Padres de Os Ancares y O Courel se unen contra el «tsunami» de la despoblación

Lucía Rey
lucía rey LUGO / LA VOZ

GALICIA

ALBERTO LÓPEZ

Reclaman a la Xunta un plan educativo especial que garantice una educación de calidad para los niños de la montaña

17 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Un pueblo sin niños está condenado a morir, pero un pueblo donde todavía quedan algunos, aunque sean pocos, tiene y merece la oportunidad de sobrevivir. Esa es la meta de un grupo de familias -en su mayoría madres- de las montañas lucenses de Os Ancares y O Courel que han decidido «darle la vuelta a la tortilla» y buscar alternativas que garanticen una educación de calidad para sus hijos frente al descenso imparable de alumnos y de profesorado, y los cierres de colegios. «Llevamos años sufriendo recortes de profesores, y ante las protestas de los padres la excusa siempre es la misma. Nos dicen que son pocos niños y, en el fondo, que sale caro. Pero los derechos no son caros ni baratos, son derechos», destacan los progenitores, que se han unido para reclamar a la Xunta un plan educativo específico para la montaña con el que empezar a combatir el «tsunami» de despoblación que sufre el rural gallego -tanto en el interior como en la costa-, y que azota con mayor virulencia a las zonas montañosas.

Esta demanda la respalda la Confederación de Anpas Galegas a través de la federación lucense (Fapacel). Para conseguir su objetivo han presentado a Educación un informe que refleja la realidad socioeconómica de municipios como Cervantes, Navia,  Pedrafita, O Courel, Triacastela, O Incio o As Nogais, en los que apenas cuatro de cada cien habitantes tienen menos de 15 años, el saldo vegetativo es negativo, con hasta 50 muertes más que nacimientos cada año, y la dureza de la orografía y del clima lo condiciona todo. La agricultura y la ganadería de subsistencia, «algo de hostelería» en puntos por los que discurre el Camino de Santiago y la cantera en O Courel constituyen el principal medio de vida en unas zonas donde la población está envejecida, el trabajo escasea, el transporte público ha desaparecido o está a punto por su baja rentabilidad, los centros de salud carecen de medios y la emigración parece la única salida.

«Temos estradas de montaña, con xeo, neve, desprendementos? Hai casos tan surrealistas como o dalgún alumno do CEIP Ricardo Gasset do Incio que tarda 45 minutos en chegar ao cole en transporte escolar vivindo a sete quilómetros do centro», exponen. Con ese panorama, las clases de apoyo o de idiomas, las actividades extraescolares o el conservatorio son sueños inalcanzables para la mayoría de los críos. «No rural os colexios non son só centros de formación académica. Son tamén centros de socialización para os nosos fillos, xa que na maioría das aldeas da montaña os nenos non sempre teñen con quen xogar», expone Isabel Calvete, madre de dos niñas del CPI San Román de Cervantes.