La voz y la memoria de la generación «Prestige»

Los que nacieron durante el naufragio del buque aplauden la lucha de sus mayores contra el chapapote y piden que se cuide el mar

Hablan los jóvenes  que nacieron en el año del Prestige Los niños nacidos en el 2002 cuentan a la Voz como recuerdan sus padres aquellos amargos momentos

redacción / la voz

El día que Elías se bautizó su pueblo olía a chapapote. El vómito negro del Prestige había comenzado a manchar la costa de Muxía. Unos días antes, el 13 de noviembre del 2002, la familia de Samuel apenas prestó atención al temporal que derrotó al petrolero. La llegada al mundo del pequeño reclamaba toda su atención. Samuel cumple hoy 14 años y, con aquella generación que vino al mundo con el Prestige, estudia ya tercero de ESO, en su caso en el instituto Ramón Caamaño de Muxía. Tanto los chicos de su clase como los compañeros del IES de A Illa de Arousa nacidos en ese año 2002 saben del Prestige lo que sus mayores les contaron. Pero saben mucho.

En Muxía se encontraron de bruces con el petrolero la mañana posterior al 13N. «Desde a miña casa víase o barco», cuenta Sheila. «Non estaba preparado para levar tanto petróleo», dice Abel. Y Elías apostilla: «Foron uns irresponsables». A las pocas horas, desde el santuario de A Barca veían cómo el Prestige comenzaba a alejarse de la costa. Iniciaba un rumbo incierto que acabaría llevándolo al fondo del mar el día 19, pero para entonces ya había condenado a Galicia a una catástrofe ecológica sin precedentes.

Mientras, en la ría más rica del mundo, la de Arousa, seguían con atención la evolución de la marea negra. Los vecinos de A Illa temían que el chapapote dañase su principal medio de vida y estaban dispuestos a defenderlo con uñas y dientes. Tuvieron que hacerlo recién iniciado diciembre. «Os mariñeiros foron ao mar para que non chegara á ría. Pero non só foron os mariñeiros, axudou moita xente. Foron barcos, planadoras. Os carpinteiros facían trueiros para que puideran recoller. Os supermercados facían bocadillos. Todo o mundo axudou». Decenas de barcos libraban la batalla en primera línea, recogiendo el fuel hasta con las manos, mientras en la retaguardia del muelle isleño cientos de personas ayudaban en lo que podían. «Xente ao mellor que non se levaba ben e acabaron traballando xuntos». Un ejército de voluntades del que la nueva generación de isleños se siente muy orgullosa. ¿Harían ellos lo mismo? La respuesta es unánime y rotunda: «Sí».

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El bravo mar de Muxía obligó a sus gentes a combatir al enemigo en tierra. Al mismo tiempo que los arousanos se lanzaban al mar, los vecinos de la Costa da Morte se echaban a las playas y a las rocas para liberarlos de la costra negra. Llegaron los uniformes blancos y miles de voluntarios de todos los rincones del mundo quisieron ayudar. «Durmían no polideportivo e moita xente de Muxía axudaba a facer comida para eles. Outros quedaban en casas particulares. Os voluntarios estaban tamén arriscando as súas vidas». Miles de manos libraron la costa de Muxía del chapapote del Prestige, pero aun así «cando baixas á praia aínda podes atopar cachos de petróleo. No Coído, a praia que está aquí ao lado, hai veces que estás manchado de chapapote».

«Os mariñeiros, os barcos todos durante unha boa temporada non puideron saír ao mar. Houbo un baixón económico», cuentan los chicos de Muxía. En Arousa, el trabajo de los marineros y un oportuno cambio en la dirección del viento evitaron la tragedia: «Foi moi duro para a xente que o viviu, porque pensaban que ían quedar sen traballo. Se chegara a pasar a Arousa cambiaría moito. Moita xente marcharía para outro lugar a buscar traballo. Non só sería a ruína para os que traballan no mar, tamén para os das tendas», dice Mónica.

Ninguna ayuda económica posterior, concuerdan tanto en Muxía como en A Illa, compensa el daño que hizo el Prestige. Aunque sí reconocen que se les conoce más a raíz de aquella tragedia. «A Muxía veu xente famosa, por exemplo Pau Gasol, que veu á miña casa e colleume no colo». «E a min a raíña», «e a min o rei». Ese fin de año «xuntaron doce barcos e con cada badalada acendía a luz dun barco. Foi moi bonito». Un canal de televisión retransmitió esas campanadas desde Muxía. «O turismo despois aumentou bastante».

La generación del Prestige pide concienciación para que no vuelva a pasar. «Hai que recordarlles aos que levan os barcos que teñen que cumprir as normas de seguridade, que hai vidas por diante. E nós non podemos botar cousas ao mar. Nin ao mar nin á terra». En dos localidades tan volcadas hacia el mar como Muxía y A Illa, ninguno de estos chicos de tercero de ESO quiere ser marinero. Fisioterapeutas, periodistas, economistas o profesores son algunas de las profesiones con las que sueñan. Los alumnos de la Costa da Morte están divididos: algunos quieren ejercer en Muxía, otros prefieren irse. Los de A Illa lo tienen claro: todos quieren quedarse.

Esta información ha sido elaborada con los testimonios de Sheila R., Abel, Elías, Sheila B., Samuel, Valeria, Ainhoa, Soledad, Mireya, Daniel, Lucía, Antía, Anxo, Laura, María, Manuel, Alejandro, Adriana, José Manuel y Paula, en Muxía; e Isabel, Julia, María, Gemma, Mónica, Tonio, Alba G., Melina y Alba M., en A Illa.

 

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