El turismo rural coge aire en Galicia mientras el resto del sector bate récords

El número de establecimientos sube un 9 % tras desplomarse el año pasado un 18 %


redacción / la voz

El 2016 está suponiendo un hito histórico para el turismo en Galicia. El Camino acaba de superar el récord de peregrinos que vinieron en el Xacobeo 2010 a la comunidad. Los extranjeros que visitan las ciudades gallegas se multiplican y la ocupación hotelera en los enclaves más solicitados rozó el 100 % durante el verano. Sin embargo, hay un terreno, tan en boga a finales de los años noventa y principios de los 2000, que no consigue adecuarse a este ritmo de crecimiento: el turismo rural. Tras un desplome brutal en el 2015, está cogiendo algo de aire en el 2016, pero ni siquiera ha logrado aún alcanzar los valores del 2014.

El pasado puente de Todos los Santos se constató un retroceso que lleva dos años lastrando a este sector. Mientras los hoteles se llenaban en la costa y los balnearios estaban prácticamente completos -aumentando en más del 20 % su ocupación con respecto a este período en el 2015-, los alojamientos rurales tenían una ocupación media por debajo del 30 %, «lo que sitúa a nuestro territorio en la cola de las opciones predilectas de los españoles para disfrutar del otoño en el turismo rural», afirman fuentes del Clúster de Turismo.

Hace no demasiados años, pasar un fin de semana o alguna festividad en una casa de piedra en un paraje exclusivo disfrutando de las bondades del paisaje agreste gallego era la opción favorita de muchos. Pero esto ha dejado de ser así. Según los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), desde el 2003 hasta el 2012 se produjo un crecimiento paulatino del número de casas rurales, pasando en nueve años de 442 alojamientos registrados a 600, cifra que se mantuvo los dos años siguientes. Pero en el 2015, el cierre de casas fue estrepitoso, y en 365 días dejaron de ofertarse a los turistas 105 inmuebles en la comunidad. Esta pérdida, del 18 %, ha sufrido una leve recuperación durante este año, aunque no consigue alcanzar los datos de los años de bonanza. ¿Está pasado de moda el turismo rural?

Según los expertos, la falta de adaptación a los modelos de ocio vigentes y la escasa presencia de estos hospedajes en redes sociales y plataformas online han propiciado que muchas casas se queden «obsoletas» y, con esto, que los huéspedes potenciales se decanten por volver a los hoteles, que a su vez, «con la crisis bajaron muchísimo los precios, así que nos resulta muy complicado competir». Cesáreo González, presidente de la Federación Galega de Turismo Rural (Fegatur), explica que «durante los últimos años muchos propietarios de alojamientos rurales no ofrecían actividades de ocio o gastronómicas, vamos, que no se actualizaban; y hay que tener en cuenta que mientras en un período de tiempo una casa ya era de por sí el destino de un viaje, ahora hay que ofrecer complementos».

La pescadilla que se muerde la cola. Mientras algunos propietarios no se adecúan a la demanda actual por su avanzada edad o falta de herramientas, otros muchos no añaden experiencias al valor del turismo rural porque «con sus casas no obtienen ninguna rentabilidad: muchos dueños están perdiendo dinero». De hecho, en el registro de estos inmuebles, según explica González, «muchas casas aparecen porque los propietarios tienen la obligación de mantenerlas abiertas por tema de subvenciones, pero no ofertan plazas». Y es que en algunas épocas del año, hay casas rurales que no llegan al 5 % de su ocupación.

Ventura García, presidente de la Asociación de Propietarios de Alojamientos de Turismo Rural (Agarimo), reconoce que «el sector ha pasado tres años estancado», entre otras cosas, «porque todavía no se ha dado ese cambio generacional tan necesario», y porque el bum que vivió este tipo de turismo hace veinte años en la comunidad ha hecho que los propietarios gallegos estén «acostumbrados a que les compren, no a vender. Es decir, ahora una familia llega a una casa rural y ya no te dan los buenos días, te preguntan si hay wifi». 

La economía colaborativa

Además de la falta de especialización, hay otro eje que los expertos coinciden en destacar: el intrusismo. El auge de las conocidas como «viviendas turísticas», explotadas en páginas web como

Airbnb

, están dañando aún más una oferta que en dos años ha perdido una vivienda con certificado por cada diez que tiene en Galicia.

«A mí la economía colaborativa me parece perfecta, pero juguemos todos en la misma liga. Nosotros tenemos que asumir una serie de gastos -autónomos, seguros, planes de responsabilidad civil...- que al que pone una casa de piedra en alquiler en una plataforma de Internet le dan igual», se lamenta González; y añade García: «Es que muchos se han sumado a este carro sin tener ninguna experiencia, y la gente se lleva una imagen errónea del turismo rural».

«En invierno solo podemos abrir los fines de semana»

Hace quince años, Puri Piñeiro y su marido se embarcaron en este proyecto al ver que la casa heredada que tenían podía convertirse en un alojamiento de turismo rural. «Los primeros años en julio y agosto estábamos sobrepasados, ahora aunque agosto va muy bien, el resto de meses no es lo que era». Casa do Ferreiro sigue abriendo, como antes, todo el año, «aunque en invierno solo los fines de semana». Dice que la crisis les ha pasado factura porque la gente «dejó de viajar en un momento en el que la competencia se hizo muy dura».

«Nos cuesta llenar en los meses de julio y septiembre»

«Abrimos en el 97. Los primeros seis años nos iba genial, y de repente, la demanda cayó en picado». Además, Conchi Hermida, que es copropietaria junto a su marido de este alojamiento situado en Arbo (Pontevedra), comenta que «si hace unos años en verano estábamos saturados, ahora julio y septiembre nos cuesta llenar la casa». Entre otros factores, Hermida culpa a Internet de esta mala racha: «Con las reservas online parece que todas las casas son iguales, antes el trato con los clientes era más directo y se les podía informar mejor».

La comunidad tiene la estancia media más baja de España

Según el INE, Galicia tiene la estancia media más baja de España, con 1,84 días. El descenso que se ha producido en las pernoctaciones en los últimos años se da, según Cesáreo González, presidente de Fegatur, porque «los que más vienen a disfrutar del ámbito rural son los turistas de proximidad, que en muchos casos consideran suficiente el pasar una noche en este tipo de alojamientos».

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