Villares emula a Pablo Iglesias y amenaza con hacer oposición «na rúa»

El portavoz de En Marea, que se presentó como se presentó heredero del mensaje de As Irmandades da Fala, sitúa como ejemplo a los gobiernos «do cambio»


Santiago / La Voz

El espíritu del 15M que Pablo Iglesias quiso despertar en el Congreso con motivo de la investidura de Rajoy viajó ayer a Galicia para hacerse oír en boca de Luís Villares. El portavoz de En Marea se presentó como heredero de quienes recogieron el chapapote en las playas gallegas, de quienes protestaron en el 15M y de quienes después se organizaron políticamente a través de Alternativa Galega de Esquerda (AGE), primero, y luego de las mareas municipales que confluyeron, junto con otras fuerzas, en En Marea. Y en esa misma línea enfilará su labor en la oposición, porque Villares dejó claro en su primer discurso en el Pazo do Hórreo que seguirá haciendo oposición en la Cámara, pero también «na rúa». Todo ello con la intención de construir «un país máis xusto onde a xente teña máis doado ser feliz». Algo que sus diputados perseguirán desde el Parlamento. Pero, si no pueden hacerlo allí, «farémolo fóra», dijo. «Alí é onde vive a nosa xente», alegó. Y por eso abundó en referencias a la situación de los trabajadores de empresas en crisis, a los parados, a los que tuvieron que emigrar y, en general, a los desfavorecidos y a los indignados. «É normal que estean preocupados», les advirtió a los diputados del PP, lo que provocó algunas risas en los asientos del grupo mayoritario popular.

Partiendo de que la crisis fue, a su entender, una «escusa» para un cambio de modelo económico, político y social, Villares defendió los gobiernos de las mareas en las ciudades gallegas como una reacción a esa tendencia, «candidaturas da dignidade para recuperar os concellos para a xente do común». «Por iso estamos aquí». La referencia no le pasó en absoluto desapercibida a Núñez Feijoo en su réplica. El candidato a la presidencia de la Xunta hurgó en la herida de las divisiones internas de dichos consistorios y de sus tirantes relaciones con el PSOE, y le echó en cara a Villares que solo viese «pecados» en los que gobiernan «cando vostedes gobernan en moitos sitios».

Villares se estrenó leyendo los papeles acelerado y nervioso, aunque poco a poco fue ganando en seguridad y ya por la tarde, en la contrarréplica, mucho más suelto y sin recurrir a las anotaciones. Estuvo arropado por los suyos; Carmen Santos le apretó la mano antes de que saliese al estrado y Xosé Manuel Beiras lo escuchó de nuevo desde la tribuna de invitados. Cuando finalizó, el veterano líder nacionalista sentenció: «Estivo ben». Con todo, el tono de Villares no tuvo nada que ver con los discursos broncos del pasado de Beiras, y eso Núñez Feijoo se lo agradeció. El debutante necesitará de los cien días de rigor para elaborar un discurso que aspira a ser heredero del de As Irmandades da Fala. Para él, «a primeira marea galeguista».

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