace nos meses ella regresó a Galicia y ahora son vecinos. «Un día entré en un bar y estaba él. Me cogió de los pelos». Así que la mujer volvió al juzgado y, además de denunciarlo por esa escena, le puso «la denuncia por impago, porque no le daba nada a los niños». Ahora está a la espera de juicio, pero mientras este no llega, pasa miedo. «Él vive al lado, y tengo miedo, porque la cabeza no la tiene muy bien». Su exmarido, cuenta, no tiene trabajo, y teme que eso haga todavía más mella en su carácter. «Tengo que salir a comprar y no sé dónde me lo voy a encontrar y cuál va a ser su reacción».

Ahora esta mujer vive aterrorizada y de la pensión que percibe su madre. «Le estoy reclamando lo que es de los niños», afirma esta madre de dos hijos. 

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

«Entiendo a la gente que no quiere dar el paso, porque tienen mucho miedo»